Dicen que cuando cerramos un año tenemos que hacer balance de las cosas que hemos hecho. Y también que cuando comenzamos un año nuevo hay que hacer buenos propósitos. Pienso que escribir las cosas que me parece que hay que mejorar este 2015 es una buena manera de estrenar el año en esta columna semanal. No son mis propósitos personales, que con su permiso me los guardo para mí. Son propósitos colectivos para una sociedad que quiere dar pasos de gigante para asegurar un futuro mejor sus hijos.
Primero. Aquella famosa frase de Pitágoras decía así: ‘Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres’. Me parece que es una buena manera de decir que la educación es la base imprescindible para construir una sociedad sana y eficiente. Entre otras cosas, construir un buen modelo educativo pasa por volver a los maestros y profesores el prestigio y reconocimiento que se merecen. También ocurre que los maestros abandonen algunas actitudes demasiado gremiales y acepten que su aprendizaje también debe ser constante a lo largo de la carrera profesional. La escuela, el instituto y la universidad deben ser instituciones centrales de la vida de los pueblos y la ciudad. No son aparcamientos donde se puede dejar a los niños unas horas al día.
Segundo. Hace unos años era incuestionable que la lengua había tenido un papel fundamental en el mantenimiento de la identidad catalana. La lengua como columna vertebral de la nación que va de Salses a Guardamar y de Fraga a Maó. En el Principado, con el avance del proceso soberanista, algunos han querido ocultar esta realidad para supuestamente facilitar la llegada de hablantes de otras lenguas a la independencia. No es mi voluntad valorar ahora esta actitud paternalista, sino recordar que el catalán ha hecho y seguirá haciendo una función de cohesión social incalculable. Para no perder esta herramienta, hay que revalorizarla y dotarla del prestigio social que algunos han querido devaluar. Una de las formas más acertadas de dotarla de prestigio es que los profesionales que la utilizan en el ámbito de la comunicación hagan un uso adecuado.
Tercero. Me parece que sería bueno recuperar una concepción republicana de la vida colectiva. Querría esa manera de entender lo público como una responsabilidad de cada uno de los individuos. Un país mejor no se construye sólo a golpe de reivindicación de derechos. Es fundamental que los ciudadanos, en su vida cotidiana, se hagan responsables de lo que hacen y ven hacer en la calle. Hay que llegar a la convicción individual de que cuidar nuestro entorno, nuestras calles, nuestros trenes y autobuses, los bancos, las paredes y las plazas es una manera de cuidar la propia casa.
Cuarto. La autoestima, en la medida adecuada, es imprescindible para vivir en paz con uno mismo. Esto vale para las personas, pero también para las naciones. En una sociedad, amarse es conocer la historia, los referentes intelectuales, políticos, profesionales y culturales, respetar las instituciones representativas y conocer la propia realidad y valorar su pluralidad y riqueza. En nuestro país, por razones históricas de ausencia de poder, no se ha podido promover una autoestima razonable. Hay que aprovechar el despertar de conciencia nacional que vivimos para recuperar historia, referentes, y hacer más presente la realidad de la nación con toda su complejidad y dimensión, de punta a punta de los Países Catalanes. De ninguna manera, los avances en la recuperación de la soberanía pueden comportar una renuncia de la integridad nacional.
Son cuatro propósitos. Puede haber centenares. Pero todo tiene su límite. Espero que la tradición de hacerse propósitos al comenzar el año no impida hacer otros nuevos sobre la marcha. De momento, priorizo poner la educación en el centro de la sociedad, recuperar la lengua con rigor y firmeza, dotarse de un sentido de responsabilidad individual de las cosas comunes, y recuperar el hilo de la historia, conocer la nación y sus referentes. ¡Feliz año nuevo a todos!
VILAWEB








