Bon dia pel matí. Todo apunta a que Caixabank absorberá Banca Cívica. Huelga decir que la economía no es mi fuerte. Pero he leído que si la operación llega a buen puerto, Banca Cívica supondrá el 8% del nuevo grupo. Y también que Caja Navarra posee el 29% de las acciones de Banca Cívica. De lo cual me atrevo a deducir -regla de tres mediante- que la entidad navarra controlará el 3,2% de ese nuevo grupo. De los creadores de “Navarra será lo que quieran los navarros”, llega ahora “Caja Navarra será lo que quieran los catalanes”. La película es de miedo, sobre todo para los trabajadores de la Can, sobre quienes se cierne un incierto futuro.
Mientras tanto, los mandatarios regionalistas y sus adláteres al frente de Caja Navarra ponen cara de póker, como si no pasara nada, emulando al difunto Eugenio. Solo falta que comparezcan ante los medios al estilo del hierático comediante catalán, sentados en un taburete, vestidos de negro, con un Kas de naranja en una mano y un cigarrillo en la otra, para explicar lo sucedido tal que así: “¿Saben aquel que diu que en 2007 la entidad pública Caja Navarra estaba valorada en unos 1.600 millones de euros, y en 2012 es privada, está valorada en unos 300 millones, y a los navarros no les han dado por ella ni media butifarra?
El chiste no tiene maldita la gracia. Entre otras cosas porque el final se veía venir desde hace tiempo. No hacía falta tener un máster en Finanzas por la Universidad de Yale para percatarse de que la excéntrica y heterogénea fusión con Caja Canarias, Caja Burgos y Cajasol olía mal. Llegados a este punto, cabe preguntarse por qué los mandatarios regionalistas no optaron por una fusión socioeconómicamente mucho más natural y financieramente mucho más saneada con las cajas vascas. La respuesta es palmaria: porque actuaron cegados por sus obsesiones identitarias. Porque pusieron esas particulares obsesiones identitarias por delante del interés general de la ciudadanía navarra. Pues nada, oye, salut i força al canut.
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