En una visita a la sede del Parlamento Europeo en Bruselas, hace ya muchos años, yo recorría, acompañado por el señor Carles Gasòliba, los pasillos donde están los despachos de los eurodiputados, y cuando pasábamos por la puerta con el nombre de Umberto Bossi, Gasòliba me dijo que por ahí no lo habían visto nunca, ni una sola vez: cobraba el sueldo generoso, y los generosos complementos, pero nunca le habían visto la cara. Poco antes, la Liga (no recuerdo si aún como Liga Lombarda o ya como Liga Norte) había obtenido los primeros éxitos electorales importantes, Bossi había sido elegido senador, y con este nombre, “il Senatùr”, fue conocido a partir de entonces. Eran los tiempos de las primeras grandes agitaciones de la Liga, de la entrada en consejos municipales y provinciales de las regiones del norte de Italia (a menudo en alianzas con la izquierda, que rápidamente desaparecerían), los primeros encuentros masivos de los “camisas verdes”, y de las bajadas anuales por el río Po, en alguna de las cuales (ya la estaba la ideología bossiana), más de un dirigente político de nuestro país (de un histórico partido de izquierda) se apuntó con un entusiasmo proporcional a su ignorancia. Hasta el punto de que intentaron importar directamente conceptos de un supuesto “nacionalismo económico”, o patriotismo tributario, que la Liga de Bossi había elaborado en un contexto histórico, político y cultural muy diferente del catalán. Porque el invento genial de Umberto Bossi (con el apoyo ideológico del profesor Gianfranco Miglio, “il Profesùr”, insigne jurista profundamente reaccionario, inspirado a su vez por Carl Schmitt, el gran sociólogo del derecho, y reconocido filonazi), fue dar nombre y programa político, mitos y espacio geográfico, a una realidad nacional inexistente: la Padania, es decir el país del Po. A diferencia de las históricas naciones sin Estado europeas (desde Lituania hasta Cataluña, o desde Escocia hasta Croacia), la Padania inventada no poseía ninguno de los rasgos habituales que solemos asociar a un espacio nacional: un territorio histórico, una historia política común, una lengua, una cultura, un nombre. Los límites de la Padania son tan inciertos, irreales o arbitrarios como su nombre: tan inciertos, que ha sido necesario superponer el nombre abstracto de “Norte” para poder incluir eventualmente regiones como la Liguria, o incluso la Toscana, que no son en absoluto “padanas”. Lo más curioso aún, este “Norte” oprimido y explotado por “Roma ladra” (“Roma ladrona”), es justamente lo que construyó políticamente, empezando desde el Piamonte, la misma Italia unida contra la que Bossi y la Lega predican con furia incontrolada, hasta el insulto, hasta la xenofobia más grosera, hasta las reiteradas afirmaciones del Senatùr sobre su deseo de limpiarse el culo con la bandera tricolor de la República.
Todo el secreto, sin embargo, o gran parte del secreto, del atractivo popular y de los sucesivos éxitos electorales, se encuentra en la desintegración, por corrupción profunda tanto de los democristianos como de los socialistas, de la política italiana de los años ochenta. El mismo fondo, turbio y podrido, de donde nació el éxito y el atractivo de Berlusconi. Así, con el paso de los años, y con proclamas y eslóganes a menudo con fundamento y siempre con demagogia desatada, el partido de Umberto Bossi se convirtió en una fuerza inmensamente popular en su territorio. Tan popular, que casi borró del mapa los partidos clásicos de izquierda y (como en Francia el Frente Nacional de la familia Le Pen) llegó a ser el primer partido de los pequeños empresarios, los comerciantes y los obreros industriales. Umberto Bossi, el fundador, el líder carismático (que comenzó su carrera política en la extrema izquierda, en el Partito di Unità Proletaria), aparecía como el enemigo radical del viejo sistema, el azote de la corrupción, el acusador implacable del latrocinio de “Roma” y de los políticos italianos. Hasta que, tal como ustedes habrán leído en los periódicos, el padre incorruptible de la patria padana, o lombarda, o nordista, ha tenido que dimitir como líder de la Liga, justamente por un escándalo monumental de corrupción y de aprovechamiento familiar de subvenciones y de dinero público. A cargo de los cuales se reformaban casas, se pagaban gastos familiares, estudios de los hijos, coches de lujo, viajes, y otros pequeños detalles por valor de muchos cientos de miles de euros. ‘Sic transit gloria mundi’, y posiblemente ‘sic transit’ también la fantasía de una Padania irreal, una nación inexistente, una patria definida por un río, una ideología errática hasta la xenofobia y el racismo. Ideología expresada con el gesto emblemático del líder supremo, el dedo medio de la mano derecha elevado con el clásico movimiento obsceno, y la afirmación de que “los de la Liga la tienen más dura”. La ‘morale de cette histoire’, a gusto del lector inteligente.







