Atentos a la escuela

Después de muchos años de observar con atención, tengo la certeza de que la mayoría de catalanes seguimos desconociendo las virtudes de nuestro sistema escolar. Y no porque nos sea distante, sino porque lo tenemos demasiado cerca de la nariz. No ayudan las polémicas estériles con objetivos políticos, como la última, en la que los jueces hacen de pedagogos e imponen cuotas lingüísticas sin pies ni cabeza.

Volví a tener la evidencia de ello cuando el pasado mes de enero formé parte del jurado del premio de educación Ciudad de Barcelona. Todos los proyectos estudiados eran excepcionales, tanto las iniciativas innovadoras como las experiencias de trabajo inteligente y tenaz para hacer frente a todo tipo de desafíos. Y eso, en tiempos de supuesto enfado y de obvias dificultades. Y, recientemente, el diálogo franco con los responsables del Equipo de Asesoramiento Psicopedagógico y de los Servicios Educativos de la Noguera durante la jornada de conmemoración de sus 25 y 10 años, respectivamente, me volvió a poner delante de los ojos esta realidad tan discreta como persistente del buen trabajo que hacen nuestros profesionales de la educación, no siempre con todo el apoyo que merecerían de las administraciones y del entorno social en el que trabajan.

La pregunta que hay que hacerse, pues, es por qué no se dan a conocer tantos y tan buenos proyectos de éxito para ponerlos al servicio del incontestable asedio de autoestima que pasa el sector educativo. Debe de pesar una bienintencionada discreción profesional muy habitual entre los maestros. Pero sorprende que los medios de comunicación, particularmente los públicos, no sean capaces de encontrar la manera de hacer conocer -ahora que están tan de moda- lo que también son verdaderas experiencias, a menudo heroicas, de superación individual y colectiva.

Hace unas semanas he vuelto a corroborar este grado de desconocimiento cuando el departamento de Enseñanza ha hecho públicos los datos de evaluación de las competencias básicas de cuarto de ESO. Ciertamente, los objetivos educativos de la escuela van mucho más allá de la consecución de unas competencias básicas. Pero es claro que sin un buen nivel en estas competencias, todo lo demás se convierte en un puñado de buenas intenciones, de esas de las que está empedrado el infierno. Y, sin embargo, la lectura que se hace de las evaluaciones desde los medios de comunicación a menudo es contraria al espíritu que las inspira. Porque el departamento no evalúa para competir, sino para saber cómo mejorar. Y, por tanto, lo relevante no es si se sube o se baja medio punto -que es lo que acaba llamando la atención-, sino conocer la letra pequeña de este seguimiento.

En el caso de esta evaluación, por ejemplo, me ha parecido interesante saber que, en todos los terrenos, han subido las puntuaciones medias respecto a hace cuatro años, a pesar de los trastornos a los que se ha tenido que hacer frente. Y es bueno saber que la lengua catalana y la castellana no una en detrimento de la otra, sino que quien sabe más de una lengua, también sabe más de la otra. También es útil descubrir que el obstáculo principal en matemáticas es la geometría. O habría que investigar porqué, aunque el inglés mejora el último año, también es donde las diferencias entre chicas y chicos, entre centros públicos y concertados o entre los entornos de complejidad alta y baja, determinan más los buenos y malos resultados. En cambio, tranquiliza ver que hay un gran equilibrio en los resultados desde el punto de vista territorial.

En junio de 2012 la consejera Irene Rigau presentaba en el Parlamento de Cataluña un plan para el periodo 2012-2018, publicado con el título ‘Ofensiva de país en favor del éxito escolar’, que está dando buenos resultados. Qué bueno sería que todo el país conociera esta ofensiva y que todo el mundo estuviera atento a la escuela y la empujara adelante!

ARA