El presidente de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas, ha concedido este mediodía una entrevista a Vilaweb. Pocos minutos antes de comenzar la conversación, el gobierno español había anunciado que impugnaría ante el Tribunal Constitucional el proceso participativo del 9 de noviembre. El presidente ha dicho que haría todo lo que estuviera a su alcance para que el 9-N se hiciera tal como se había previsto. Ha asegurado que estaba todo preparado para votar sobre el futuro político de Cataluña. El gobierno ha tenido quince días para dejar listo el dispositivo del 9-N y ahora tan sólo hace falta que se autoejecute. Mas dice que no se puede entender qué pretende suspender el gobierno español, y considera que ha traspasado la línea del ridículo: ‘Deben tener mucho miedo’, añade. También avisa de que el próximo paso -la convocatoria de elecciones- dependerá de cómo salga el 9-N y de la disposición de los partidos a convertirlas en un plebiscito.
En el salón Virgen de Montserrat del Palau de la Generalitat, el presidente Artur Mas se ha mostrado tranquilo y seguro de los pasos que habría que dar en adelante. Ha denunciado que en el Estado español hay un abuso de poder: ‘No es sólo que hagan el ridículo. Hay un abuso de poder. Utilizan el Tribunal Constitucional de manera impropia’. Además, en la entrevista ha vinculado de una manera más explícita que nunca su futuro político al 9-N. Y ha enviado un mensaje a todos los que luchan desde algún punto de los Países Catalanes: ‘Cuando crees en algo, crees mucho, estás dispuesto a luchar y tienes un proyecto, no sólo puedes sobrevivir, sino que puedes avanzar. El caso de Cataluña es un ejemplo’.
– ¿Qué piensa de la decisión del gobierno español de presentar un recurso al Constitucional contra el proceso participativo?
– Forma parte del guión que habían dibujado estos últimos días. Fíjese en un detalle: el 14 de octubre anuncié este nuevo procedimiento para poder participar en el 9-N. Hace más de quince días, y ahora basan el recurso en aquella conferencia de prensa. La pregunta es: si tan evidente era que se podía presentar un recurso, ¿por qué han tardado más de quince días? Yo llego a la conclusión de que ahora quieren perjudicar y asustar a los ciudadanos porque saben que difícilmente lo podrán detener en serio. Supongo que quieren dar una imagen internacional nuestra de descrédito y desprestigio. Forzando de una manera insólita la situación. De hecho, es una demostración de que tienen muchas ganas de tocar las narices. Y lo hacen. Y demuestran una gran intolerancia hacia la democracia de una cierta calidad. Esta es la verdad. Hay gente que es intolerante a algunos alimentos… Pues tenemos un Estado y un gobierno español que demuestran una fuerte intolerancia a la democracia de calidad.
– Los ciudadanos se preguntan si el 9-N podrán votar pase lo que pase la próxima semana en el TC. ¿Hay alguna hipótesis que pueda impedir la votación?
– En lo que dependa de nosotros, no. Todo el operativo está perfectamente montado y diseñado. Tenga en cuenta que desde hace un par de días, con la dirección del DNI, todo el mundo puede saber dónde tiene que ir a votar: en qué local y en qué mesa. Tenemos más de cuarenta mil voluntarios apuntados. Todo el dispositivo se ha activado, cientos y cientos de locales por toda Cataluña, colaboración de prácticamente todos los ayuntamientos del país… Por lo tanto, todo son cifras muy reconfortantes desde el punto de vista de la movilización y la preparación logística. El gobierno ha hecho estos últimos quince días o tres semanas un gran trabajo para que todo esto fuera posible. Todo está perfectamente diseñado. Y ahora hay que hacerlo. No sabemos exactamente qué nos encontraremos la próxima semana. La realidad es esta. No sabemos hasta dónde piensan llegar esta gente del gobierno español. Pero nuestra preparación está y la movilización, también. El día 9 de noviembre no nos jugamos un resultado. Sobre todo, nos jugamos una lección democrática. Yo lo veo así. Los catalanes tenemos la posibilidad de dar una lección democrática en mayúsculas al gobierno español, a Europa y al mundo. Y una lección democrática, ¿qué quiere decir? Participación y civismo. Si conseguimos participación y civismo -cosa que ya no depende del gobierno, sino de la gente- la lección democrática será extraordinaria. Y esta oportunidad no la podemos dejar escapar de ninguna manera.
– Entendemos que no prevé ninguna situación que pueda detener la votación del 9 de noviembre…
– Vuelvo a decir que no sabemos qué nos encontraremos. No sabemos hasta dónde son capaces de llegar. Quieren suspender algo que ya no hacemos. El decreto que firmé de manera solemne en esta misma sala de la Virgen de Montserrat del Palau de la Generalitat ya dije que no se podía ejecutar. De ahí vino una parte de la polémica entre partidos en Cataluña. Nosotros cumplimos. Hubo un recurso, se suspendió ese decreto -que era muy garantista-, no se podía aplicar tal como se había diseñado para que nos habría llevado a no hacer nada que no fuera simplemente un acto de protesta el 9-N. Yo veía muy claro que había que votar de una manera que fuera creíble y correcta el 9 de noviembre. Ahora estamos en este punto. Si continúan intentando suspender algo que ya no hacemos, no sabemos exactamente qué suspenden. No hay funcionarios; hay voluntarios. Los locales públicos supongo que se deben poder abrir, ¿verdad? Los voluntarios (¿funcionarios?. Nota del traductor) tienen todo el derecho del mundo de hacer de voluntarios.Un día será por una causa social y otro día por una causa ciudadana o por una causa política, como en este caso.
– ¿Y la pregunta?
– La pregunta es la que es. Pero no es una pregunta que el gobierno obligue a responder a los ciudadanos. El gobierno no obliga a nadie a hacer nada. No obliga a contestar, ni a hacerse voluntario, ni a los ayuntamientos a colaborar… Todo se ha hecho con juego limpio. Hay mucha gente en Cataluña, y muchas asociaciones, instituciones y tejido asociativo que se han movilizado y tienen muchas ganas de participar para decidir el futuro político de Cataluña. Sabemos que el día 9 de noviembre, aunque fuese muy muy bien, todavía no podemos decir que sea una consulta definitiva. Es evidente. Ni lo pretendemos. Pero en el proceso de transición nacional, el 9-N es un día muy especial, escrito con letras mayúsculas. Tenemos que saber aprovecharlo. Aunque el gobierno español haga de las suyas, el proceso se ha activado y acabará bien el 9 de noviembre, con una alta participación y un gran sentido de civismo. Si llegan más lejos de lo que es estrictamente previsible, tendremos que encarar la circunstancia del momento. Espero que aún les queden dos dedos de frente y no lleven las cosas a un punto de no retorno.
– ¿Considera la posibilidad de poner el tramo final del proceso participativo en manos de los partidos y la sociedad civil?
– Esta opción no se ha previsto. El diseño del 9-N está todo previsto tal como lo conocéis y como se ha ido haciendo público estos últimos días. Todo está a punto. Toda la logística, la organización, los voluntarios… ¿Puede haber alguna diferencia de formato? En lo que depende de nosotros, no. He tratado de hacer entender que no siempre todo depende de nosotros. Yo haré todo lo que esté en mis manos para que se ejecute tal y como lo tenemos previsto en este momento.
– Si los mozos de escuadra reciben órdenes de los tribunales para retirar las urnas, ¿qué hará como máximo responsable político de la policía catalana?
– Es que yo no intervengo, en un caso así. Tampoco el consejero. Piense que los jueces se dirigen directamente al cuerpo de policía. Las instrucciones no pasan por los estamentos políticos. La relación entre jueces y policía -no sólo de los Mossos d’Esquadra- es directa. No es una comunicación de un juez al presidente de la Generalitat o al consejero de Interior pidiendo que se ejecute una resolución determinada. Dan una instrucción directa desde el juzgado a la policía. Espero que esto no llegue a pasar. En este momento el gobierno español traspasa la línea del ridículo. El presidente Tarradellas decía que en política se puede hacer todo menos el ridículo. El gobierno español ya ha traspasado la línea del ridículo. Intentar suspender algo que no se ha hecho o un proceso participativo que ha cogido el carácter que ha tomado y que está organizado a través de voluntariado, eso traspasa la línea del ridículo. Y espero que en esta línea del ridículo todavía no vayan más allá. Sería de agradecer que no fueran. Deben tener mucho miedo. O muchas ganas de perjudicarlo todo. Yo recuerdo que primero se rieron. Recuerdo las primeras reacciones a la conferencia de prensa del 14 de octubre cuando algunos partidos políticos nos dejaron casi solo ante la situación. Las primeras palabras del gobierno español fueron ‘eso ya se ha acabado’, ‘en Cataluña no hay referéndum’, ‘no habrá consulta’, ‘ya se han dividido’, ‘ya se han peleado entre todos’… Lo dieron por terminado una vez más. De esto hace tan sólo quince días. Y lo que no era nada, ¿ahora resulta que es lo suficientemente importante como para presentar un nuevo recurso al Tribunal Constitucional? Hay un abuso de poder del gobierno español. Tenemos que hablar en estos términos. No es sólo que hagan el ridículo. Hay un abuso de poder. Utilizan el Tribunal Constitucional de manera impropia. El TC no ha sido diseñado para ello. Y el gobierno español, incapaz de encarar políticamente esta situación -que es de raíz básicamente política- utiliza el TC mal y excediendo sus posibilidades, para hacer el trabajo que no le toca. Por eso hablo de abuso de poder. Casi de abuso de derecho.
– Cuando el gobierno español utiliza el argumento de decir que no hay garantías democráticas…
– Pero si las garantías democráticas las han hundidas ellos. Bueno, no las han hundidas porque habrá. Pero las han perjudicadas todas. ¿Qué más quisiéramos, nosotros, que poder hacer la consulta? Y no la consulta, sino que nos hubiera gustado hacer un referéndum a la británica. Un referéndum vinculante, acordado con el gobierno español, con pregunta acordada, con consecuencias sobre la mesa, con procedimientos establecidos… Esto, nos hubiera gustado. Y de hecho lo intentó el Parlamento de Cataluña en abril de este año. Fuimos a Madrid a solicitar la transferencia de la competencia para poder hacer un referéndum. Dijimos: ‘Escuchen, sentémomos en la mesa. Y hablemos de la fecha y la pregunta, si es necesario’. Lo dijeron los diputados el mes de abril. ¿Y qué nos dijeron? Que no. PP, PSOE y algunos más dijeron que no. No hay ni la más mínima posibilidad de hablar de nada. Aquello era lo ideal. La segunda cosa era hacer la consulta. Hicimos la ley de consultas y el decreto. Y trataron de hundirlo en el Tribunal Constitucional. Ellos nos quitaron el modelo que era bueno. Y aquellos que te quitan el modelo bueno, ahora te acusan de hacer servir de uno malo. Es muy desesperante tener que tratar con instituciones y personas que hacen las cosas de esta manera.
– En vista de este abuso de poder y de la voluntad de convertir el 9-N en una lección democrática, ¿qué participación espera?
– El volumen no os lo puedo predeterminar. De esto hemos hablado con las formaciones políticas y dentro del gobierno, pero como presidente no tengo que fijar una cifra porque contravendría el propósito de que todo esto se haga con un acuerdo entre todos. Si cada uno dice su cifra, esto acabará siendo un rompecabezas imposible de conjuntar. Más que una cifra, nos interesa un concepto: una participación alta. Hemos tenido manifestaciones muy grandes. Y ahora nos toca tener una participación muy alta en un momento en que la gente podrá participar con urnas y papeletas. Ahora los contaremos uno por uno. No hay margen de error. Debemos poder decir que ha habido una participación alta aunque esta consulta no se pueda considerar la definitiva. Pero será justo antes de la definitiva. Algunos dicen que esto es como una semifinal; si no la pasas, no juegas la final. Y es verdad. Es como una maratón. Quienes en corren dicen que, de los 42 kilómetros que tiene, el 30 es crítico. Porque hay mucha gente que desfallece. Es cuando estás al límite de la resistencia normal. Si pasas ese punto, acabas la maratón. Si no lo pasas, no la acabas. Esto que hacemos se parece un poco. El 9-N tenemos que pasar bien para poder enfilar el final de la carrera.
– El 9-N marcará los pasos siguientes. ¿Dependen de la participación?
– Yo creo que sí. Si el 9 de noviembre se puede hacer con la normalidad que prevemos y sale bien, seguiremos adelante. Si no sale bien, será un gran tropiezo en el camino. Esto es evidente. Si la población de Cataluña que quiere participar y votar, que nos lo ha dicho en las urnas, en las encuestas y en la calle, si ese día que se puede hacer de manera ordenada y potente, no aprovecha la oportunidad, se pondrá en duda que lo queramos hacer. Lo pondrán en duda todos aquellos -que son muchos- que quieren que fracasamos. Son muchos y poderosos. Empezando por el gobierno español. Nosotros tenemos la oportunidad de que esto salga muy bien y se entienda que es el salto final hacia la conclusión de este proceso. Yo entiendo que la conclusión es poder votar en un referéndum definitivo, lo que no será nada fácil en España.
– Ha presentado las elecciones plebiscitarias como la fórmula de hacer esta consulta.
– Sí, claro. Porque no habrá ninguna más. Ahora no hay que hablar, antes del 9 de noviembre. Ya hablaremos a partir del 9-N. Porque si no fuera bien ya no podríamos hablar, de cómo termina el proceso. Si no va bien, probablemente entonces ya se habría acabado. Si queremos continuar subiendo la aguja, el 9-N tiene que salir bien y, a partir de ahí, acabar de diseñar cómo se acaba el proceso para hacer un referéndum o una consulta en condiciones homologables internacionalmente. Todos los intentos que hemos hecho hasta ahora entre las instituciones catalanas y del Estado español han fracasado porque hay alguien allí que no quiere ni sentarse a la mesa a hablar.
– Hace un tiempo le presentaban como prisionero del señor Junqueras. Ahora dicen que la ANC le marca el paso… ¿Qué piensa de la exigencia de Carme Forcadell, hace pocas semanas, de convocar elecciones antes de tres meses?
– No valoraré esta propuesta. Me parece que no me toca, como presidente del país, el entrar en estas valoraciones y trifulcas. Me toca dejar claro que soy plenamente consciente de qué decisiones me corresponden a mí. Y estas no me las dejo tomar por nadie. Creo que si se analiza mi trayectoria se puede llegar a esta conclusión. No quiere decir que no escuche a todo el mundo. Yo escucho a todo el mundo porque es como se aprende. Yo aprendo cada día escuchando a la gente. Hay que escuchar a todos. Pero es evidente que hay decisiones que sólo se pueden tomar a un nivel concreto. Soy plenamente consciente de cuáles son las mías. No me las he dejado tomar nunca. Y cada uno debe asumir la responsabilidad de sus decisiones. Y este también será el caso. Alguien me puede recomendar, sugerir, hacer reflexionar… Siempre escucharé. Pero la última decisión, la que me toca a mí, la tomaré yo.
– Las movilizaciones populares históricas de estos últimos años se han hecho con la convicción de que había llegado la hora de decidir. Si el 9-N no es la consulta definitiva, ¿podemos estar seguros de que las elecciones se harán pronto?
– Si somos capaces desde la política catalana de hacer esto de la manera que se debe hacer, sí. Porque será el último instrumento que nos quedará para que el pueblo de Cataluña decida su futuro político. Queríamos hacerlo con un referéndum. Pero eso pasaba por el Estado español, que no es ni el Reino Unido ni Canadá. Es otra historia. Quizás sí que tendremos que acabar utilizando el único instrumento que nos queda para hacer una consulta definitiva. Pero si queremos utilizar unas elecciones para hacer una consulta la política catalana deberá estar preparada. Porque esto no son unas elecciones más, sino unas elecciones completamente diferentes. Ahora, pienso que de todo esto vale más que hablemos a partir del 10 de noviembre para no despistarnos del 9-N, porque queremos pasar la semifinal y hacerlo bien.
– ¿La lista unitaria no es la salvación que busca por evitar una derrota electoral?
– Si se trata de saber si yo he de salvar un posible futuro político, sólo pido que se lea lo que dije hace dos años, cuando me presenté a las elecciones. Está escrito: que cuando terminara este proceso, yo no me volvería a presentar a unas elecciones como candidato a la presidencia de la Generalitat. Esto me lo había pensado mucho. Sé que vivo un momento excepcional que tiene un punto de salida y un punto de llegada, también en el terreno personal. No conozco a nadie que esto lo haya dicho como lo he hecho yo. Por tanto, yo también podría sospechar que otros piensan en su futuro político. Y no lo critico, porque es perfectamente legítimo. Pero yo lo tengo dicho y escrito. No hay nadie más que haya hecho esto. Y lo hice plenamente consciente. Terminado este proceso político no me volveré a presentar como candidato a la presidencia de la Generalitat. Difícilmente alguien que lo ha dicho y lo ha solemnizado puede pensar en su futuro político. Si pensara en mi futuro político, lo haría todo, excepto esto que hago. Disculpadme la expresión: haría la ‘puta y la Ramoneta’.
– ¿Pero sí se presenta a estas elecciones que vendrán?
– Yo he dicho que no lo haría cuando hubiera terminado el proceso político. Es evidente que el proceso no ha terminado. Ojalá que hubiera terminado. Y no lo digo pensando en mí, sino en el país. Pero sabemos que esto todavía tiene un recorrido, que esperamos que no sea muy largo. Cuando hablamos de terminar el proceso queremos decir haber podido hacer la consulta o el referéndum con todos los pormenores. Tras la consulta definitiva, viene un periodo de implementación del resultado. Y esto es el proceso entero. No estamos al borde de terminar todo esto. Y yo vinculé mi trayectoria a la conclusión del proceso político. Mi mayor compromiso es que todo esto se haga y se haga de la mejor manera posible.
– Estas últimas semanas, la actitud que han tomado los partidos y las entidades cívicas ¿le ha hecho dudar en algún momento? ¿Le ha hecho cambiar la idea que tenía de cómo debía ir el proceso de transición nacional?
– No. En este sentido, no. En algunas ocasiones, me hace dudar la traducción política de todos estos movimientos ciudadanos. Pero ahora tampoco entraré. Porque estamos en la situación de encarar el 9 de noviembre y se ha repuesto el consenso básico. Al consenso político, doy un gran valor. Creo que es uno de los déficits que hemos tenido en Cataluña en los momentos decisivos de nuestra historia. La incapacidad de este consenso político amplio, que no quiere decir unánime. Las unanimidades pueden dar un poco de miedo. Pero un consenso amplio es necesario para encarar desafíos de la magnitud de lo que encaramos en Cataluña en este momento. En Cataluña no vamos sobrados de capacidad de consenso político. No podemos hacer peligrar el consenso actual, aunque no sea tan sólido como el que teníamos hace semanas. Lo que me hace sufrir más es que en el mundo de los partidos políticos hay muchos intereses cruzados. Ves que entre los movimientos ciudadanos hay un objetivo común, independientemente de las ideologías, de la lengua, de la edad, de la familia, de la situación económica. Tengo la sensación de que hay una sociedad mayoritaria con un proyecto, un objetivo y que se ha puesto en marcha. En cambio, cuando esto se traduce en el mundo político, excepto en algunas ocasiones y también estos últimos tiempos, es cuando es más fácil de agrietarse. Porque es donde hay más intereses contrapuestos. Esto, se debe superar. Y no es fácil.
– ¿Pero le da miedo que el movimiento cívico y los intereses políticos puedan confluir en una dirección de poca generosidad? ¿O que los movimientos cívicos puedan ser utilizados por intereses partidistas?
– ¡Que no se dejen! Cuando alguien intenta utilizar a alguien, una cosa es el intento, pero la otra es que éste se deje utilizar. Yo creo que han demostrado suficiente carácter como para hacer evidente que no se pueden dejar utilizar de ninguna manera. Otra cosa es que ellos también tienen que escuchar a los que hacemos la política del día a día. Siempre he tratado de hacer entender que en el proceso en el que vivimos, la ‘división de poderes’ es importante. O digamos la división de trabajo: cada uno debe hacer su trabajo y no nos hemos de querer sustituir los unos a los otros. Ni los que hacemos política en las instituciones podemos suplantar la sociedad civil, ni el rol que tiene la sociedad civil, que es insustituible y decisivo, puede suplantar el poder público y las instituciones. Nosotros tenemos un papel determinado, que a veces es (más). (Nota del traductor) delicado, que lo que pueden hacer estas entidades. En nuestro caso no sólo hay que movilizarse y demostrar una gran capacidad de organización, sino que hemos de tomar decisiones que se confrontan con marcos legales y jurídicos, imposiciones duras, esquemas internacionales que tienen su propio funcionamiento… Nos hemos puesto en un proceso de una complejidad altísima. Yo no lo he negado nunca. Mal iríamos si banalizásemos esto. Aquellos que pretenden hacer entender que en Cataluña todo esto acabará rápido, sin ser conscientes de esta complejidad, no viven en el mundo real. Esto no funciona así. En el mundo hay un club, que es el de los estados. Mucha gente en Cataluña debe querer entrar en este club. Pero este club tiene unas reglas. Y si no las cumples, no te dejan entrar. Debemos mentalizarnos muy bien. A veces pensamos que sólo con pedirlo ya nos admitirán. Pero no funciona de esta manera. Y aunque todo este proceso sea tan complejo, yo defiendo que es el único posible para hacer una Cataluña realmente mejor. Todos los demás caminos, ya los hemos intentados. Y no está mal cómo lo hemos intentado. Nos hemos metido hasta el cuello. Pero ahora toca éste, que no lo hemos explorado nunca seriamente y que algún día hemos de explorar a fondo. Y aquí es donde estamos ahora.
– Hay mucha gente desde el País Valenciano, las Islas y Cataluña Norte, catalanistas del resto de los Países Catalanes, que viven con mucha emoción esto que pasa en el Principado. Pero también lo viven con cierto temor por las represalias en cuestiones lingüísticas, por ejemplo. ¿Es consciente del esfuerzo que hace esta gente por la lengua?
– Muy consciente. No sólo soy consciente, sino que pienso que eso que hacen tiene un gran valor. A diferencia de lo que pasa en Cataluña, ellos son minoría en sus territorios. Y no es igual ser minoría que ser mayoría. Lo sabemos muy bien los catalanes, que somos el 16% de la población del Estado español y sabemos que es imposible el hacer cambiar ciertas cosas. En estos territorios que decís, la gente que tiene esta sensibilidad representa, hoy por hoy, una minoría y, por tanto, les resulta más difícil que a nosotros. Soy muy consciente del valor que tiene y soy admirador de todo lo que hacen. También tengo muy claro que desde Cataluña tenemos que ser muy respetuosos con la manera de dirigirnos a estos territorios, que tienen su propia configuración administrativa y política. Según cómo nos dirijamos a estos territorios puede ser incluso contraproducente. Puede ser un boomerang para toda esta gente que hace tiempo que lucha por mantener viva una cultura, una lengua, una identidad e, incluso, un proyecto político.
– ¿Qué diría a un valenciano que se esfuerza por hacer un País Valenciano mejor desde la perspectiva del proceso que vivimos en Cataluña?
– El mensaje es que Cataluña tenía todos los números de acabar siendo residual desde el punto de vista lingüístico, cultural e identitario. Históricamente hemos tenido dos grandes vecinos que han sido imperios: el castellano y el francés. Nosotros estamos aquí en medio. El mensaje es que si poca gente -en Cataluña y en todo el ámbito lingüístico común-, durante siglos e incorporando a mucha gente que ha venido de fuera, hemos conseguido no convertirse en residuales, sino que nos hemos mantenido vivos y hemos conseguido proyectarnos de cara al exterior en el ámbito europeo y mundial, con esta cultura, lengua e identidad, quiere decir que no es imposible. Si fuera imposible, nosotros ya no estaríamos. Nuestra cultura y nuestra lengua habrían desaparecido. Continuamos batallando en condiciones muy difíciles. Parecía que cuando la democracia se hubiera consolidado en España, eso ya habría pasado a la historia. Desgraciadamente, todavía batallamos en condiciones muy difíciles, aunque España se ha convertido en un país formalmente democrático e integrado en la Unión Europea. Cuando crees en algo, crees mucho, estás dispuesto a luchar y tienes un proyecto, no sólo puedes sobrevivir, sino que puedes avanzar. El caso de Cataluña es un ejemplo.
– Hace unos cuantos años no era independentista. ¿Qué piensa de los que lucharon por este objetivo cuando no era un clamor mayoritario?
– Yo he formado parte de la mayoría de los catalanistas de este país. ¿Cuál era nuestro objetivo? Tener el máximo de autogobierno posible para Cataluña. Prueba de ello es que en los años ochenta nos quedamos con las prisiones. ¿Quién quiere las cárceles? ¿Quién las quiere gestionar? Nadie. Pero cuando hubo la oportunidad se agarró. Pongo este ejemplo para indicar que se debe intentar obtener el máximo poder posible con las circunstancias políticas y las mayorías de cada momento. Y eso debía hacerse compatible con la construcción europea. Las dos cosas van en paralelo. Casi siempre el catalanismo político ha intentado esto. En los tiempos en que ERC ha gobernado Cataluña o ha tenido la llave del gobierno, también ha hecho esto: colaborar con el Estado español. No tan solo lo ha hecho la gente de Convergencia o del PSC. Lo ha hecho ERC. En la República fue así. Los gobiernos de ERC se entendieron con los de la república española. Se aceptó el estatuto de Núria, que era un estatuto recortado, también. Como lo fueron los estatutos de 1979 y el de 2006. Cuando ERC tuvo la clave, en los años del tripartito, la orientación fue la que fue: colaborar con los gobiernos socialistas españoles. Cuando ha gobernado, el catalanismo de todos los signos ha orientado su política en la línea de más autogobierno, pero colaborando en un proyecto con el Estado español y de construcción de la UE. Esto ha sido así hasta hace poco. ¿Y cuando se rompe esto? ¿Cuando se pasó de un 20% de independentistas a la situación actual? Con la sentencia del TC contra el estatuto aprobado en referéndum en 2006. Se vio que el camino que se había seguido hasta entonces no tenía salida. Fue en ese momento cuando se defendió de manera más mayoritaria el camino que algunos ya habían defendido cuando no era mayoritario. Yo formo parte de esto: del catalanismo que cuando gobernaba buscaba el máximo autogobierno para Cataluña y que ante la evidencia de que ese camino ya no da más fruto, ahora entienden que hay que hacer el camino que vamos siguiendo. Esto es posible porque mucha gente ha hecho esta evolución. Si sólo estuvieran los de hace treinta o cuarenta años, no tendríamos una posible mayoría social para abrir este camino.
– Usted es el presidente de la consulta. ¿También desea ser el presidente de la independencia?
– Eso es una de las decisiones que tengo que tomar en los próximos tiempos. Yo tengo el compromiso que tengo. Quiero ver qué pasa el 9 de noviembre y, pasado ese día, tomaré estas decisiones. Creo que mi compromiso es muy grande. He intentado demostrarlo. Pero quiero ver si el objetivo final es posible de articular políticamente en este país como yo pienso que debe articularse. Ahora no adelantaré eso. Algún día lo explicaré. Pero si se hace como yo creo que hay que hacerlo, he dado suficientes muestras de compromiso como para ir adelante. Esto lo sabremos a partir del 10 de noviembre.
VILAWEB








