Antony Beevor: “Putin solo está interesado en restablecer el imperio ruso”

El historiador británico sigue indagando en la historia de Rusia en ‘Rasputín y la caída de los Románov’ 

Licenciado en Filología y Periodismo y posgraduado en Crítica Literaria, sigue la actualidad cultural en Madrid

Antony Beevor continúa adentrándose en la historia rusa. Si hace cuatro años publicó ‘Rusia. Revolución y guerra civil, 1917-1921’, ahora presenta lo que él mismo define como su “precuela”, ‘Rasputín y la caída de los Románov’ (Crítica), una biografía para la que ha indagado en los archivos de la policía zarista y los diarios secretos de la corte. “Se ha acertado al identificar la Primera Guerra Mundial como la catástrofe original del siglo XX, pero el círculo vicioso de los horrores, la destrucción, la crueldad, siguió el patrón del enfrentamiento entre rojos y blancos, fascistas y comunistas, obreros y burgueses, iniciado en Rusia”, explica el historiador británico a este diario, en su visita promocional a Madrid.

Siglo XXI

-Y por eso es necesario entender la figura de Rasputín.

-Sí. Cómo un campesino casi analfabeto de Siberia pudo tener tanta influencia. Que fuera acogido por la familia imperial y que se dijera que la zarina, que lo veía como un santo tras haber aliviado el dolor de su hijo hemofílico, estaba locamente enamorada de él. Que el zar pensara que podría evitar la revolución por ese vínculo sagrado, fantasioso, con el campesinado, cuando Rasputín tuvo en realidad el efecto contrario. Es un caso único en la historia.

-¿No se puede comparar con la influencia de Alexánder Duguin sobre Putin?

-Creo que es imposible. No podemos meternos en la cabeza de Putin para saber hasta qué punto está utilizando a la Iglesia ortodoxa, toda esa idea del eslavo sagrado con la misión de civilizar al resto de Europa. Es fascinante cómo Putin ha absorbido la ideología rusa blanca y, de hecho, hay águilas bicéfalas (símbolo del imperio) en el Kremlin. Él solo está interesado en restablecer el imperio ruso, por eso habla de Stalin de forma positiva y del colapso de la Unión Soviética como la mayor tragedia geopolítica… y al mismo tiempo critica a Lenin por la pérdida de Ucrania. No sé de dónde lo saca. Es extraño. Pero no creo que se crea la idea de Duguin de un imperio de Vladivostok a Dublín.

-Putin, Trump, Xi… ¿En qué se parece este inicio del siglo XXI al del siglo XX?

-Volvemos de nuevo a la teoría del hombre fuerte en la historia. El orden basado en normas surgido en 1945, aquella fantasía liberal, se desvaneció tras la caída de la URSS en 1991. No creo que los historiadores vayan a ser capaces de averiguar durante bastante tiempo dónde empezaron a torcerse las cosas.

-Se habló del fin de la historia.

-Y en el 2008 la gente empezó a darse cuenta de las consecuencias de la globalización, de que ese maravilloso periodo era una farsa. Se asustó, como era de esperar, ante la aceleración social: la deslocalización, los contratos precarios, la inmigración… Es ahí donde entra en juego la extrema derecha, cuyo auge obedece a que la sociedad solo puede hacer frente a una cierta cantidad de cambio a la vez.

-Afirma que Rusia no se puede entender solo con la razón.

-Desde luego, Rasputín no. Era una contradicción total: espiritualismo y sexo… La corrupción de su entorno judío en un contexto de antisemitismo, los rumores de que se acostaba con la zarina –algo totalmente falso– socavaron la autoridad del zar, un cornudo en una sociedad patriarcal… No fue tanto una revolución como un colapso total del régimen. De repente, todo estalla. En el caos, no tienen nada que ver los bolcheviques ni los mencheviques. Fue una revolución espontánea y popular.

-Como las del zar, la zarina y Rasputín, también en la actualidad hay creencias acientíficas…

-Si uno piensa en Estados Unidos y en el entorno de Trump, en gente como Peter Thiel, que cree en el Anticristo y ese tipo de cosas, sí, da miedo. Pero no es lo mismo. Allí siempre ha existido eso, desde el siglo XIX. Predicadores dispuestos a decir cualquier mentira con tal de ganar dinero. Pero yo no establecería vínculos fuertes entre Rusia y EE.UU. Siempre me dan un poco de recelo estos paralelismos. Es tentador, pero, como dijeron Mark Twain y otros, la historia rima, pero no se repite.

-Dice que Rasputín es un personaje de novela… ¿Por eso ha escrito su biografía utilizando técnicas narrativas de ficción?

-Esta idea se remonta al siglo XVIII, cuando Gibbon dijo que la historia es una rama de la literatura. Siempre he pensado que la idea alemana de que es una ciencia es ridícula. Creo que para los historiadores británicos es una ventaja escribir de esta manera, sin llegar a la ficción.

-¿No teme a los académicos?

-He tenido mucha suerte, porque mi colaboradora Luba Vinogradova, con quien llevo trabajando 32 años, conoce los archivos rusos mejor que nadie. Incluso durante la guerra en Ucrania pudimos sacar material de Rusia. Aunque no puede volver, tiene una red de amigos.

-Más que a la documentación, me refería al estilo….

-Con ‘Stalingrado’ (2000), los periodistas me preguntaban si la historia era la nueva novela. No, no lo es. La cuestión es que la forma clásica de escribir historia siempre fue de arriba abajo. Y la experiencia de la gente corriente no formaba parte de ella hasta que en los años ochenta se puso de moda la historia oral, con entrevistas, cartas, diarios… Pero eso no se veía como libros de verdad. Lo que se necesitaba era la integración de ambos, la historia convencional, que proporcionaba el contexto, y la experiencia de los testimonios.

-Para transmitirla a las nuevas generaciones.

-En EE.UU., en este momento, hay personajes que creen que es divertido defender ideas abiertamente nazis o fascistas, que forman parte del grupo MAGA, y hacen bromas sobre el Holocausto porque no tienen, o parecen no tener, ni idea de lo que fue realmente aquello. Y por eso es importante que los historiadores transmitan realmente el horror absoluto de ese periodo con el nivel de detalle y el contexto necesarios.

-Pero no renuncia a la ironía.

-En este caso concreto, Rasputín es una farsa negra. Si no hubiera sucedido y lo hubieras escrito como una novela, no te lo habrías creído ni tú. Es importante mostrar la verdad y todo tiene que estar muy bien documentado, porque de lo contrario es difícil de creer.

LA VANGUARDIA