Anatomía de la caída de la política catalana

Hace días que todo es dar vueltas a si la Generalitat tendrá nuevos presupuestos este año o no. Y ya estamos en marzo. El president ha vuelto de su baja médica con este objetivo entre ceja y ceja y ha optado por la política de hechos consumados. Actúa con la idea de que, para que haya presupuestos, debe parecer que los habrá. Que es necesario avanzar hacia el sí por todos los caminos que haya abiertos. Pactar con los Comunes, pactar con la patronal y los sindicatos, aprobar las cuentas en el Consejo Ejecutivo y enviarlas al Parlamento. Y decir a ERC: sólo faltáis vosotros, si no es posible será culpa vuestra.

Es una presión a los republicanos que quizás tiene una trastienda oculta, algo que no sabemos. Pero de momento lo único que hace es situar a un partido que quiere liderar el independentismo en una posición difícil. De hecho, quieren votar a favor de los presupuestos de Salvador Illa. Oriol Junqueras lo dice abiertamente y todo el mundo le cree. Lo creen, sobre todo, quienes se oponen. Este domingo, la ex candidata a presidenta del partido en las últimas elecciones de la formación, Helena Solà, ha anunciado su baja como militante. En el texto en el que expone sus argumentos, da por hecho que ERC aprobará los presupuestos. El presidente de la sección local en Arenys de Mar le ha replicado que todavía no hay nada decidido, y es cierto. Pero también es cierto que la dirección busca cualquier pretexto para dar el paso. Por eso pide desesperadamente un gesto a Pedro Sánchez respecto al supuesto proyecto para que la Generalitat recaude el IRPF. En el fondo, es un tecnicismo. Recaudar los impuestos no sirve de mucho si no se puede decidir qué haces y qué parte de la recaudación te quedas. De hecho, mientras todas las miradas están puestas sobre esa promesa, ha pasado sin pena ni gloria la publicación de un cálculo actualizado del déficit fiscal de Cataluña: 21.092 millones de euros en el 2022.

Sea como fuere, el gesto de Pedro Sánchez no llega. Y hace días que se interpreta que el problema es que el presidente del gobierno español no puede avanzar en la cuestión del IRPF catalán mientras el Ministerio de Hacienda esté dirigido por María Jesús Montero. La ministra debe ser la candidata del PSOE a las elecciones andaluzas y se considera que una concesión en Cataluña le perjudicaría de cara a la campaña. Siguiendo esta tesis, hasta que Montero no deje su actual cargo para dedicarse a ser candidata y haya un nuevo ministro, no se podrá dar ningún paso. Y todo indica que esto no ocurrirá hasta que el presidente andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, del PP, anuncie cuándo serán las elecciones. De esta forma, los presupuestos de la Generalitat estarían en manos del presidente andaluz. Y esta situación surrealista se produce año y medio después de que ERC –la anterior dirección del partido– anunciara que, con la nueva financiación pactada con el PSC para investir a Illa, los catalanes tendrían la llave de la caja y habría un “concierto solidario”.

Helena Solà rompe el carnet del partido en el que militaba desde el 2005 alegando que ya no es una herramienta útil. Pero todo apunta a que, por ahora, es la política catalana la que ha dejado de ser un instrumento al servicio de los catalanes y ha pasado a ser una ficha de poco valor en una partida que se controla desde Madrid.

EL MÓN