Orígenes y papel de la ciudad de Alfaro en época islámica
En 711, al mando del bereber Tariq ibn Ziyad, las tropas musulmanas entran en la Península Ibérica. Un año después el ejército de Musa ibn Nusayr se une a Tariq y, entre el otoño de 713 y la primavera de 714, logran llegar al Valle del Ebro tomando rápidamente Zaragoza. Puede que, desde allí, sometieran la cuenca media y alta del Ebro en dirección a Astorga. Esta región, cuyo eje vertebra el río Ebro, se configuraría bajo dominio musulmán como un espacio militarizado y de frontera bajo el nombre de Marca Superior de Al-Andalus, al-Tagr al-A ´lā.
El espacio noroeste de lo que sería la Marca Superior no debió oponer apenas resistencia a la conquista. Sabemos por Ibn Hazm1 que el noble vascón, hispanorromano o visigótico conocido como conde Casius, representante de Toledo en Tarazona y cuyas tierras se encontrarían en los lindes de las actuales provincias de Zaragoza y Navarra, entre Olite y Ejea de los Caballeros2, tomó contacto con Musa ibn Nusayr y viajó a Damasco donde establecería lazos de clientela con el califa al-Walid antes de la muerte de éste en 715, convirtiéndose también al islam. Los descendientes de Casius serían los muladíes conocidos como Banu Qasi, quienes durante los próximos doscientos años, y sobre todo a partir del establecimiento de los Omeya en Al-Andalus, serían habituales protagonistas de rebeliones en la Marca Superior contra el poder cordobés. A su vez, esta región de la cuenca media-alta del Ebro sería escenario de continua disputa entre los emires de Córdoba, los territorios cristianos y los propios Banu Qasi.
Pues bien, en este espacio de frontera, militarizado, en continua disputa y delicadamente controlado por el poder cordobés, se encontraba Alfaro, actual municipio riojano sito en el extremo este de dicha comunidad y a orillas del Ebro. Su tipología se corresponde con el típico asentamiento fortificado andalusí: sobre un promontorio se levanta ex nihilo una torre o alcázar, fácilmente defendible y en una posición geográficamente estratégica.3
En efecto, Alfaro se sitúa a orillas del Alhama en su desembocadura en el Ebro. Cualquiera que haya subido a la zona más alta del pueblo, altozano conocido como el Castillo, podrá observar las excelentes vistas que, abarcando kilómetros en dirección norte-oeste-sur, se tienen del valle del Ebro y el Alhama. Resulta innegable que Alfaro era un punto clave estratégico de vigilancia y control. Pero si además nos fijamos en su relación geográfico-administrativa con otras poblaciones de la época, podemos aventurar ciertas hipótesis que nos acerquen a la cuestión de qué era el Alfaro andalusí.
Si bien no existe una documentación explícita sobre cómo se organizaba administrativamente el noroeste de la Marca Superior, si se pueden seguir ciertas pistas geográficas y documentales. Conocemos, por ejemplo, la relevancia de la vecina población de Tudela en época andalusí, situada a tan sólo 20 km de Alfaro.
El primer autor que menciona Tudela es el geógrafo al-Yaqubi, de la que nos dice es una medina situada frente a la tierra de los “politeístas” vascones4. Ar-Razi por su parte nos indica las dependencias de Tudela, que incluyen Arnedo, Calahorra, Nájera y Viguera5. En esa disposición jerárquica en que se organizaba administrativamente el poder y que cae desde las alturas de la capital —donde reside el califa o emir—, a través de escalones de menor categoría, hasta los más pequeños núcleos, parece obvio encontrar a Alfaro como dependiente de la cercana Tudela.
Ahora bien, a las dependencias señaladas por ar-Razi, Souto Lasala añade Alfaro, Borja y Tarazona, considerando a Tudela “piedra angular” de la zona en tanto medina que organiza el espacio geográfico. Pero a su vez suprime Nájera y Viguera. Para defender tal argumento, Souto Lasala establece una circunferencia de 100 km de radio cuyo centro sería Tudela, dentro de la cual encontramos a las siete dependencias mencionadas. El autor considera que este perímetro es demasiado grande para establecer una efectiva circunscripción administrativa ya que, de hecho, el término de una medina andalusí no abarcaría más de 40 km de radio aproximadamente. Así pues, reduciendo la circunferencia con centro en Tudela a las dimensiones propias de una medina, nos encontramos en su interior con casi todos los asentamientos mencionados en las fuentes, así como tres ríos documentados: el Alhama, el Huecha y el Queiles.
Entonces, ¿qué papel jugaba Alfaro en el espacio territorial andalusí? Para ello podemos acudir a la tipología que se otorga a dicha población en las fuentes documentales. Curiosamente, Alfaro aparece catalogado como medina. Sin embargo, el número de poblaciones de la zona englobadas en tal denominación es muy grande (Alfaro, Añón, Arnedo, Barrillas, Calahorra, Ejea, Nájera, Pamplona, Tarazona, la propia Tudela y Viguera), y ya hemos visto que muchas de éstas eran dependientes de la medina de Tudela. Lo más probable es que Alfaro no fuese sino un hisn, es decir, una fortificación que servía para el control y apropiación del territorio: poblamiento rural, vías de comunicación, ríos, acequias y como refugio de asentamientos circundantes6. Estos husun (en plural), citados en las fuentes ya antes del siglo X, se situaban en lugares elevados como puntos individualizados pero con gran valor defensivo. Así, según su relativa importancia, contarían con una o varias torres, murallas o tapiales, y estarían asociados a un núcleo de poblamiento en sus laderas, así como a un wali o gobernador7. De hecho, sabemos que en el pasado Alfaro contó con una fortaleza sita en la cima del altozano del Castillo, y se dispone de un dibujo a plumilla cuya factura delata una fecha cercana a comienzos del siglo XVI8. En dicho dibujo se aprecia una torre principal cuadrada, cercada por una muralla y apoyada en torres secundarias circulares. El recinto fortificado sería de pequeñas proporciones, más que nada porque su situación no permite una mayor extensión. Obviando las modificaciones que sufriría tras la conquista cristiana y a lo largo de los siglos posteriores, su disposición se corresponde con las típicas de una fortaleza andalusí. Además, Alfonso de Ceballos Escalera e Isabel Álvarez González, atendiendo al plano y situación urbanística de Alfaro, suponen que el recinto urbano del hisn debía estar situado en la ladera de la fortaleza que cae hacia el Alhama, y amurallado por un cinturón que recorrería las actuales calles Cuevas de Zamarramala, Labradores, Carretil del Piteo, Goya y Santa María. Por desgracia apenas se conservan algunos restos de lo que se sugiere fue un aljibe sobre la cima del Castillo. El mal estado del lugar, fruto de las lluvias que provocan torrenteras y arrastran los sedimentos, la casi nula existencia de infraestructura básica urbana (aceras, asfaltado, canalizaciones…) hasta época reciente y una más que desafortunada obra para situar un crucero/mirador en lo alto del Castillo sólo dificultan una posible labor de conservación del patrimonio.
¿Cuál es el origen fundacional de Alfaro? Nada sabemos acerca de ello, ni siquiera de una fecha aproximada. Tenemos no obstante una mención sobre la destrucción de la fortaleza de Alfaro en 915 por parte de los cristianos que, siguiendo una incursión por el valle del Alhama en 914 destruyeron también Arnedo, ocuparon posiblemente Calahorra, acometieron contra Tudela el mismo 915 y luego contra Nájera en 918. Sabemos también que Tudela fue fundada o refundada en 802. Ibn Hayyan nos dice en la crónica Al-Muqtabis que el emir al-Hakam designó a `Amrus b. Yusuf como gobernador de la Marca Superior para derrocar a los rebeldes, tomando el país de los Banu Qasi y “haciendo del monte de Tudela una ciudad fortificada que acogió a los musulmanes circundantes”.9 Debemos inscribir este hecho dentro de un periodo de revueltas — entre las que destacarían como protagonistas los Banu Qasi— en el valle del Ebro contra el poder Omeya, y que duraría desde finales de los años 90 del siglo VIII, coincidiendo con el advenimiento de al-Hakam I, hasta el año 806 en que los Banu Qasi son sometidos.10 De este modo la (re)fundación de Tudela respondería a la necesidad de controlar los poderes locales y afianzar el propio poder del emir frente al exterior.11 Dada la proximidad y el carácter estratégico de Alfaro, podría realizarse la siguiente hipótesis: que Alfaro fuese un punto de apoyo para Tudela en la estrategia de afianzamiento del territorio y, por lo tanto, que fuese fundada o reforzada en la misma época como fortaleza.
Por desgracia, para poder aventurarnos de manera más exacta y rigurosa al pasado islámico de la localidad, habría que acudir a un examen de posibles restos materiales. Para ello sería de interés examinar no sólo la cima del Castillo, sino el pequeño altiplano de la ladera donde antiguamente se situaban las eras. Sabemos que en esa zona se encontraba desde época medieval la iglesia de San Miguel de Arriba, y que existió de manera ruinosa al menos hasta el siglo XIX.12 De hecho todavía existe una calle con el nombre San Miguel de Arriba, que desde el centro del municipio y como continuación de la Calle Mayor, asciende hacia altozano. También existe la calle Cuevas de San Miguel de Arriba situada precisamente en el pequeño altiplano. No sería descabellado que la antigua iglesia fuese levantada sobre una mezquita ya existente. Además, estudios como los de Cantera Montenegro13 indican la existencia a fines de la Edad Media de una aljama judía en el mismo espacio que, como ya indicamos arriba, habría sido en un principio el núcleo urbano del hisn de Alfaro.
Para finalizar, y contra los siempre reiterados intentos de mistificar la Historia desde el nacionalismo. Parece claro que Alfaro fue una población de fundación islámica, y durante largo tiempo así se mantuvo14 hasta su toma y conquista por los reinos cristianos, fecha que también se desconoce.15 Nada indica que hubiese algún tipo de población visigoda o vascona anterior en el lugar donde se fundaría Alfaro, como pretende la Historia de Alfaro de Martínez Díez. Tampoco valen los intentos de derivar el topónimo de Alfaro por homofonía de supuestos nombres griegos, pretensión de Edelmiro Zamanillo descartada por Souto Lasala, quien señala que el único documento fiable del que se dispone es la grafía árabe. Pero más delirante aún sería pretender que Alfaro surgiese como desarrollo medieval de la antigua población romana de Graccurris, la cual se sitúa en las Eras de San Martín, fuera del actual centro urbano, y más lejana aún del originario centro fundacional que sería la cima y ladera del Castillo. Todos estos intentos, por bienintencionados que sean, no hacen sino tergiversar la Historia y empobrecer el patrimonio cultural e histórico de la localidad.
Es por todo ello que debiera insistirse en el trabajo arqueológico y la investigación en época islámica de Alfaro, y reiterar una vez más las palabras de Souto Lasala: “Tras el gran esplendor de la ciudad romana, es evidente que los restos de época `tardía´ no parecen constituir testimonios muy llamativos ni apreciados. Pero si lo que se intenta es hacer historia, tanto valor tiene una atalaya de tapial o mampostería que un templo romano hecho con hermosos y decorados sillares. Los dos nos hablan de un pasado cierto, cada uno de ellos en un momento y en unas circunstancias del mismo”16
Notas:
1 CAÑADA JUSTE, A.: ““Los Banu Qasi (714-924)”. Príncipe de Viana, Año nº 41, Nº158-159, 1980, p. 6.
2 SOUTO LASALA, J.A.: “La ciudad de Alfaro: su contexto geográfico-histórico en Al-Andalus Omeya (Siglos VIII al X)”. Graccurris, Nº5, 1996, p. 253.
3. SOUTO LASALA, J.A.: “Las ciudades andalusíes: morfologías físicas”. DE LA IGLESIA DUARDE, J.I (Coord.).1995. V Semana de estudios medievales: Nájera, 1 al 15 de agosto de 1994, 1995, pp. 146-149.
4 SOUTO LASALA, J.A.: “El noroeste de la frontera superior de Al-Andalus en época omeya: poblamiento y organización territorial”. DE LA IGLESIA DUARDE, J.I (Coord.). García Sánchez III “el de Nájera” un rey y un reino en la Europa del siglo XI : XV Semana de Estudios Medievales, Nájera, Tricio y San Millán de la Cogolla del 2 al 6 de agosto de 2004, 2005, p. 264.
5 Ibid.
6 SÉNAC, P.: “Poblamiento, hábitat rurales y sociedad en la Marca Superior de al-Andalus”. Aragón en la Edad Media, Nº 9, 1991, pp. 395-397.
7 SÉNAC, P.: “El dominio musulmán: primeras investigaciones”. Historia de la ciudad de Logroño, Vol. 2 (Edad Media), 1994, pp. 19-34.
8 ÁLVAREZ GONZÁLEZ, I. y CEBALLOS-ESCALERA, A.: “El castillo de Alfaro y sus alcaides”. Graccurris, Nº 5, 1996, p. 61.
9 SOUTO LASALA, J.A.: “El noroeste de la frontera…” p. 263.
10 CAÑADA JUSTE, A.: “Los Banu Qasi (714-924)”, Príncipe de Viana, Año nº 41, Nº158-159, 1980, pp. 6-8.
11 SÁENZ DE HARO, T.: “Calahorra islámica”, Brocar: Cuadernos de investigación histórica, Nº31, 2007, pp. 137.
12 MARTÍNEZ DÍEZ, J.: Historia de Alfaro, 1983, pp. 521.
13 CANTERA MONTENEGRO, E.: “La aljama judía de Alfaro a fines de la Edad Media”, Graccurris, Nº3, 1994, 135-154.
14 Phillipe Sénac muestra la profunda islamización del valle del Alhama a juzgar por los testimonios sobre la presencia de comunidades musulmanas tras la conquista cristiana. En “El dominio musulmán: primeras investigaciones”, Historia de la ciudad de Logroño, Vol. 2 (Edad Media), 1994, pp. 19-34.
15 Para comparar poblaciones cercanas: Calahorra es tomada en 1045, mientras que Tudela lo es en 1119, más de medio siglo después.
16 SOUTO LASALA, J.A.: “La ciudad de Alfaro…”, pp.259.
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