Entrevista a Julia Leigh, arquitecta y cooperativista de Coop d’Era
DERECHO PIRENAICO
Aterrizar en el mundo rural e impulsar proyectos cooperativos pide hacerlo con el cuidado que nos recibe la arquitecta, cooperativista de Coop d’Era y miembro del Ateneo Cooperativo del Alt Pirineu y Aran, Júlia Leigh, en Sort (Pallars Sobirà). En medio de una de las semanas más frías del otoño pirenaico profundizamos en la idiosincrasia del cooperativismo en el Pallars y los retos de las cooperativas de arquitectura.
-¿Cómo una arquitecta de Barcelona acaba empujando al cooperativismo al Pallars? ¿Cómo llegas al cooperativismo?
-Estudié arquitectura en Barcelona. Como la carrera se me hizo muy larga y enrevesada y necesitaba encontrar motivaciones para ser arquitecta, me acerqué al mundo de la bioconstrucción y de las cooperativas de vivienda. Y esto me llevó a estudiar un año en Uruguay y también a participar en un campo de trabajo en el Valle de Cardós para construir una cabaña de pastor a unos 2.000 metros de altura. En este campo de trabajo, coincidimos con alguna gente con la que hemos creado Coop d’Era, que éramos arquitectos que teníamos ganas de explorar otra parte de la arquitectura que no era la de la arquitectura convencional de un despacho en Barcelona. Alguna gente es de aquí, en el Pallars, y otras que somos recién llegadas, y que ahora nos sentimos un poco más de aquí.
-¿En qué se basa esa arquitectura no convencional? ¿Cuál es su mirada?
-Poner la profesión de la arquitectura al servicio del lugar donde vivimos. Por eso, hemos tenido que conocer muy bien dónde estamos y cuáles son las necesidades. Hay cosas de Coop d’Era que son especiales, porque lo que hacemos es diferente de otros arquitectos, como hacer divulgación de modelos alternativos de acceso a la vivienda, construir con materiales sostenibles y locales, hacer procesos participativos por espacios públicos con perspectiva feminista… Y también hay que son especiales por cómo lo hacemos, ya que el modelo cooperativo rompe con este modelo jerárquico decide todo y explota a los trabajadores.
Además, aquí en el Pirineo nos hemos encontrado con una actividad que no estaba prevista y que nos han pedido, que es acompañar a la autoconstrucción en muchos proyectos de rehabilitaciones y obra nueva. Hacemos todo un acompañamiento para que la gente se construya su casa; hacemos el diseño adaptado a sus capacidades. Y tenemos en cuenta tanto la sostenibilidad ambiental como también la sostenibilidad social, de poder escoger la técnica y los albañiles con los que quieren trabajar, etcétera.
-¿Es esta mirada de la arquitectura una realidad concreta del Pirineo o es una tendencia de todas partes?
-Los arquitectos somos gente bastante inquieta. Por la formación que tenemos y la vocación, nos gusta mucho analizar y hacer propuestas; desde el detalle de un mueble hasta el planeamiento urbanístico.
En Coop d’Era tenemos una mirada muy amplia de lo que entendemos por arquitectura. Hay una parte del equipo que sobre todo trabaja en temas de edificación y obra, acompañamiento a la autoconstrucción… y en cambio hay otra parte, como es mi caso, donde trabajamos temas vinculados a políticas y acceso a la vivienda, procesos participativos, el impulso del cooperativismo en el territorio a través del Ateneo Cooperativo del Alt Pirineu más global, más a “vista de pájaro”, y no tan centrada en el detalle. El conocimiento que tengo como arquitecta me resulta muy útil. Trabajar desde estas diferentes escalas nos permite realizar proyectos adaptados al lugar donde trabajamos.
-Actualmente es un proyecto estable y reconocido. ¿Cómo ha sido el proceso?
-Ahora hace siete años que estamos en marcha, y al principio empezamos con mucha precariedad. Pero ahora podemos elegir clientes y proyectos, buscando el máximo de coherencia. Priorizamos siempre primeras residencias y proyectos para gente que quiere vivir aquí, lo que nos permite decir que no a segundas residencias o viviendas de uso turístico, aunque nos lo soliciten bastante. Son proyectos que tienen muy buena voluntad y que aman el lugar, pero como podemos escoger, priorizamos que nuestro servicio llegue primero a toda esta gente que quiere vivir aquí.
Ahora mismo somos seis personas, cuatro de las cuales somos socias, y una está en proceso de entrar como socia. Siempre hemos tenido más o menos esta escala. Cuando dimos el paso adelante de empezar el proyecto, todos teníamos trabajos fuera, y en cuanto empezó a ponerse en marcha y a moverse, todo el mundo fue dejando sus trabajos y se fue incorporando. Hemos estado mucho tiempo trabajando en dos sitios –uno que hacía de labrador, el otro de profesor de música… – y ahora ya es bastante estable.
-¿Cuáles son las dificultades específicas de emprender en el Pallars?
-El reto que hemos tenido es encontrar perfiles técnicos en la comarca. Contábamos con una aparejadora y conseguimos uno más, y ahora se han ido y no tenemos. También nos cuesta el tema de ser cooperativista porque ser cooperativista, y más en esta profesión, que es una profesión liberal por la que firmas proyectos y tienes una responsabilidad durante 10 años después. No es fácil marcharse.
-Este tipo de proyectos, que tiene una responsabilidad muy fuerte, ¿cómo lo vivís en relación con el cooperativismo?
-Hay un grupo en la Federación de Cooperativas de Trabajo, formado por cooperativas de arquitectos, que ha estado trabajando mucho este tema. Para poder firmar un proyecto debes colegiarte, lo que comporta unos gastos y tener que contratar un seguro. Este seguro hace que, una vez terminada la obra, tengas diez años de responsabilidad sobre el proyecto. Normalmente, en muchos despachos, sólo firma una persona, que suele ser la cabeza, y el resto no firman y tienen peores condiciones salariales. Esto también afecta al currículum, porque en muchos despachos de arquitectura ocurre que no firmas porque eres contratado y después tienes que presentarte a concursos como si no tuvieras ninguna experiencia acreditada de proyectos firmados.
La duda, pues, es cómo lo hacemos dentro del cooperativismo. Nosotros, de momento, no hemos querido que firmemos todos, como han hecho otras cooperativas de arquitectos. Lo que hemos hecho es tener un seguro colectivo como cooperativos, que cubre a todos los socios. Vamos rotando la responsabilidad de firmar los proyectos, y revisamos los proyectos entre todos: una decisión que fomenta la corresponsabilidad de asegurarnos de que los proyectos estén bien realizados.
-Hablemos del Pirineo. ¿Cómo vivir en un contexto de segundas residencias con una actividad económica muy estacional?
-Por lo que respecta a la vivienda, la situación es muy grave en el Pirineo. Tenemos más del 60% de las viviendas que no son de uso habitual… Segundas residencias, hay miles, y viviendas turísticas, tenemos 800 en esta comarca, que pueden alojar a 2.000 y pico personas, que es un 60% de la población que hay aquí todo el año.
Ha habido un proceso de turistificación. Se han realizado muchas políticas orientadas al turismo. Cada año se rescatan estaciones de esquí públicas; se destina mucho más dinero en esto que en hacer vivienda. Es un territorio que se ha visto como una oportunidad para hacer dinero rápido.
-Desde el Ateneo Cooperativo del Alt Pirineu y Aran, ¿cómo valora la economía social y solidaria en el Pirineo?
-Nos encontramos en un territorio en el que la economía social hace mucho más tiempo que existe que en Barcelona. Aquí ya existía, pero no le llamaban así. La gestión comunal entre los vecinos, que es algo que predicamos desde el movimiento cooperativo y desde la economía social, aquí ya se la habían inventado hace tiempo. Y creo que tenemos el reto de encontrar esos puntos en común.
https://www.racocatala.cat/noticia/69596/leconomia-solidaria-pirineu-fa-molt-existeix-pero-no-li-deien-aixi








