Sahara, la vergüenza

Lo que, en su día, se conoció como Guinea Española, formaba parte del dominio portugués hasta que, en 1778, fue intercambiado por otro territorio en América del sur y cedido a España. En 1959 Guinea se convirtió en provincias españolas de ultramar y los primeros procuradores en cortes negros aparecieron en las cortes franquistas. En 1963, los guineanos accedieron a cierta autonomía hasta que, el 12 de octubre de 1968, el país se convirtió en un Estado independiente, de acuerdo con el proceso de descolonización promovido por la ONU.

Presidido primero por Francisco Macías, éste fue derribado en 1979 por su sobrino, Teodoro Obiang, que lo hizo ejecutar y que, desde entonces, gobierna el país con mano de hierro. Macías eliminó el sistema de partidos, que fusionó en uno solo, y estableció una dictadura que aún dura. Se declaraba “marxista-hitleriano” y entre una cincuentena larga de títulos se adjudicó los de Maestro de Educación, Ciencia, Cultura y Artes Tradicionales, Único Milagro de Guinea Ecuatorial y también Primer Trabajador del pueblo Trabajador de Guinea Ecuatorial, como si nada. La broma aún dura ahora con el sobrino como protagonista.

Sin embargo, éste no es el último ejemplo de descolonización llevado a cabo por España, sino el penúltimo. El último, más dramáticamente catastrófico, es el del Sáhara Occidental, un territorio donde la corona castellana ya tenía intereses en el siglo XV y en el que en 1884 España ya dominaba buena parte. Desde la creación del reino de Marruecos, en 1956, todos sus monarcas (Mohamed V, Hasan II y el actual Mohamed VI) han reclamado su territorio como integrante de su proyecto de “gran Marruecos”. En 1957 se convertía en provincia española y el 15 de diciembre de 1960 fue introducido en la lista de territorios no autónomos de la ONU, cuando todavía era una provincia española y, como los guineanos, sus representantes se paseaban por las cortes de la dictadura franquista con sus coloridas vestimentas.

El 10 de mayo de 1973, entre los grupos de saharauis refugiados en Mauritania, nacía el Frente Polisario con el objetivo de hacer posible la independencia del Sáhara. Fue su primer secretario general Brahim Ghali, entonces un joven de 27 años, y, desde 2016, vuelve a ocupar el cargo, con 76 años. En 1975, la ONU reconocía vínculos entre el Sáhara y Marruecos y Mauritania, pero en ningún caso de soberanía. Con el viejo dictador español moribundo en cama, el 6 de noviembre de 1975 Marruecos promovía la invasión del Sáhara mediante la Marcha Verde que movilizó a miles de ciudadanos y que, con el hecho consumado de la ocupación física, se anexionaba su territorio. 

Y los hechos se precipitaron con el acuerdo tripartito de Madrid entre España, Marruecos y Mauritania, firmado el 19 de noviembre de 1975 y no válido según el derecho internacional, por el que el territorio saharaui se repartía entre los dos países árabes y España se retiraba el 28 de febrero siguiente. En 1979, Mauritania renunció a ello y, de hecho, la potencia administradora ‘de iure’ sigue siendo España hasta que se acabe el proceso de descolonización de acuerdo con los postulados de la Carta de Naciones Unidas. Según la ONU, el conflicto político debía resolverse con un referéndum de autodeterminación para el que el censo de identificación de votantes acabó hace 25 años. Pero el proceso lleva ya tiempo congelado por completo. Un día antes de que España abandonara el pueblo saharaui en manos de Marruecos, el Polisario proclamó la independencia de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), el 27 de febrero de 1978.

La RASD tiene soberanía de hecho en la franja interior situada entre el Sáhara ocupado y Argelia, llamada “territorios liberados”, con una pequeña apertura litoral. Desde entonces, la historia del pueblo saharaui es una historia desgraciada llena de adversidades, Guerra contra Marruecos al inicio, confrontaciones armadas hasta ahora y un muro de 2.000 kilómetros, vigilado por 150.000 soldados marroquíes por un lado y los saharauis por otro, en una región repleta de millones de minas antitanques y antipersonas. En el Sáhara ocupado, Marruecos ha desplegado una planificada sustitución demográfica y una inversión extraordinaria que ha cambiado su fisonomía originaria tanto como la ha modernizado, con equipamientos diversos, a la vez que reprime a los saharauis que no se han movido de su país. Los otros, en un número similar, cercano a los 200.000 se encuentran en los campamentos de refugiados en Argelia o en el exilio en todo el mundo.

Ejemplo de la credibilidad política que merecen los estadistas españoles, el 2 de noviembre de 1975, Juan Carlos, entonces ya jefe de estado en funciones, se plantó en El Aaiún, capital del Sáhara para decir a los militares españoles: “España no dará un paso atrás. Cumplirá con todos sus compromisos. Respetará el derecho saharauis a ser libres… No dudéis de que vuestro comandante jefe estará aquí, con todos vosotros, cuando suene el primer disparo”. Entonces ya había pactado el apoyo norteamericano a su mandato real a cambio de la cesión del Sáhara a Marruecos. Cuando el ejército español abandonó el territorio, no fueron pocos los mandos y oficiales que lo hicieron con lágrimas en los ojos, por la traición española a los saharauis, y algunos militares profesionales entregaron su armamento al Polisario, en gesto de solidaridad con su lucha.

Un año después, a los campamentos de refugiados de Tinduf (Argelia), llegó otro español tan mentiroso, cínico y aprovechado como el anterior: Felipe González, líder del PSOE. Sinvergüenza como su compatriota, les espetó: “Hemos querido estar aquí hoy, 14 de noviembre de 1976, para demostrar con nuestra presencia, nuestra repulsa y nuestra reprobación por el acuerdo de Madrid de 1975”; “El Pueblo Saharaui vencerá en su lucha. Vencerá, no sólo porque tiene la razón, sino porque tiene la voluntad de luchar por su libertad”; “Para nosotros no se trata ya del derecho de autodeterminación, sino de acompañarles en su lucha hasta la victoria final” y aún esto: “El partido está convencido de que el Frente Polisario es el guía recto hacia la Victoria Final del pueblo saharaui y está convencido también de que su república independiente y democrática se consolidará sobre vuestro pueblo y podrá volver a sus hogares”.

Siendo ya presidente del gobierno español, Felipe González clausuró las oficinas del Polisario en Madrid, expulsó a sus representantes e hizo gestiones con presidentes sudamericanos para que retirasen el reconocimiento diplomático que habían hecho de la RASD. Hoy continúa su amistad con Mohamed VI y su propiedad de 5.000 metros cuadrados en la playa de Jbila, cerca de Tánger -sobre cuyo origen existen versiones diversas-, la ha vendido a la familia real saudí que la ha convertido en mansión de vacaciones. Un negocio redondo, vamos… Estados Unidos, Francia y la última potencia colonizadora que es España han abrazado las tesis marroquíes sobre el Sáhara, siendo Pedro Sánchez el último en incorporarse. Y estos días, con motivo de los 50 años de la Marcha Verde, cargos orgánicos del PSC han celebrado su evento junto a las autoridades consulares marroquíes. La vergüenza sólo puede ser aplicable a quien todavía la tiene.

Los saharauis parecen estar condenados a convertirse en una simple región autónoma de Marruecos, con una monarquía corrupta y dictatorial, donde el monarca es la autoridad civil, militar y religiosa y la quinta fortuna de África, mientras el rey pasa más tiempo en París que en su país, al igual que Teodorín, el hijo del dictador de Guinea. España se deshizo de Guinea y del Sáhara una vez sus élites ya habían obtenido todos los beneficios posibles con la explotación de los recursos del territorio colonial. En el Sáhara, los más viejos miran su DNI español en medio de una sensación de rabia e incomprensión, desconcertados ante el futuro que les espera, mientras el Polisario continúa su lucha. En Cataluña, las familias que hemos tenido durante años niños saharauis para pasar los veranos en casa y que hemos viajado a los campamentos de refugiados y a los territorios liberados, miramos también nuestro DNI sabiendo que la palabra de los políticos españoles tiene la misma consistencia que el agua en una cesta de mimbre. La historia lo demuestra. La realidad de hoy también.

NACIÓ DIGITAL