Josep Maria Terricabras: “Pensar es fijarse en lo que se dice”

Entrevista al catedrático emérito de filosofía de la UdG y eurodiputado

 

– Me lo he imaginado, en los atardeceres de Estrasburgo, filosofando por sacudirse el empacho de política.

– Un poco sí. Yo entro en el Parlamento en Bruselas a las siete de la mañana, cuando abren la puerta de la plaza Luxemburgo, y salgo poco antes de las diez de la noche. Llego a casa tan agotado que se me hacía difícil perseguir algunas ideas. Finalmente, lo he conseguido y planteo unas cuantas cosas que me parece que ayudarán al lector a ver qué somos. Por ejemplo: perseguir la felicidad es una mala cosa, porque la felicidad es el aroma que se desprende de una olla con ingredientes que son buenos, pero no es un ingrediente.

 

– ¿Qué hace Josep Maria Terricabras en este mundo?

– Se ha encontrado en él. El día que impartí la última clase a mis alumnos en la Universidad de Girona les dije: “Traten de ser rigurosos en su pensamiento y estén siempre con los más débiles”. He procurado ser fiel a estas dos cosas.

 

– En el libro hay una obsesión con el mal uso del lenguaje.

– Con el lenguaje tenemos muchos problemas. El primero es que no somos conscientes de su importancia. No es que los humanos seamos capaces de hablar, es que por el hecho de hablar somos humanos. Si fuéramos conscientes le daríamos el valor que tiene. Cuando una criatura empieza a hablar es cuando comienza a pensar. ¿Cómo le nace a una criatura la conciencia? Un día se pregunta por qué se le ha enfadado la madre. Esto es la conciencia. Pensar es fijarse en lo que se dice.

 

– Dice que la historia de la humanidad es la historia de una lucha de intereses. Usted los ha visto desde primerísima fila. Visto así, aquí, ¿quien manda?

– Lamento mucho decir que en Europa los intereses son básicamente económicos. Lo que mandan son las relaciones de los Estados entre sí y las relaciones de algunos estados con la UE para lograr ayudas. Por ejemplo, todos los estados del Este reciben subvenciones considerables, por eso están en ella. Después, el apoyo que se dan unos a otros. Por eso en Cataluña lo tenemos tan complicado. Con un punto terrible para mi gusto: parece que Europa sólo aceptara estados independientes después de una guerra. Fíjese que la rebelión, la sedición y todo eso que tienen previsto es militar. No han entendido que nosotros estamos en el siglo XXI, que no lo hemos hecho ni lo haremos nunca. Yo no soy nada euroescéptico, sin una Europa unida lo tenemos fatal. La China, EEUU, Sudáfrica, Brasil, Canadá, se nos comerán dentro de muy poco tiempo. Tiene que haber Unión Europea. Pero soy eurocrítico.

 

– Cuando se estaba negociando el acuerdo de libre comercio entre Europa y EEUU, si los eurodiputados querían ver los textos de lo que se estaba negociando los metían en una habitación solos, sin móvil.

– Y en un papel que nos daban ellos sólo podíamos apuntar cosas de dos capítulos. Se me acercaba la gente de las cárnicas catalanas diciendo que sería un desastre porque los productos estadounidenses, con menos controles de calidad y menos impuestos, los liquidarán. Pero favorecían las exportaciones de otros productos europeos de alta tecnología y química que podían ir bien en los países más poderosos. Pero Trump lo ha liquidado.

 

– ¿Manda Merkel? ¿O manda la suma de Volkswagen, BASF, etc., y Merkel?

– Van de la manita claramente. Y la alianza franco-alemana es definitiva. Son 28 estados, pero es obvio que es un club franco-alemán. Italia está en horas muy bajas, Inglaterra ya está fuera, y España no pinta nada.

 

– Pues cuando mis colegas hacen preguntas sobre Cataluña al portavoz de la Comisión Europea, se los quita de encima de mala manera.

– Gatos con gatos no se arañan, y el PP español tiene minadas las instituciones europeas. Han sabido mucho de eso. El mismo señor Tajani, que es presidente del Parlamento y con el que no nos podemos ni ver, es un ‘hooligan’ del PP español.

 

– ¿España ha comprado silencios, de los países bálticos, por ejemplo?

– Sí, es obvio que España está comprando lo que puede. En el caso de Alemania, ya decía antes de la sentencia de esta semana que hay realmente división de poderes. Hacía semanas que decía a todo el mundo que los textos legales españoles y los alemanes se parecen mucho y, sobre el papel, podían equiparar delitos, pero que si la justicia alemana consideraba los hechos, de ninguna manera podían extraditar a Puigdemont por rebelión porque no hubo violencia. El Tribunal Constitucional alemán, por ejemplo, es prestigioso porque ha sido elegido de una forma independiente y objetiva, y tiene crédito y es aplaudido por la población general.

 

– ¿Y el papel de la UE con los refugiados de la guerra de Siria?

– ¡Lo que hemos hecho es de una indignidad tan grande! Nosotros no sólo los podíamos acoger, sino que los teníamos que acoger y, en cambio, hemos pagado a Erdogan para que nos los tenga. O lo que se ha hecho en África: ¡se ha tratado de controlar la frontera este y la frontera sur con mil millones de euros que fueron sacados de ayudas al desarrollo! Esto me da aún más vergüenza.

 

– ¿Me puede hacer una reflexión sobre la figura de Carles Puigdemont, desde su doble condición de europarlamentario y gerundense?

– Lo conozco desde hace mucho tiempo y es una persona honesta. Es independentista desde los 15 años, y lo defiende bien. También es verdad que va muy a su aire. Y eso, cuando la adivina, es magnífico, pero cuando se equivoca puede ser problemático.

 

– ¿No haber convocado las elecciones es haberla estropeado?

– Para mí es estropearla. Lo que pasa es que no sé quién lo presionaba en qué dirección. En Europa el 1-O les chocó mucho, pero no lo suficiente. Si el 27 de octubre el Estado hubiera ejercido violencia, seríamos independientes. De eso estoy absolutamente convencido. Y me sabe muy mal que no se haya aprovechado aquel tren que pasaba despacio y al que te podías subir. Pero ya nos subiremos algún día. Cataluña será independiente de aquí a no demasiado (tiempo). Es literalmente insostenible una situación como la actual. Quien ya ha hecho el cambio mental ya no irá hacia atrás. Por lo tanto, debemos tener paciencia, coraje, e incluso buen humor.

 

– Volvemos al lenguaje. “Derechos y deberes” dice que son de aquellos conceptos que no siempre sabemos manejar correctamente.

– Está muy bien tener derechos y defenderlos, pero los deseos, las aspiraciones, no son derechos. Son motor para los humanos, pero no son derechos. Lo presento como un arco: si en una punta del arco hay un derecho, significa que en la otra punta alguien tiene el deber de satisfacer este derecho. Si no lo hace, se le puede recriminar. Ejemplo: yo tengo derecho a ser atendido desde un punto de vista sanitario. En la otra punta del arco estará el deber de la familia, el Estado o la mutua. Lo que vale es el deber. Cuando hay un deber, el deber refuerza el derecho. Si no hay deber, el derecho aquel todavía no es nada. Se está haciendo.

 

– ¿Y nosotros qué deberes tenemos?

– Propongo que nos sintamos con la obligación de respetar la diferencia y luchar contra la desigualdad. Un blanco y un negro son simplemente diferentes. Un torturado y un torturador son desiguales. Hay diferencias que en una sociedad civilizada deben ser respetadas y protegidas. En cambio, las desigualdades, no. La conciencia moral a lo largo de la historia se nos ha ido afinando. Cuando era pequeño, pensaban que atizar collejas a las criaturas era pedagogía activa. Ahora lo encontramos indigno. Lo digo porque a veces lo decimos de las otras culturas que nos venden y creemos que se deben afinar. Seguro, pero la nuestra también.

 

– ¿Hay culturas superiores a otras?

– No lo creo. Creo que en los códigos morales hay puntos que son superiores a otros. Por ejemplo, los que todavía aceptan la ablación de clítoris están en una situación que considero inferior que los que no la aceptamos. Pero piense que otras culturas tienen objeciones que hacernos. He estado muchos años trabajando con africanos que llegaban a Girona, y un día un amigo africano me dijo que se llevaba a su hija a su país, yo le dije que no lo hiciera, y me contestó que cómo podía dejar la su hija en un país donde a los viejos los encierran en asilos. Me pareció de una finura espiritual extraordinaria. Aunque pienses que tu sistema moral tiene más elementos buenos que otro, no quiere decir que tú seas mejor que el otro.

 

– En el último capítulo del libro se enfrenta a la realidad de la muerte, incluso de la suya. Usted tuvo un accidente grave.

– Gravísimo. En el año 2011 me operaron cinco veces, dos a vida o muerte. Tuve la suerte de que no me afectó la cabeza ni la espalda ni la columna. Y lo he podido ir superando. Somos pequeños, y por eso me hacen reír todos aquellos que creen que son importantes. ¿Somos conscientes de eso? Si nos damos cuenta, nuestro planteamiento vital será muy diferente. Cojo una idea de Ferrater Mora, a quien quería mucho. Él habla de la muerte como cese de la vida. Lo que la muerte nos dice es que la vida es importante. Que conviene que no cese, que sea tan interesante y tan bonita que incluso nos pese que cese. La muerte no es importante por sí misma. Lo que es importante por sí mismo es la vida. Por eso, cuando se nos muere un ser querido no podemos hacer ver que todavía está presente. Se ha muerto. No me meto ahora en si hay otra vida, hablo de los que estamos aquí. Lo que nos queda es la ausencia. Por eso me alarmo cuando en un funeral la gente habla con el muerto de tú. No, ya no está, no nos oye. Celebremos lo que hacía. Recordemos los chistes, celebremos las fiestas que celebraba. Tengamos su memoria.

 

– ¿Qué problema hay en celebrar la presencia del recuerdo, de los hijos que tuvo, los árboles que plantó, de los libros que escribió?

– Pero esto es la ausencia, seamos conscientes de ello. El libro sí está, pero la persona está ausente. Yo valoro la ausencia de mi padre. Es que eso es muy importante. Si no, resulta que tenemos tanta presencia cuando estamos vivos como cuando estamos muertos. Qué cosa tan extraña. ¿No damos importancia a la presencia cuando estamos presentes?

 

– Pero la presencia es bonita, y la ausencia es triste.

– No tiene por qué serlo. Lo que estoy valorando es lo que tú significas a pesar de no estar aquí. Esto es lo que quiero decir con la ausencia. Claro que lo valoro, que te tengo presente. Y trato de amarte de manera diferente que cuando estabas. Lo que yo deseo es que cuando muera alguien piense que mi ausencia puede ser querida, valorada. Mi presencia es ahora, no después.

ARA