A raíz de la salida de la cárcel del preso político Arnaldo Otegi, el coordinador general de la delegación catalana del PP, Xavier García Albiol, ha dicho que no sólo es una “triste noticia” sino que le provoca “indignación y asco ver cómo políticos catalanes se arrodillan y le rinden honores”. Son palabras que no sorprenden, conociendo su ideología y el tono tabernario que le caracteriza. Al señor García Albiol, naturalmente, no le gustó nada que personas de trayectoria inequívocamente democrática como Lluís Llach o el senador Santi Vidal fueran a recibir Otegi el día de su liberación. Más que nada por el montón de medios de comunicación que se hicieron eco del asunto.
Es muy feo, claro, que el mundo vea que, como denuncia Amnistía Internacional, las libertades civiles en España están restringidas y que encarcela a la gente en función de sus ideas políticas. La prohibición de que Cataluña pueda expresarse a través de un referéndum, así como las querellas criminales con amenazas de prisión contra los políticos catalanes que el 9 de noviembre de 2014 pusieron las urnas al servicio de la ciudadanía, son sólo una pequeña muestra del paroxismo absolutista de un estado que se niega a aceptar que en el siglo XXI y en el marco de la Unión Europea todas las ideas son legítimas siempre que se defiendan pacífica y democráticamente.
Sin embargo, dado que el señor García Albiol manifiesta su repugnancia por las personalidades catalanas que apoyan a Otegi, el hombre que ha hecho posible que ETA haya abandonado la lucha armada, será cuestión de decirle qué es lo que nos provoca repugnancia a los demócratas. La lista podría ser infinitamente más larga, pero la sintetizamos así:
A los demócratas nos repugna que el Gobierno español utilice el fantasma de ETA para restringir las libertades sociales y criminalizar al independentismo; ocultan que el Gobierno nos imponga leyes fascistas, como la ley mordaza, que nos devuelven a los tiempos del franquismo; ocultan que no haya ningún franquista en prisión ni ningún terrorista de los GAL; ocultan que se practique la tortura a ciudadanos desafectos al absolutismo español; ocultan que el gobierno español condecore a nazis y se niegue a declarar nulo el juicio sumarísimo que conllevó el asesinato del presidente Companys por el solo hecho de ser el presidente de Cataluña; ocultan que el PP no haya renegado de su fundador, un conocido fascista que debería haber sido juzgado por un Tribunal Penal Internacional por crímenes contra la humanidad; ocultan que el PP y el señor García Albiol violan los derechos humanos amordazando al pueblo catalán; ocultan que el PP y el señor García Albiol se nieguen a condenar el franquismo, que, como es sabido, ha sido una de las formas más sangrientas de terrorismo; nos repugnan, en definitiva, los políticos que, como el señor García Albiol y la señora Sánchez-Camacho, se pasean por la calle repartiendo prospectos racistas contra la gente de otros pueblos, como el pueblo rumano. Somos alérgicos a todas estas cosas porque entendemos que constituyen la antítesis de los elementos básicos que todo Estado de derecho requiere para legitimarse democráticamente y para garantizar las libertades de sus ciudadanos.
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