En un texto de hace tres meses, cuando la directiva del FC Barcelona comunicó que no recurriría la multa de 30.000 euros que le había impuesto la UEFA por las esteladas exhibidas durante la final de la Champions, en Berlín, escribí que la decisión me parecía tan vergonzosa como la multa en sí misma y preguntaba al señor Bartomeu: “¿Qué hará el Barça cuando la multa se multiplique? ¿Prohibirá la libertad de expresión de los socios? ¿Convertirá en delincuentes a los propietarios del club? Pues bien, como ha dicho recientemente Luis Enrique, la bola se ha hecho más grande. Ahora la directiva del Barça nos quiere hacer creer que todo ha terminado y que la UEFA ha dado marcha atrás. Pero no es verdad. Simplemente se ha producido una pausa porque hay un recurso presentado -un recurso hecho más por la presión social que por deseo de la directiva- sin que ello quiera decir que ya no se seguirán abriendo expedientes por las esteladas, por los silbidos al himno de la UEFA y por los gritos de ‘independencia’. El testimonio gráfico que recogieron los delegados de este organismo en el Camp Nou el día del partido con el Bate Borisov tenía por objetivo fundamentar justamente estos expedientes.
¿Y entonces qué?, se preguntará mucha gente. ¿Qué hacer frente a los ataques totalitarios de la UEFA contra la libertad de expresión? ¿Quién es la UEFA para negar el derecho de la gente a lucir un símbolo de su país perfectamente cívico y legal? ¿Quién es la UEFA para prohibir que el público grite ‘independencia’ en el minuto 17:14 de los partidos del Barça? ¿Nos lo dice una entidad que en el Google aparece asociada al término ‘mafia’ en 637.000 entradas? ¿Es esa misma entidad la que nos lo dice? El Barça, señores, es propiedad de los socios, y los socios se expresarán dentro de su casa como les apetezca.
Sin embargo, sería ridículo pensar que la actitud de la UEFA responde a un interés específico de esta entidad. Sobre todo teniendo en cuenta los años que hace que las esteladas son una constante en el Camp Nou y que han sido muchos los jugadores que las han paseado sin ningún problema. Mira por donde, ahora que las esteladas no están sólo el Camp Nou, sino que están en toda Cataluña, ya sea en viviendas particulares, ayuntamientos o plazas públicas, y ahora también que el gobierno español y una entidad de ultraderecha y supremacista española como Sociedad Civil Catalana han visto con rabia que no las podían prohibir, resulta que la UEFA decide intervenir. Caramba, qué casualidad. Pues no, no es ninguna casualidad. No hay que ser ninguna lumbrera para saber quién se esconde detrás de esta persecución. No es la UEFA quien no soporta las esteladas, es el gobierno español.
Es más sencillo de lo que nos quieren hacer creer. El ultranacionalismo español es antidemocrático por definición y no soporta que el mundo vea que la realidad catalana es completamente diferente de la que explican Mariano Rajoy o García-Margallo. Si el mundo no la ve, ya respiran tranquilos. Y para que esta realidad quede escondida, no dudan en fabricar leyes absolutistas que criminalicen, prohíban y enmudezcan la disidencia. Incluso -con una foto al lado de Ciudadanos y el Partido Socialista, las otras dos piezas del tridente- han intentado prohibir que el Parlamento de Cataluña pudiera debatir sobre la independencia. Son alérgicos incluso a la posibilidad de que la gente pueda hablar.
Pero hay otro elemento a tener en cuenta en relación con la persecución de las esteladas. De hecho, esto solo, ya ofrece un retrato bastante diáfano de esta directiva. Me refiero al nombramiento de Albert Soler como jefe de relaciones institucionales deportivas del FC Barcelona el 10 de junio de 2014. Justo el mismo personaje que en la época de Zapatero, cuando era Secretario de Estado para el Deporte de España, ya se pronunció totalmente en contra de las selecciones catalanas. Dijo que “Cataluña no puede competir contra España, porque una parte no puede jugar contra un todo”. Soler, por otra parte, es miembro de Sociedad Civil Catalana.
Precisamente la entidad ultranacionalista española que más se ha significado por el odio a las esteladas. Este es, pues, el hombre al que Josep Maria Bartomeu y su junta, además de situarlo por encima del jefe de gabinete, del director de comunicación y del director de relaciones institucionales y protocolo, le han confiado las gestiones para que las esteladas dejen de estar perseguidas (!). Para decirlo lisa y llanamente: es la mano derecha de Bartomeu. Como si dejáramos un banco de sangre al cuidado del conde Drácula. Llegados aquí, sólo queda decir que el hecho de que a estas alturas Albert Soler aún no haya sido destituido ahorra todo comentario sobre lo que se puede esperar de la actual directiva del FC Barcelona.
EL MÓN







