Si bien no ha habido sorpresas y que PP y Ciudadanos, como partidos ultranacionalistas españoles que son, votaron en contra, el debate que se produjo en el pleno del Ayuntamiento de Sant Cugat, a raíz de la moción en favor de la anulación del proceso al presidente Companys, fue una constatación. Constató en el sentido de ver -por si había alguien de buena fe que no lo supiera-, que Franco murió en 1975, pero no el franquismo. El franquismo está muy vivo, aunque se haya visto obligado a guardar la “camisa azul” en el armario, y sacar una de Armani.
Alemania y Francia han pedido perdón por haber detenido y propiciado el fusilamiento del presidente de Cataluña. España, en cambio, se niega. Eso ya lo dice todo. Alemania incluso indemnizó a Carmen Ballester, su viuda. España sigue considerando legales el juicio sumarísimo y su asesinato. En Alemania es delito la apología del nazismo, en España no es delito la apología del franquismo. En Alemania es impensable una Asociación Adolf Hitler, en España hay una Fundación Francisco Franco. Esa fundación, que está subvencionada por el Estado, vende lotería de Navidad terminada en 36 y 39 “en honor a la Cruzada de Liberación”.
Aldo Ciprián, de Ciudadanos, justifica el voto en contra porque le parece “un debate estéril” y “una pérdida de tiempo”. Restablecer la dignidad de un presidente asesinado por el fascismo le parece “estéril” y “una pérdida de tiempo’. Esta es la gente “regeneradora” que dice que quiere gobernar España. Y Álvaro Benejam, del PP, aduce que en la otra parte también se cometieron crímenes. Como si una cosa justificara la otra. Recordemos que Companys, aunque salvó la vida a un montón de franquistas, fue fusilado porque era el presidente de Cataluña y que, con su muerte, se quería fusilar simbólicamente la nación catalana. Lo más grave, sin embargo, es que nos lo dice el partido que fue fundado por el hombre que era la mano derecha del criminal dictador que ordenó aquel fusilamiento, y el partido, también, que a día de hoy sigue negándose a condenar el franquismo. Sin embargo, ya hemos dicho que no es sorprendente. Ciudadanos y PP son el aval de hoy a un régimen de ayer. Si es que decir “ayer” no es irse demasiado atrás. Qué placer, sin embargo, recordar el resultado de las últimas elecciones municipales en Sant Cugat y ver que de veinticinco concejales posibles, Ciudadanos y PP sólo tienen cuatro. Un placer, sí señor.
SANT CUGAT
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