Continuando con un persistente dualismo moral, Amitai Etzioni nos propone una Tercera Vía basada en el comunitarismo, aunque como bien percibiera Jung el “tres es el uno vuelto perceptible”. Tal vez, sea ésta la verdadera solución al enigma trinitario del que habrá de formar parte hasta la mismísima dialéctica hegeliana. Afirma este pensador que mientras las comunidades basan sus relaciones entre las personas (Yo-Tú, nos dirá), contrariamente el mercado y hasta el Estado vienen fundamentando la relación como meramente instrumental (entre el Yo y la Cosa); aunque hayamos de matizar, tal y como nos advierte Josep Ramoneda cómo esa Tercera Vía ensayada en el campo político por Tony Blair tan sólo condujo a un “thatcherismo de rostro humano”, viniendo a confirmar el progresivo hundimiento de la socialdemocracia europea. No es, por tanto, de esta última vía de la que tratemos, o al menos no en su faceta socioeconómica, aunque, si bien es cierto, el mismo Etzioni, desde el breve ensayo titulado La Tercera Vía hacia una buena sociedad (propuestas desde el comunitarismo), nos alerte de esta interesada desviación debida a la apropiación por aquellos otros, encabezados por Anthony Giddens, de un concepto ciertamente hegeliano que él mismo inicialmente apadrinara. Por lo que no descubriremos tampoco nada si como afirma su prologuista, José Pérez Adán, en el pensamiento de Etzioni la Buena Sociedad deberá de contar con la equilibrada acción de sus tres principales actores: estado, comunidad y mercado. La diferencia entre unos y otros más bien parece radicar en el lugar donde se ponga el acento. Y el del comunitarismo proviene de dos reconocidas fuentes experienciales en el mencionado autor: la de la puesta en práctica del kibutz (granja colectiva) israelí, y la de su contacto con el pensamiento del filósofo judío Martin Buber donde lo que verdaderamente cuenta es considerar al hombre como un fin en sí mismo.
De lo mencionado con anterioridad da ciertamente la sensación de que cuando no se sabe qué hacer siempre se puede recurrir a una tercera vía. Forma parte de la construcción trinitaria del método dialéctico (tesis<>antítesis=síntesis) suponer que tras de lo uno y de lo otro se esconde una tercera alternativa. Una denodada búsqueda de lo absoluto, o al menos de una solución definitiva a la problematicidad del fenómeno humano que Roger Garaudy detectara en el método de pensamiento hegeliano cuando afirma el que: “Una verdadera construcción de lo absoluto exige que no se sacrifique ni la unidad ni la totalidad, ni las determinaciones ni las oposiciones (…). Piensa Hegel que no se puede partir de la materia para extraer de ella la conciencia ni de la pura autoconciencia para deducir la materia. Más allá del materialismo mecanicista y del idealismo subjetivo, Hegel busca en la perspectiva del idealismo objetivo un método que dé cuenta de la totalidad de lo real”.
No creo sea exactamente éste el caso de la vía comunitarista propugnada por Etzioni, mas sí que la misma pueda darnos interesantes aportaciones en línea con la problemática del orden y sentido hacia donde se orienta el unidireccional movimiento del devenir organizativo de las variedades societarias específicas de lo humano al afrontarla desde el previo siguiente: “Cuando descubrimos valor en la creación o la contemplación de una obra artística, musical o en cualquier otra expresión de cultura, o cuando nos dedicamos a aprender por puro placer, nos encontramos en el reino de los fines. Por contraste, cuando comerciamos con todo eso nos posicionamos en el reino instrumental, el cual es legítimo en la medida en que no se entrometa -o menos aún domine -en el de los fines”.
Siguiendo con el mismo orden de cosas, este autor habrá de considerar que aunque el principio ético del que el hombre debe ser tratado como un fin es ampliamente aceptado, éste se realice en marcos inadecuados, siendo el de la comunidad donde más adecuadamente se encuentra institucionalizado en menoscabo del estado y el mercado. Y llama la atención sobre situaciones paradójicas como aquellas que garantizando la subsistencia del penado en todas sus necesidades básicas se las nieguen asimismo a la propia ciudadanía: “Debemos tratar a los miembros de la comunidad que cumplen con la ley al menos tan bien como tratamos a los prisioneros de guerra y a los encarcelados, a todos los cuales se les garantiza dichos bienes”. A saber, comida, alojamiento seguro, vestido y asistencia sanitaria. Lo que él mismo denomina como mínimo básico satisfactorio.
En tal sentido, una de las cuestiones que más destacaría en este autor es la defensa que hace de la obligación para con el ser humano en su identidad misma, realzada por la siguiente afirmación dirigida hacia quienes gestionan la cosa pública: “Y si hay alguien que abuse del sistema, una buena sociedad considerará esto como el precio insignificante que hay que pagar para no negar a nadie su condición de ser humano”. Por lo que en modo alguno es de extrañar que se reconozca, sintiéndose reflejado como en un espejo, en el pensamiento del cual en buena medida es deudor, el de Martin Buber, contemplando el mundanal bicameralismo compuesto por naturaleza y política que ambos pensadores judíos de origen centroeuropeos concitasen mediante la relacional puesta en escena entre el Yo-Tú y del Yo con las cosas tal vez al modo como posteriormente lo haga el antropólogo Bruno Latour; por una parte, aquella de la voluntad del aprovechamiento, la de la economía, y, de la otra, aquella de la voluntad del poder, el Estado. Al fin y al cabo, en la expresión del fenomenólogo alemán Eugen Fink: “El hombre existe como relación, como relación consigo mismo, con los hombres que lo acompañan y con el mundo cósico en torno. La compresión de sí mismo está unida a la comprensión del otro; la persona trata consigo misma, con las personas que lo rodean y con las cosas que son meramente cosas”. Algo, en todo caso, no muy diferente de lo defendido desde muy distintas ópticas por los pensadores anteriormente mencionados dando pie a la cada vez más imperiosa necesidad de reflexionar sobre una situación en la cual hombre y humanidad se ven desplazados en la creencia hasta hace bien poco vigente de su hegemónica centralidad que Etzioni pretende reparar desde el “buenismo” societario.
Sin embargo, deberemos apreciar en el comunitarismo de este autor un principio del que nuestro pueblo ha sido ejemplo, concierto y cupo incluidos, no siendo éste otro que el ahora mismo cuestionado por el Estado de la subsidariedad, “según el cual la responsabilidad de toda situación pertenece, primero, a aquellos que están más cerca del problema. Sólo en el caso de que el individuo no pueda encontrar una solución la responsabilidad pasará a la familia. Sólo en el caso de que la familia no pueda resolver la situación participará la comunidad. Sólo en el caso de que el problema rebase a la comunidad deberá participar el Estado”.
NOTICIAS DE NAVARRA








