Ayer la CUP comunicó de forma oficial a la presidenta del parlamento que no investirá a Mas ‘en ninguna de las votaciones”. Teniendo en cuenta que esto ya no son unas declaraciones de prensa sino el posicionamiento formal y oficial de los anticapitalistas tendremos que asumir, pues, que Juntos por el Sí no conseguirá en ningún caso los votos necesarios para formar gobierno y por lo tanto nos veremos abocados a nuevas elecciones en marzo, tras la disolución automática de la cámara.
La situación requiere una cierta frialdad a la hora del análisis porque ciertamente es muy decepcionante. No se trata de repartir culpas ni de saber quién podría hacer algo más de lo que hace. Simplemente hay que constatar que hay una aritmética que convierte lo que sobre el papel era una mayoría independentista en nada. Juntos por el Sí tiene 62 diputados y por tanto no puede formar gobierno por sí solo. Algunos pensábamos que el hecho de que la CUP fuera independentista y tuviera 10 más facilitaría un acuerdo. Pero ya se ve que no.
Evidentemente nadie puede obligar a la CUP a votar a Mas después de que este partido basara en eso la campaña. Pero tampoco nadie puede obligar a Juntos por el Sí a proponer un candidato diferente exactamente por la misma razón. La CUP dice que ellos no pueden cambiar de posición pero resulta muy extraño que no entiendan que esta es exactamente la situación que tiene Juntos por el Sí. Con un agravante: que Juntos por el Sí ganó claramente las elecciones y no parece por ello demasiado lógico que para satisfacer las demandas de un grupo que obtuvo diez diputados acepte ahora retirar al candidato a presidente que una mayoría minoritaria, pero mayoría al fin y al cabo, de catalanes votó.
El bloqueo es completo, pues, y nos aboca de forma inevitable a unas elecciones adelantadas en marzo. Unas elecciones en las que, en todo caso, los ciudadanos tendremos la oportunidad de rectificar nuestras votaciones y nuestros posicionamientos de septiembre. Vista la indignación que detecto en la calle es evidente que uno de los dos grupos, o quizás ambos, serán duramente castigados por los electores y esto facilitará una nueva aritmética parlamentaria que resuelva el problema. Ya veremos, sin embargo, en qué dirección va el resultado, que hoy no creo que nadie lo pueda prever…
En mi opinión ahora de lo que se trata es de calmar la indignación, asumir el nuevo escenario y tratar de pasar en las mejores condiciones posibles las difíciles semanas que tenemos por delante, con elecciones españolas por medio y todo. Unas elecciones donde la CUP no se presentará y donde CDC y ERC irán por separado, parece que a iniciativa, poco comprensible también por cierto, del partido de Artur Mas.
Y en este asumir la situación ‘incluyo dejar de pensar inmediatamente en términos de que existe una mayoría independentista que en la práctica no está. O que es tan poco real como la también evidente mayoría de izquierdas que se podría formar si sumáramos los votos de ERC y socialistas soberanistas (22), la CUP (10), el PSC (16), Cataluña Sí se Puede ( 11) y los siete de los once independientes de Juntos por el Sí, claramente alineados a la izquierda.
Ante una suma de las izquierdas como ésta todos dirán inmediatamente que aunque la aritmética la haga factible el hecho es que políticamente hoy es imposible y por tanto estaríamos hablando de una mayoría impracticable. Pues lamentablemente esto es lo mismo que podemos decir de la mayoría basada en los partidos que proponen la independencia. Porque lo que está fuera de toda discusión es que la cifra no vale de nada si no hay voluntad política de utilizarla. Que es allí donde estamos.
(VILAWEB)









