La animosidad histórica contra las instituciones vascas es endémica. Esta es una peculiaridad patológica del alma carpetovetónica. Algo privativo de un país como Castilla o España.
Sabido es, que España construyó su cacareada unidad, imponiéndose al resto de los pueblos de la península con armas y amenazas.
En la génesis de este mejunje que hoy llamamos España, hay, aparte de ese gen violento aludido, grandes contradicciones, inexplicables paradojas. Me explicaré.
En el apartado VI de la Constitución de Cádiz –la emblemática Pepa…-, se hace una inusitada apología de las Instituciones vascas: ”La constitución de Navarra –el fuero-, ofrece un testimonio irrefutable contra los que se obstinan en creer extraño lo que se observa hoy en una de las más envidiadas y felices provincias del Reino. Las Cortes de Navarra tienen gran autoridad. Ninguna ley puede establecerse sin que ellas la consientan libremente…Principal objeto de la Diputación es pedir contra fuero en toda disposición que sea contraria a los derechos y libertades de Navarra. La autoridad del poder judicial, es independiente de la del gobierno…etc…etc”
Contradictorio es, que a continuación y unilateralmente, sin consultar para nada a los navarros, “La Pepa” decrete la abolición de los fueros.
En este orden de cosas, resulta paradigmático, que se instituya en esta “nueva España”, un único sujeto político: “el pueblo español”. Absolutamente tendencioso que sin aclarar el concepto de pueblo, se afirme rotundamente “que la soberanía reside en el pueblo”. Falacia desleal es, que nuestros fueros, nacidos de la voluntad soberana de los hijos de Vasconia, sean considerados como privilegios.
Cualquier jurista medianamente honesto, sabe que la esencia jurídica de nuestros fueros, se nutre del derecho consuetudinario y romano, entroncado en la especificidad inequívoca del derecho pirenaico. Así que confundir derechos con privilegio, craso error…
Como quiera que sea, esa animosidad ya endémica de los españoles contra los vascos –o catalanes-, llámese Pepa, traición de Bergara, ley paccionada, Gamazada, sedición del 36, harta hasta la náusea.
Y vuelven, ¡toma hartazgo! –moscas indecorosas ellos-, los arrebatos unitarios del antiforalismo –gaviotos, rojerillas, magentas, naranjeros de “ciudadans”, etc.
Y nos viene la sociata de Triana por peteneras, “modulando el cupo”, dizque “esta comunidad -digamos Vasconia-, está recibiendo más fondos que otras para la prestación de servicios públicos y ha abogado por evitar “privilegios” entre territorios”.
O sea, de que cierta España, esté hecha unos zorros, tenemos la culpa los vascos. El espíritu de los eres, el latifundismo, la siempre anhelada y nunca emprendida reforma agraria, la desidia emprendedora de tantos gobiernos, las megalomanías etc., etc., nada, “peccata minuta”.
Sobre el hecho, de que los vascos estemos recibiendo más fondos, doctores hay que lo aclararán en un especio más adecuado.
Yo no se que se estará cociendo en las mentes de los políticos españoles que tratan de engatusarnos con una nueva constitución. Ignoro si tratan de remozarla para que nada cambie. Me cuesta creer que procedan democráticamente partiendo de un proceso constituyente, absolutamente impecable.
Lo que si hemos de tener bien claro todos los vascos, es que si en la carta magna que se fabrique, no desaparece el concepto de “unidad constitucional”, ¡dese usted por…!
Ese sacratísimo icono de la unidad constitucional, ha sido la sempiterna enemiga de nuestro sistema foral. Ya es hora de que a los viejos políticos herederos del franquismo, les entre la sindéresis. Ya es hora de que acepten, de que por encima de cualquier “unidad”, impuesta “manu militari”, a sangre y fuego, está la voluntad de los ciudadanos. No existe otro derecho justo.
Y que mientras el “pueblo español” sea el único sujeto político, mientras apostille nuestro sistema foral con esa maldita acotación: “sin perjuicio del ordenamiento jurídico español, siempre estaremos en peligro y en conflicto. Son demasiados siglos agobiados por nuestros vecinos, que para eso tenían las armas, que no la razón.
Si el estado español, quiere refundarse con ciertas garantías democráticas y reconciliadoras, tendrá que aceptar la voluntad de todos los ciudadanos de todos sus pueblos.
Hemos de estar bien atentos y con nuestras propuestas bien claras y estudiadas, en previsión de lo que parece que se avecina…









