Es insólito que un psicólogo gane el Nobel de Economía. Pasó en 2002 con Daniel Kahneman y no ha vuelto a pasar. Según él, el pensamiento humano tiene dos sistemas que conviven e interaccionan. El Sistema 1 actúa de manera rápida, con poco control, sin mucho esfuerzo y a menudo de forma automática. El Sistema 2 actúa a través de actividades realizadas con atención, es más lento, pide más esfuerzo y se asocia a actuar, elegir y concentrarse de manera explícita y voluntaria.
Cuando el Sistema 2 actúa y requiere un esfuerzo importante, nos vuelve ciegos para realidades que nos pasan por delante, no las vemos. El Sistema 1 nos permite captar la realidad aunque el análisis de lo que nos llega sea limitado o nulo y nos pueda llevar al error.
El hombre es naturalmente perezoso, el Sistema 2 está la mayor parte del tiempo desconectado, para movilizarlo tenemos que hacer un esfuerzo, nos lo tenemos que proponer. La consecuencia es que la mayoría de las percepciones procedentes de los sentidos vienen a través del Sistema 1 y siendo éstas las primeras nos dejan a menudo una impresión que puede ser duradera y que el Sistema 2 con esfuerzo y tiempo puede corregir… pero no siempre.
El Sistema 1 es la puerta de entrada a nuestro pensamiento, a nuestra conciencia. El Sistema 2 está en el fondo de nuestra mente y no muestra a menudo interés en interactuar con la realidad que nos rodea, a no ser que nuestra voluntad lo llame y despierte. El Sistema 1 hace continuamente sugerencias al Sistema 2 a través de impresiones, intuiciones y sensaciones. Si estas impresiones son aprobadas por el Sistema 2 se vuelven creencias contrastadas o acciones voluntarias pero es importante que esta actuación del Sistema 2 sea para hacer de filtro de las impresiones a través de la racionalidad; si esto no ocurre aquellas se pueden convertir en fés, tabúes y obsesiones.
Un experimento realizado en un grupo de estudiantes de Harvard y el MIT, de capacidad intelectual probada, permitió conocer los límites del Sistema 1 y 2. Se les hizo una pregunta: una raqueta y una pelota valen $ 1,10 y la diferencia de precio entre una y otra es de $ 1. Cuánto valen la raqueta y la pelota? La respuesta irreflexiva que dio el 50% de los estudiantes, Sistema 1, fue: la raqueta vale 1 $ y la pelota, 0.1 $. Falso: la diferencia de precio sería 0.9 $. La respuesta correcta es $ 0,05 y $ 1,05. La primera respuesta es el resultado típico del Sistema 1, es el Sistema 2 el que resuelve el problema en realidad bastante trivial, pero es un hecho que la intuición, la asociación de ideas y la falta de reflexión puede llevar al error.
Para juzgar una frase hay que empezar por creerla, debemos saber vagamente qué significaría si fuera cierta, es entonces cuando podemos analizarla y llegar a la conclusión de si es cierta o falsa. La creencia es del dominio del Sistema 1; el análisis, del Sistema 2. El Sistema 1, intuitivo y no reflexivo, puede llevar a creer frases que no tienen sentido, que están vacías de contenido pero que nos aportan ideas que asociamos a otras que tenemos en la memoria. Todo ocurre de manera difusa y es sólo cuando aportamos racionalidad, Sistema 2, cuando llegamos a aceptarla como cierta o rechazarla por falsa. El cansancio y la sobrecarga y el esfuerzo de nuestro Sistema 2 puede hacer a veces que nuestra percepción, y sobre todo juicio de la realidad, nos lleve al error, el Sistema 2 actúa siempre a través del esfuerzo y si no puede hacerlo por agotamiento es fácil hacer creer que una idea es cierta no siéndolo.
Salimos de una campaña electoral intensa en la que los candidatos nos han repetido y repetido hasta la obsesión mensajes más en el nivel del Sistema 1 que en el del 2. A menudo lo dicho eran eslóganes, es decir mensajes para ser captados sin ulterior análisis… Esta era la intención explícita pero no declarada porque debían sernos “vendidos” como producto de la reflexión y el análisis.
Cuando la experiencia política de la democracia, es decir, de elegir y optar entre alternativas contrapuestas con libertad, es escasa, pasa en las democracias jóvenes como la nuestra, el ciudadano se mueve más por ideología, por simpatía, que por interés, es más por la fe y la ilusión que por la racionalidad y el contraste. Es por eso que había candidatos que bailaban y utilizaban mensajes para mover a la simpatía, a la proximidad y a la complicidad.
La inmensa mayoría de los mensajes escuchados en la campaña electoral no iban a hacer pensar al elector sino a hacerle sentir emociones, miedo, esperanza e ilusiones. Es legítimo pero no necesariamente ético, aunque en campaña electoral todo vale para ganar votos…
EL PUNT-AVUI








