He escrito el título de este artículo en italiano no porque todo suena bien en esta preciosa y melódica lengua, sino porque la experiencia ‘Lugares de valor’ que quiero comentar se puso en marcha en Italia, concretamente en Treviso, en la sede de la Fondazione Benetton Studi Ricerche, la fundación más importante y prestigiosa de Europa dedicada exclusivamente a la temática del paisaje.
Todo comenzó en 2006, a raíz de una iniciativa de Domenico Luciani (en ese momento director de la Fondazione y verdadera alma del proyecto, junto con Simonetta Zanon), Paolo Rumiz (periodista del diario La Repubblica) y Lionello Puppi (entonces presidente del jurado del Premio Internazionale Carlo Scarpa para il Giardino). Se trataba de identificar y localizar los lugares que, para la gente, tienen algún tipo de valor y de averiguar las causas. He aquí una gran búsqueda colectiva, comunitaria, participada y muy innovadora en que la enorme cantidad de ciudadanos que decidieron participar se implicaron a fondo, colaborando con los expertos que la coordinaban. Se partía del convencimiento de que los seres humanos tenemos una necesidad casi existencial de crear lugares en el espacio y de imbuirlos de significación. ¿Pero cómo lo hacemos? ¿Cómo se genera el sentido del lugar? ¿Por qué unos lugares son más importantes que otros para nosotros? ¿Por qué les damos un valor? ¿Y por qué este valor varía según las personas en función de un montón de variables de tipo personal, social y cultural? Hay pocos proyectos de investigación tan completos, tan concretos, tan sistemáticos y tan ambiciosos que intenten, como este, acceder al complejo y apasionante mundo de la creación de lugares. Y que, además, lo hagan con la gente, con los mismos participantes.
Año tras año y durante casi una década se han organizado en la provincia de Treviso exposiciones, debates, jornadas y salidas sobre el terreno, siempre con el objetivo de promover la reflexión sobre el vínculo universal persona-lugar y comunidad-lugar, muy en línea con la filosofía que se desprende del Convenio Europeo del Paisaje. Cientos de personas anónimas, ciudadanos normales y corrientes que no representaban a nadie más que a ellos mismos, han participado activamente en la experiencia, señalando y describiendo sus lugares preferidos y explicando a los expertos el porqué de esta elección. La relación del individuo con el lugar señalado puede ser de carácter muy diverso, en función del tipo de vinculación que mantiene; y el mismo lugar elegido es también enormemente diverso: una casa, una escuela, una esquina, una calle, una plaza, un descampado, un árbol, un bosque, unas ruinas, un prado, un espacio abierto, un tramo de río, un lugar aparentemente inverosímil, etc., etc. Casi nunca, sin embargo, son los valores patrimoniales, históricos, artísticos o ecológicos los que condicionan la elección, a diferencia de lo que cabría esperar de antemano. Influye mucho más la memoria personal, las experiencias vividas, la vinculación a estos sitios de las generaciones pasadas.
Se han utilizado las fichas y los formularios para la misma fundación, pero también otro tipo de materiales, como fotografías, audiovisuales, mapas y textos. Los promotores lo han introducido todo ello en una gran base de datos y han conseguido así una información cuantitativa y cualitativa muy difícil de conseguir a través de otros canales más convencionales. La participación de estos ciudadanos en los encuentros organizados facilitaba que se conocieran entre ellos y confrontar sus predilecciones y motivaciones.
‘Luoghi di valore’ conecta muy bien con una corriente de fondo cada vez más extendida que reclama una nueva manera de relacionarnos con el entorno que nos rodea. En el proyecto se han ensayado nuevas formas de democracia participativa y de pedagogía activa, nuevas vías de patrimonialización, y se ha constatado un claro incremento de la conciencia ciudadana que tuvo efectos prácticos e inmediatos, como la protección de las viejas viñas de Babel (en el municipio de Godega di Sant’Urbano), que fue por un pelo que no fueran arrancadas, o la paralización de la central hidroeléctrica del río Riu, Segusino, cerca de Stramare. Dos ejemplos entre muchos otros que ilustran a la perfección que, al mejorar la información de que dispone la gente -y sobre todo su formación-, se incrementa exponencialmente su sensibilización y su espíritu crítico. En los ciudadanos que han participado en esta experiencia única ha sido patente el deseo de reapropiarse de algún modo del control de sus propios lugares de vida. Sólo por eso ‘Luoghi di valore’ ya ha valido la pena.
ARA








