“¡Me sea Usted cosmopolita, coño!”

España debe ser el único país en el mundo donde una persona que sólo habla una lengua puede mirar con desprecio, condescendencia o repugnancia a alguien que habla cuatro y acusarle de ser poco cosmopolita, ser aldeano. Es decir, donde un monolingüe español (tipo Rajoy, para entendernos) puede considerar que un bilingüe catalán-castellano que además sabe hablar inglés y francés no le llega ni a la suela del zapato con respecto a cosmopolitismo y espíritu universal. Esto ocurre porque hay sectores que han proclamando un indicador único del cosmopolitismo: ser cosmopolita no es sólo hablar castellano, eso lo saben hacer unos y otros, sino proclamar y ejercer la supremacía, la superioridad del castellano respecto a todas las demás lenguas. Las peninsulares, por menores y aldeanas. Las extranjeras, por extranjeras. Si aceptas y cumples este indicador, el único indicador verdadero, todos los demás son menores: interés por lo que pasa fuera, conocimiento de las culturas del mundo, dominio de otras lenguas, plurilingüismo… por el contrario, puntúan a la contra. La medida del cosmopolitismo es el castellano. Ergo, por culpa del nacionalismo catalán Cataluña ha dejado de ser cosmopolita. ¡Tan cosmopolita como era en vida de Franco!

ARA