Emocionar para ganar

La neurología estudia hace décadas el comportamiento, evolución, cambios del cerebro humano. Una ciencia que analiza y desentraña el por qué de nuestro carácter, convicciones, decisiones y evoluciones a lo largo de una vida. António Damásio es, sin duda, uno de los más grandes y más lúcidos autores en este campo, con una de las más grandes y más lúcidas obras en este sentido, “El error de Descartes”. En este estudio, Damásio, defiende una tesis revolucionaria: Descartes se equivocaba con aquello de “pienso, luego existo”, siendo realmente “siento, pienso, por tanto, existo”. El neurólogo portugués dice que no existe una sola de nuestras más importantes decisiones, convicciones y cambios vitales que no nazca de una emoción previa. Que todos nuestros actos realmente relevantes pasan por la parte más primitiva y emocional de nuestro cerebro, el hipotálamo, antes de llegar al neocórtex. Es decir, hasta la más compleja de nuestras ideas y convicciones se genera, pasa y cambia mediante algo tan aparentemente primitiva como la emoción.

Esto nos plantea un dilema y un reto enorme: si no somos capaces de emocionar, no seremos capaces de ganar. Ganar donde nunca y como nunca. Y créanme, es algo a tener muy en cuenta, porque es así como precisamente necesitamos ganar. Donde nunca y como nunca. Si la emoción es el mecanismo de cambio más potente que existe, sólo se cambia mediante la interpelación directa a lo más profundo de nuestra historia vital. La alegría, la rabia, el dolor, la amistad, el amor… sólo si conseguimos activar alguno de estos clics de cambio en todas y cada una de las personas que todavía dudan, ganaremos. Sólo si conseguimos filtrar el conocimiento de un ‘statu quo’ absolutamente injusto y opresor a través de la emoción, conseguiremos convertirlo en voluntad de cambio político. En voluntad de autodeterminarse.

No basta con denunciar hasta la saciedad que 16.500 M€ salen de este país para no volver e imaginar la cantidad de carreteras, hospitales y colegios que se deberían y podrían construir con todo esto. No basta con denunciar hasta la saciedad que hay quien no nos permite votar sobre la base de una constitución inamovible cuando ellos la cambian en una sola noche en el indigno artículo 135 de pago de la deuda por encima del gasto social. No basta con denunciar hasta la saciedad que hay quien no nos permite existir sobre la base de un mundo sin fronteras cuando ellos las construyen muy altas y con cuchillas en lo alto en Ceuta y Melilla. No basta con denunciar hasta la saciedad que hay quien se mofa ante la perspectiva de una República catalana independiente sumida en una “era medieval” cuando ellos gobiernan un Estado con unas cifras tan medievales como 500.000 desahucios, un 32 % de pobreza infantil, 13.000.000 de pobres y 750.000 familias sin ningún tipo de ingreso. No basta con denunciar que hay quien sostiene miserable y absurdamente que un idioma hablado por más de 500 millones de personas en todo el planeta está amenazado en Cataluña. No es suficiente. No es suficiente con base en que hay quien sabe todo esto y todavía duda. Todavía no le produce suficiente daño. No basta con querer interpelar a los más rezagados. Tenemos que poner más corazón, más emoción. Debemos sentir. Debemos saber. Debemos querer. Hemos de poder. Y debemos hacer. Y esto se hace haciendo de la emoción el mayor y más potente mecanismo de cambio político de nuestra historia. Hagámoslo.

Traducción al español de KMG

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