Leyendo estos artículos uno se encuentra a menudo con la dificultad de entender porqué personas inteligentes capaces y cultos pueden escribir de forma reiterada y repetitiva las mismas ideas y conceptos a menudo más sentidos desde la emoción que pensados desde la objetividad. Esto vale para los independentistas y unionistas, es un mal general. Un ejemplo: “Nunca la UE ni los Estados que forman parte de la ONU ni por supuesto España aceptarán la secesión del territorio de un Estado que deliberadamente, sin ni siquiera disimularlo ya que lo proclama en un acuerdo público, incumple la legalidad vigente de este mismo Estado.”, Francesc de Carreras, El País, 1 de abril. Estados que forman parte de la ONU, en Europa, convertidos en independientes en los últimos veinticinco años: Estonia, Letonia, Lituania, Ucrania, Bielorrusia, Eslovenia, Croacia, Bosnia, Montenegro, Serbia, Kosovo, Macedonia, República Checa, Eslovaquia…
En la UE no hay precedente de territorios convertidos en independientes, la afirmación sobre que el hecho suceda o no y cuál sea la posición de la UE es necesariamente especulativa. La toma de posición antes del hecho y una vez éste sucedido, todos sabemos que es diferente. En España, estados convertidos en independientes sin acuerdo con la metrópoli desde el siglo XVII: Flandes, Milán, Nápoles y Sicilia, Portugal, México, Texas, Nuevo México, Luisiana, Florida, California, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Chile, Bolivia, Paraguay, Uruguay, Argentina, Puerto Rico, Cuba, Filipinas, Marruecos, Guinea… Todos, estados convertidos en independientes con conflicto, no con acuerdo, con la excepción de las colonias de Norteamérica que fueron cedidas a México, Francia y los EE.UU., y Guinea, que llegó por pacto.
El contraste entre el primer grupo, estados europeos convertidos en independientes, algunos por la guerra, en los Balcanes, y otros por acuerdo, y el segundo grupo, territorios y colonias españolas llegados a la independencia siempre, menos en un caso, por la guerra, mueve a la reflexión, pero para el autor parecería que lo importante no es más que negar la posibilidad de que Cataluña se convierta en independiente.
España es una democracia desde 1978. Las democracias permiten expresar opiniones y votar opciones. En ocasiones incluso cambian leyes cuando éstas van contra la opinión de una minoría cualificada. La esencia de la democracia, que no la forma, es adaptar las leyes y las opciones políticas a la voluntad de los ciudadanos. Las dictaduras o prohíben a los ciudadanos ciertas opciones políticas o les advierten severamente de las consecuencias de optar. ¿Por qué se comporta España con Cataluña como si fuera una dictadura más que una democracia?, ¿por qué desde hace años no ha sido el gobierno español capaz de ofrecer una sola alternativa que reforzaría y daría argumentos a los partidarios de la tercera vía, que en esencia quieren continuar en España pero de manera diferente a la actual?
Dos Estados democráticos, Canadá y Gran Bretaña, cuando se han encontrado con este problema han llevado la democracia a sus últimas consecuencias y han promovido la votación de las dos opciones opuestas.
Actualmente parece difícil que los unionistas convenzan a los independentistas, y también a la inversa. ¿Por qué, pues, insistir en argumentos que no producirán ningún efecto? Parecería que ha llegado el tiempo de hacer posible que la gente pueda expresar lo que quiere, no de continuar advirtiéndole y aconsejándole qué le conviene. Esta necesidad es doblemente importante dada la incertidumbre del resultado.
Todos los que escriben mil veces el mismo artículo parecería que lo hacen para hacer “propaganda” positiva o negativa sobre la independencia, a menudo intimidatoria y en pocas ocasiones sugerente, o bien porque es una manera de liberarse de las pasiones que se rebelan dentro de un mismo cuando se constata que hay otros ciudadanos que piensan diferente. Esto es indemostrable; ¿quién sabe qué hay dentro de la cabeza y del corazón de las personas?, pero si fuera el caso, esta pasión tiene un nombre: intolerancia.
EL PUNT – AVUI







