Cuando ya pensaba en la Solución Final, Hitler soltó: “¿Y quién se acuerda, del exterminio de los armenios?”. Efectivamente, el régimen de los llamados Jóvenes Turcos se había cuidado de borrar el asesinato de más de un millón y medio de armenios de Anatolia entre 1915 y 1918. El genocidio armenio es el primero planificado y ejecutado mediante mecanismos jurídicos y técnicos que hacen legales deportaciones, confinamientos y exterminios en masa. Todo ello con orden; con un método. El Estado otomano estigmatizó en nombre de la seguridad nacional la simpatía de las élites armenias por los aliados en la Primera Guerra Mundial, y el escenario bélico sería aprovechado como un inmenso andamio para ocultar los crímenes y articular la impunidad de los criminales. Del mismo modo, la Segunda Guerra Mundial serviría al nazismo para desenfocar el asesinato de seis millones de personas perpetrado con una logística de transporte-deportación, y un sistema de extracción de la fuerza de trabajo -hasta la muerte- casi meticuloso . De Auschwitz a Mauthausen, la tecnología fue aliada de la muerte, y se puede decir que el nazismo puso métodos industriales al exterminio ideado por los Jóvenes Turcos.
Tanto el genocidio armenio como el Holocausto judío fueron movidos por dogmas ideológicos que vivían la existencia de estos colectivos de diferentes como una amenaza para la materialización de delirios territoriales e identitarios. Una pulsión también localizada en el núcleo de fanáticos hutus que en 1994 desencadenó en Ruanda el asesinato a machetazos de cientos de miles de tutsis. Pero cuenta que los verdugos también mataron miles de hutus moderados, gente de su propia comunidad. En un genocidio, pues, confluyen racismo y furia por la hegemonía ideológico-política. Stalin desencadenó el terror para someter nacionalidades rebeldes -como Ucrania, o Txetxenia– pero sobre todo para eliminar el desafío que representaba la diversidad cultural y de pensamiento presente en la sociedad soviética. El gulag es una especie de Auschwitz sin chimeneas movido por la ideología. Se trata de eliminar a quien no piensa como tú. Lo que también haría Pol Pot en Camboya entre 1975 y 1979 matando el millón y medio de personas que ya no era posible reeducar para hacerlos buenos comunistas. Sin perder de vista que cualquier genocidio tiene también como objetivo la avidez, el expolio económico: quedarte con los bienes de la gente que matas. Remontar el siglo XX, de la Radio de las Mil Colinas de Ruanda a los Jóvenes Turcos, pasando por el Jemer Rojo y por Auschwitz, nos dice lo que hemos sido, y lo que nunca más debemos volver a ser.
EL TEMPS







