No hay derecho

Amigas y amigos, patriotas todos,

Nos hemos reunido en un acto de denuncia -‘No hay derecho’, como dice la convocatoria- de una agresión que sabemos injusta, y para mostrar nuestra solidaridad al juez Santiago Vidal, que es quien ha sido víctima. Es propio de gente y países civilizados reconocer y homenajear a los gestos de coraje personal de sus ciudadanos, sea en el terreno que sea. Y estamos aquí, también, para mostrar la gran fuerza que tienen estos gestos en la transformación social y política de toda sociedad. Especialmente, claro, cuando te has de enfrentar pacíficamente a unos aparatos de Estado sistemáticamente intolerantes, arbitrarios y agresivos.

1. Quiero insistir en esta idea. Encima de mi mesa de trabajo, tengo un posavasos de la primera campaña electoral del presidente Obama que, precisamente, se me hace presente en todo momento la importancia de esto que hacemos. Dice: “Rosa sat, so Martin could walk… Martin walked, so Obama could run… Obama ran, so our children can fly!” (O sea: ‘Rosa se sentó para que Martin pudiera caminar; Martin andar para que Obama pudiera correr; ¡Obama corrió para que nuestros hijos puedan volar!) El posavasos, pues, recuerda el coraje de Rosa Parks, cuando el día 1 de diciembre de 1955 se sentó donde no tocaba, en el lugar reservado a los blancos de aquel bus en Montgomery, desobedeciendo al conductor y siendo detenida, juzgada y condenada. Ese hecho llevó el Comité Político de Mujeres al que pertenecía Rosa a pedir a un joven Martin Luther King que presidiese la asociación desde la que lideró las famosas marchas reivindicativas a favor del derecho de voto, de las cuales una, la de Selma en Montgomery en 1965, ayer conmemorábamos el 50 aniversario del llamado Bloody Sunday. Dejadme citar las palabras que Martin Luther King dirigía a los congregados pocos días después del gesto de Rosa Parks: “No tenemos otra alternativa que la protesta. Durante muchos años hemos tenido mucha paciencia, hasta el punto de que a veces hemos dado a nuestros hermanos blancos la impresión de que nos gustaba la forma en que nos trataban. Pero esta noche hemos venido aquí para librarnos de esta paciencia que nos había hecho soportar la misma falta de libertad y justicia”.

2. Ahora bien, es el mismo juez Vidal quien estos días ha dicho que no se quería sentir ni un mártir ni un héroe. Y esta actitud, que todavía le honra más, es la segunda cuestión que quiero acentuar: más que en una respuesta a la agresión, es necesario que convirtamos este acto en una manifestación de afirmación, orientada más al futuro y al norte, que al pasado y al oeste. Si algo hemos aprendido estos últimos años, es que este país ha empezado de verdad a hacer su propio camino hacia la libertad y la justicia cuando ha dejado de limitarse a responder a las provocaciones. Es decir, hemos avanzado justo cuando hemos sabido dibujar nuestro propio terreno de juego. Y desde entonces, los adversarios ya no han hecho más que dar palos de ciego. Y aunque de vez en cuando también los recibimos -desde el juez Vidal hasta el mismo presidente de la Generalitat; cuando detienen el decreto de pobreza energética, cuando quieren cerrar una oficina exterior o cuando quitan las competencias al ‘Síndic de Greuges’ para denunciar las torturas-, lo cierto es que se les podría aplicar esa sentencia popular de “mal si hacen, mal si no hacen”. Es decir, que desde que son ellos los que tienen que responder a nuestra iniciativa, no han hecho más que empujarnos adelante.

3. No estamos aquí, pues, para deshacer un camino de éxito y para volver a la acritud de los tiempos pasados. Estamos aquí para hacer saber a todos que no nos dejaremos engañar por los que querrían vernos desinflados. Confieso que la simple expresión, me indigna. Y todavía me exaspera más ver cómo, de buena fe, hay quien lo cree. El nuestro es un camino de resistencia, de tenacidad, de fortaleza. De vez en cuando, es cierto, también hemos sido capaces de celebrar los avances con ánimo festivo. Pero los puntos fuertes de esta aventura, dejádmelo decir, no son sólo la espectacularidad de un día, sino sobre todo los gestos del trabajo anónimo de cada voluntario, en cada donación económica por modesta que sea, en cada iniciativa asociativa o en cada papeleta de voto secreto depositada en una urna. Y no conozco todavía a nadie que quisiera la independencia hace seis meses que haya dicho que ha renunciado.

4. Puede que, después de saber que éramos “muchos más de los que ellos quieren y dicen”, como cantaba Raimon, hay quien había creído que el camino restante sería de bajada. Pero me parece que era San Pablo en su primera carta a los escoceses que les decía aquello de: “No basta con gritar «independencia, independencia» para hacer una declaración unilateral de soberanía”. Quiero decir que además de querer la independencia, hay que ganarla con lo que precisamente tiene el juez Santiago Vidal: un coraje contagioso, una asunción valiente de los riesgos y una confianza casi somática en la victoria final. Porque es cierto que últimamente hay quien, a pesar de querer la independencia, ahora piensa que la tenemos más difícil, más lejos, o que no llegará nunca. Y esta es una debilidad que no nos podemos permitir, y es donde creo que un acto como el de hoy nos puede ayudar más: afianzar la confianza en nosotros mismos y en la victoria final.

5. Quisiera decir también que hay tres condiciones formales para alcanzar la independencia que no se pueden despreciar. Una, que es necesario tener un mandato democrático claro, logrado con garantías internacionalmente homologables para producir la ruptura inevitable con el orden constitucional español. Lo haremos el 27-S. Dos, que la transición se haga con suficiente rigor como para minimizar los riesgos sociales y jurídicos de los catalanes y lo que se llama la aversión al riesgo. Se está trabajando en ello. Y tres, que una cosa y otra merezcan el reconocimiento internacional. Hay que ser muy conscientes de que no estamos siguiendo ningún patrón establecido ni tenemos ningún precedente donde mirarnos. Es un proceso inédito, y no es comparable a ningún otro. Y en este camino nadie nos ayudará, aunque no tengo ninguna duda de que cuando lo consigamos seremos admirados por todos.

6. Por lo tanto, todo depende de nosotros. Y la victoria sólo se puede construir sobre la confianza y la unidad. Así pues, primero, estamos obligados a crear, de manera constante y tenaz, incluso contra toda evidencia, el clima de confianza que nos hará sentir fuertes, que impedirá que nadie abandone la esperanza y que nos dará la autoestima necesaria para encarar este último tramo. Un tramo que será el más difícil de todos. Porque, ahora mismo, no lo perdamos de vista, el Estado español todavía actúa de oficio: ¡no queremos saber qué hará cuando actúe a la desesperada! Y por tanto, necesitaremos toda la madurez emocional y una gran fe en nosotros mismos para no dejarnos amedrentar. Y en segundo lugar, necesitamos una unidad que sea considerada con todas las formas y expresiones de la aspiración soberanista. Quiero decir que tienen que caber desde la corriente central más moderada hasta la expresión más radical; desde el independentismo de siempre hasta el del último llegado; desde el que se fundamenta en la convicción hasta el que se apunta por oportunismo; desde el más decidido hasta el más dubitativo; desde el más puro y limpio hasta el que debería hacer penitencia; desde el más documentado hasta el más emocional. Como aquel padre de la parábola del hijo pródigo, más que por quien siempre ha sido fiel, deberíamos alegrarnos por el hijo de vida disoluta que vuelve a casa.

7. Y termino. Y quiero hacerlo con las mismas palabras del discurso que hacía Martin Luther King cuatro días después del gesto de Rosa Parks, el líder que con sus movilizaciones pacíficas consiguió que se aprobara la ley de los derechos civiles y la ley de derechos electorales : “Os tengo que decir que en todas nuestras acciones nos debemos mantener unidos. La unidad es lo que necesitamos en esta hora, y si estamos unidos conseguiremos no sólo lo que deseamos, sino lo que merecemos con toda justicia”.

No hi ha dret