Europa y la lengua catalana

No hace mucho, Rincó Català se hacía eco del fin del plazo establecido para que las empresas pudieran adaptarse al Reglamento del Parlamento Europeo y del Consejo sobre la información alimentaria al consumidor según el cual los Estados deben velar por que el etiquetado los productos alimenticios esté en una o más lenguas oficiales de la Unión. Esto, como sabemos, atropella el artículo 128 del Código de Consumo del Gobierno de Cataluña y deja a la lengua catalana en una marginalidad absoluta. De hecho, las personas que han presentado denuncias por la ausencia de nuestra lengua en algún producto las han visto desestimadas por la propia Generalitat, ya que la única norma que rige es la obligación de etiquetar en español.

La raíz de este estado de cosas proviene de la negativa absoluta de todos los gobiernos españoles, tanto del PP como del Partido Socialista, a declarar el catalán lengua oficial del Estado, lo que le equipararía en derechos al resto de lenguas europeas y, por tanto, le garantizaría la presencia en toda la información que figura en el etiquetado destinada al consumidor. No hay ningún caso como el nuestro en Europa, en el que una lengua con el número de hablantes del catalán no sea oficial. Y el problema se agrava porque no sólo no somos un Estado independiente, sino que tenemos el Estado español en contra. Un Estado español que, de acuerdo con la catalanofobia que lo caracteriza, ha llegado incluso a impugnar el Código de Consumo catalán ante el Tribunal Constitucional. Se ve que la presencia del catalán en la etiqueta de un producto alimenticio es altamente peligrosa para la salud del consumidor y puede provocar su muerte.

La guinda del pastel, sin embargo, la pone la Unión Europea, que, con un cinismo fuera de toda medida, pontifica sobre multilingüismo por medio de un vídeo y se jacta de respetar la diversidad lingüística, que califica de “derecho básico”. Todo el video es una sarta de mentiras, en esta materia, porque ni es verdad que “todo el mundo tiene derecho a usar su lengua propia” ni que “el Parlamento Europeo todos pueden hablar su propia lengua”. Sólo hay que recordar las reprobaciones que han sufrido, por parte del presidente de la cámara, todos los europarlamentarios que han osado decir unas palabras en catalán. No importa que el catalán sea la novena lengua de la Unión Europea, por encima del griego, del portugués, del sueco, del danés o del finés, y que más de ciento veinte universidades de todo el mundo impartan estudios de lengua y cultura catalanas. El mensaje, en todas las situaciones, siempre es este: si no tienes un Estado, no eres nadie. Pues bien, si formamos parte de la Unión Europea, y este organismo supranacional es en sí mismo una apología de los estados, sólo nos queda actuar en consecuencia. Nosotros decidimos si somos alguien o no somos nadie.

RACÓ CATALÀ

http://www.racocatala.cat/opinio/article/35630/europa-i-la-llengua-catalana