En esta entrevista, el escritor duda si Mas y Junqueras están dispuestos a pagar el precio de hacer la independencia y propone arruinar la actitud adolescente de Cataluña
Dos sillas desgastadas y una mesita con ceniceros metálicos y tablero de ajedrez incrustados, en el Ateneu Barcelonès. En la vista, el jardín de este espacio decisivo de la vida intelectual de la ciudad. Cazuela de barro donde cocer a fuego lento el pensamiento y el carácter de Guimerà, Maragall, Fabra, Sagarra, Hurtado, Xammar y Pla, entre muchos más. Un buen lugar para el combate que propone Enrique Vila: ‘Nosotros tenemos una misión. Nuestra libertad la han ganado nuestros padres con sus sacrificios para que hiciéramos algo. Si la generación que se encuentra entre los 30 y los 45 lo tiene presente y resiste, el país saldrá adelante. Depende de nosotros que no se repita otro desastre’. Esta convicción ha llevado a Vila a escribir ‘Londres-París-Barcelona. Viaje al corazón de la tormenta’ (Galaxia Gutenberg, 2014), una mezcla de dietario, ensayo y novela que engancha desde el primer párrafo hasta el último. Habla de la lucha de las ciudades contra los estados, de las marcas de la derrota de 1714, de Europa y el auge asiático, de las debilidades y las fortalezas humanas…
‘Si la democracia triunfa en el mundo, y Europa y el cristianismo no se hunden, a las mujeres, a los homosexuales y a los catalanes nos espera un futuro brillante”, dice Vila como una síntesis de muchas reflexiones que comparte en el libro. ‘Los catalanes somos muy buenos defendiéndonos, pero debemos aprender a rematar’, dice también. Le propongo hacer una entrevista a partir de algunas de las muchísimas frases que anoté mientras leía el libro. Se aviene. Pero entre sus respuestas se me escapan algunas preguntas. Tengo que poner el freno porque el tiempo corre sin tregua y pasamos, con mucho, los cuarenta minutos que yo había previsto. Empezamos por lo que le llevó a marchar por un tiempo a Londres. ¿De qué o de quien se escapaba?
-‘Ir a Londres para hacerme un hombre…’
– Sí, fui para hacerme un hombre porque en Barcelona todos nos vamos hirviendo al baño María. Me fui para encontrar límites que fueran claros. Barcelona es una ciudad que te ahoga pero no te mata. Como Cataluña. Vas muriendo de melancolía. En Londres, como en Nueva York, los límites son mucho más claros. Y si fracasas o te la jodes, la hostia es tan fuerte que tomas conciencia con toda seguridad. Aquí las hostias llegan siempre un poco por sorpresa y es muy difícil el saber la verdad. Nadie encara la verdad y sus consecuencias. A menudo tengo la impresión de que Cataluña es muy importante porque a mí me han amado mucho, y yo la veo a través del amor que he recibido. Entonces proyecto este amor al país. Este puede ser un problema de nuestra generación.
– ‘Un líder debe ser un hombre libre, y los políticos cada día tienen más cara de empleados’.
– Es verdad. Tienen cara de empleados.
– ¿Qué significa ser un hombre libre para un político?
– Antes los políticos debían tener miedo de los ejércitos o debían rendir cuentas con la fuerza de los ejércitos, y ahora deben hacerlo con la fuerza de la economía. Es lo que le pasa a Mas. Es el caso de alguien que tiene cara de empleado, que nació como un empleado, y que ahora se revela aún no sabemos cómo, porque la historia no ha terminado. Él intenta demostrar -ya veremos si es verdad- que ya se ha desprendido de los lazos que tenía y que le hacían obedecer a unas leyes superiores. Lo de la cara de empleados que escribí en el libro ya ha quedado algo desfasado. Ahora los políticos tienen cara de ‘vengadores’ -mira el nuevo ministro de Economía griego o al Iglesias…- o de dueños de la finca. Tienen un punto autoritario y de desprecio por el pueblo. El Sarkozy fue un precursor de este modelo de líder sádico que impone a los ciudadanos lo que tienen que hacer. Los catalanes vamos por una especie de camino del medio que ya veremos a dónde lleva.
– ¿Qué significa una especie de camino del medio?
– Es este camino de trabajo bien hecho y de la perfección que no sé si nos servirá de nada. Es este punto de exceso idealista. En un momento en que los políticos ponen cara de cínicos y de sádicos o de rebeldes sin causa y de vengadores, nosotros tenemos dos líderes que transmiten una imagen de buenas personas y de gente decente, de no haber roto un plato. Y no sabemos hasta qué punto están dispuestos a pagar el precio de hacer la independencia. Pero como estamos en un momento de cambio, tampoco sabemos cuál es el precio de mandar. Por eso no me atrevo a hacer una valoración definitiva ni de anticipar nada. Hay gente que cree que esto no tiene salida. Hay gente que hasta hace dos días pensaba que todo sería muy fácil. Y yo siempre he dicho que sería muy difícil, pero que era la única salida.
– ¿De qué dependerá?
– ¡Uy! Dependerá más de nuestra resistencia que de determinadas genialidades. Hasta que no lo hagamos no lo sabremos.
– ‘El oficio de revolucionario exige un poco de cultura si no se quiere acabar quemando contenedores o explicando cuentos chinos a las criaturas sobre la vileza humana’.
– Tiene que ver con eso que decíamos. Somos muy fieles a nuestra tradición y a nuestra historia. Hay que tener muy en cuenta qué nos ha pasado y por qué nos ha pasado, y explicarlo bien. Explicamos la historia desde un punto de vista muy español todavía. Es uno de los principales problemas que tenemos. Hay una lucha entre el tiempo, que corre de prisa, con una reorganización del mundo trepidante, y nosotros, que vamos redescubriendo la historia y rehaciendo el discurso a un ritmo que quizás es demasiado lento. Quizás yo soy demasiado sufridor. Pero nos tenemos que reinventar rápidamente. Nuestra oportunidad no será eterna. No podemos pensar que, tan sólo porque el mundo se deshace y emerge uno nuevo, con nuestra sola presencia ya nos podremos consolidar.
– ‘El Talento está en peligro. La gente prefiere ser famosa que sabia’.
– ¿No te parece? Es algo muy de Occidente y especialmente de Europa, que no ha inventado nada desde los años sesenta. Desde los Beatles, Europa no ha inventado nada. Lo inventa todo Estados Unidos, y cada vez más lo hacen los chinos en Estados Unidos. El de Facebook se ha casado con una china… En EEUU sí se inventan cosas. Pero los expertos avisan de que dentro de 25 años toda la industria tecnológica -que ahora es la punta de lanza del talento estadounidense- será dominada por los chinos. Es normal. La democracia termina promoviendo la mediocridad porque es un sistema pensado para que todo el mundo se sienta seguro. Cuando te sientes seguro, ¿por qué tienes que arriesgar nada?
– ¿Habrá cambiar de sistema?
– No. No es cuestión de cambiar de sistema. Hay que saberlo y actuar. Yo soy muy consciente de que mi libertad la han ganado mis padres con sus sacrificios. Y esto se debe devolver de alguna manera. Si no lo devuelves, se acaba la libertad. Y si se acaba, los que vengan detrás ya no la tendrán. Nada es gratuito. Nuestra generación y la generación anterior -la de los años 60 que ahora ocupa todos los puestos de dirección en Cataluña- lo han tenido todo pagado y no somos conscientes de ello.
– ‘La persistencia de nuestra anomalía no se explica sin la fuerza con que nuestros recursos creativos han compensado las carencias del país’.
– Los catalanes somos muy buenos defendiéndonos.
– Sabemos vivir en la resistencia…
– Sí. Somos muy buenos aprovechando la fuerza de los demás. Pero a la hora de rematar, no lo conseguimos. Pero eso quizás ha cambiado. Antes teníamos el imperio hispánico y nos teníamos que mover en este mundo por dos motivos: el imperio nos daba el marco comercial y el militar. Seguramente, una Cataluña independiente entre Francia y España era muy difícil hasta hace unos años. Pero ahora el imperio hispánico no existe. Y nuestro marco económico y político es Europa. Insisto: si nos hubiéramos dado cuenta hace unos años, habríamos cogido a contrapié a nuestros enemigos; básicamente, Madrid y París.
– ‘En Cataluña hemos vivido un poco de tener razón. Y eso que nosotros no hemos ganado ninguna guerra’.
– Es esta cosa nuestra valorar más las cosas por la intención que por el resultado. También es este discurso político tan moralista. Es esto que se está haciendo con Pujol. Me parece absolutamente indignante. Que individuos que no han aportado nada, que no han intentado nunca nada y que nunca han puesto a prueba su talento juzguen un hombre que se la jugó… es asqueroso. ¡Eh! que le juzguen con esta dureza. Puedes decir que lo ha hecho mal y todo lo que quieras. Pero hay un punto de escarnio, de venganza y de ensañamiento en el tema de Pujol, que es una prueba más de la enfermedad de la derrota, el empleo y el trauma de nuestra condición política.
– ‘El Estado español no nos quiere convertir en mártires sino en fracasados’.
– Hay muchos que quieren ser fracasados pero tener razón. Esta doble alianza es terrible. Son los mismos que se ensañan contra Pujol porque les gusta que sea un fracasado porque eso les justifica a ellos, que han sido unos fracasados antes de haber comenzado. Como mínimo Pujol intentó algo. Que conste que yo a Pujol le he criticado siempre.
– ‘Cuando comparo el caso de Polonia con el de Cataluña encuentro que no tenemos muchos motivos para quejarnos de nuestra historia’.
– Cuando miras el índice de muertes y las carnicerías que ha habido en Europa, nuestro caso ha sido un juego de niños. Incluso Franco se portó bien si lo comparamos con según quién. Ya sé que es bestia decir eso. Sí que hubo muchos fusilados, pero cuando miras las muertes de la primera y la segunda guerra mundiales… Este tipo de respeto y de veneración sagrada por la vida, que yo comparto, es lo que nos ha permitido resistir. Pero hay que ser conscientes de las magnitudes y no vivir de la victimización. No podemos pintar a los castellanos como una serie de asesinos. La represión castellana es mucho más hija de puta.
– ¿De qué va eso?
– Esta victimización viene de la necesidad de España de nuestras élites. Ha sido además una autorrepresión que una cosa de fuera. La prueba es que la última vez que luchamos sólo contra los españoles fue en la guerra ‘dels Segadors’, y terminó con un cierto empate. En 1714 ya fue con un par de cojones contra los dos ejércitos más potentes de Europa y nunca más nos hemos puesto a prueba en este sentido.
– ‘Cataluña debe espabilar. Hay que arruinarle la infancia’.
– Eso lo dice Witold Gombrowicz de Polonia. De hecho, yo creo que se ha de arruinar la adolescencia de Cataluña. El error es el mismo. Cataluña es un país de adolescentes. Tenemos mucho ego y nos creemos los reyes del mambo. Hay un punto de prepotencia. De ir sobrados. De estirar más el brazo que la manga. De idealismo fácil y rebotarse por rebotarse. Es muy adolescente. El adolescente está enfadado con el niño. Hay que reconciliarnos con la niñez, que es ese punto de ingenuidad, de ganas de soñar y de buscar las cosas sin calcular el precio que habrá que pagar.
– ‘Si La democracia triunfa en el mundo, y Europa y el cristianismo no se hunden, a las mujeres, a los homosexuales y a los catalanes nos espera un futuro brillante’.
– [Estallido de risa] Es una manera de ligarlo todo. [Vuelve a reírse] La cuestión es convertir la debilidad en fortaleza. Y hacer de la necesidad virtud. ¿Cuáles son los elementos que no han sido gastados por la historia y la modernidad? La espiritualidad cristiana, que fue arrasada y cambiada por las ideologías; las mujeres, que fueron desterradas y utilizadas para las tareas del hogar desde la baja edad media; los catalanes, como símbolo de las minorías étnicas que han sido minorizadas; y los homosexuales, por la represión sexual como una forma de dominación de la iglesia sobre la libertad.
– ¿Estos serán los ganadores?
– A todos aquellos colectivos que representan valores que no han sido gastados por la historia y que han quedado arrinconados, si conseguimos imponer una idea de sofisticación por encima de la idea de cantidad que nos proponen los asiáticos, y si conseguimos imponer una idea de espiritualidad por encima de la idea de riqueza material, les espera una gran época. Podemos ser los líderes morales del mundo o los nuevos parias.
– ‘La tendencia que tenemos de actuar contra nuestros intereses es fruto de la superficialidad con la que se ha tratado la derrota de 1714’.
– Porque en la derrota de 1714 ya está todo. Existe el paradigma político que se impone en la guerra de Sucesión, que es lo que nos deja fuera de la historia y que ahora ya se acaba. Si en 2009 ó 2010 hubiéramos sido más conscientes de este paradigma materialista centrado en la organización y el dinero -y que lleva a los totalitarismos-, habríamos ganado mucho tiempo. Tengo la impresión de que vamos tarde. Siempre llegamos tarde a los momentos históricos. Si no sabemos entender que Europa se reorganiza y que el poder se puede volver a repartir, y no sabemos que vivimos encima de una mina de oro, nos volverán a robar todo como lo han hecho siempre. La derrota de Barcelona fue muy bien a Londres y París para poder consolidarse como las dos grandes capitales de Europa. Ahora vuelve a haber mucha gente a la que interesa que volvamos a perder. Hay que tener claro quiénes son nuestros enemigos y hacernos valer.
– ‘Las naciones se hacen con la fuerza de los que son capaces de interpelar al mundo afrontando sus problemas’.
– Claro. Por eso me pongo de ejemplo. No es que el protagonista del libro sea exactamente yo, pero es un personaje que es el retrato de lo que considero el catalán medio de mi generación. Es este catalán que tiene la responsabilidad de rematar y consolidar la situación que tenemos ahora. Un catalán que tiene un punto de tonto, de distraído… de buen chico…
– Dices que sería bueno para Europa…
– Perdón… Hay algo que es muy interesante. La poesía o la belleza sale de superar a tus padres. De ser mejor que tus padres y que tu entorno. Las personas empiezan a tener interés cuando superan los vicios de sus padres y de su entorno. Y eso es todo un trabajo interior que la gente tiene que hacer. Hay gente que lo hace y los hay que no. En la adolescencia tenemos nuestros vicios y los de nuestros padres. Contra nuestros vicios no podemos hacer nada, porque son los nuestros. Pero los de nuestros padres sí que nos los podemos quitar de encima porque son impostados. Las personas más interesantes son las que son mejores que sus padres. Los que superan la herencia de los padres. No los que matan a sus padres, sino los que los superan.
– ‘Seria bueno para Europa que Cataluña, Escocia y Flandes se independizaran’.
– Introduciría un elemento fresco y de competición interna que ahora no hay. De dimensión, también. Ayudaría a Europa a recuperar la relación creativa con el pasado y con la historia. Esto es lo que más falta le hace a Europa.
– ‘La mejor manera de salvar a España es dividiéndola’.
– ¡Claro! Esta historia de que nosotros no somos españoles es mentira. Nosotros somos españoles. ¿Qué pasa? Ahora ya no lo podemos decir porque se han quedado con el nombre. Pero aquí hay una confusión. Nosotros no somos castellanos. Esto no. Tampoco pertenecemos a la España castellana. Pero nosotros somos españoles. Al principio, nosotros éramos los españoles. De hecho, en la Edad Media había una competición por quién era más español, si los catalanes o los castellanos. Esto también explica muchas confusiones y juegos de manos que nos hacen.
– Eso explica que hayamos insistido tanto en querer reformar España.
– Sí. Porque también es nuestro espacio. España es una lucha entre Barcelona y Madrid por el control del imperio hispánico. Que es la lucha entre los catalanes y los castellanos que viene de la unión de las dos coronas. En esta lucha, los catalanes quisieron hacer de ingleses, pero se encontraron con que los castellanos no eran los escoceses. Son muchos más y han sido romanizados. Y tienen una tradición cultural importante. Con ciudades importantes como Toledo, Córdoba, Sevilla. A menudo nos pasamos de listos.
– Si Cataluña hubiera sido un país protestante, tal vez le habría salido mejor.
– Es cierto que el paradigma que gana en 1714 y la cultura política que impone encaja más con el talante protestante porque es muy materialista. Los católicos somos mucho más abstractos y espirituales. No encajamos tanto en el signo de los tiempos que se impuso después de la guerra como lo hicieron los protestantes. Ya nos decían que éramos los protestantes de España. Aunque seguramente lo decían porque éramos los auténticos católicos.
– ‘El Catalanismo es un eufemismo de la catalanidad’.
– Quiere decir que es un repliegue de la catalanidad. Después de Prim y la primera república, queda claro que las élites catalanas no podrán nunca gobernar España. Con el regreso de los borbones se compran las élites catalanas y termina su independencia. Las élites catalanas eran independientes hasta ese momento. No le debían nada al Estado porque toda su riqueza se la habían ganado. Luego le debieron títulos y favores. Y esto provocó un repliegue de Cataluña hacia adentro y una protección de Barcelona mediante este nacionalismo más sentimental. Por tanto, el catalanismo es un eufemismo. Es la catalanidad sin dimensión corporal ni bélica. El catalanismo es una nación de poetas y pianistas.
– Un elogio de Angela Merkel: ‘Fresca como una rosa, con esa seguridad que las viejas democracias deberían tener si no quieren acabar hablando chino o árabe’.
– La Merkel se parece un poco a Mas. Es una política forjada en el autoodio, en la superación constante, y en la autocrítica feroz. Es una señora que no pertenece a ninguna parte. No pertenece al país que lidera, porque viene del este y gobierna una Alemania continuadora de la República Federal. No cede y tiene muy clara la dirección que debe tomar porque sabe cuáles son los valores de Alemania. Los alemanes son a Europa lo que los catalanes somos a España. Todo el mundo elogia a los alemanes, pero a todos les recuerda enseguida el nazismo.
– ¿Y a nosotros?
– A nosotros nos elogian, pero nos recuerdan el nacionalismo. La rigidez de Merkel y Mas es una virtud porque es una forma de poder. Merkel quiere que Alemania crezca poco a poco para evitar una explosión como las que ha tenido el siglo XX. Y Mas es muy cartesiano, también. Y Descartes comienza el libro del ‘Discurso del método’ diciendo aquello de ‘yo ando como un hombre en un cuarto oscuro a tientas’. Merkel y Mas hacen esto porque les da miedo que la crecida repentina nos haga daño. Prefieren crecer poco a poco.
– ¿Es la manera correcta?
– No sé si es una buena táctica. Yo hasta el 9-N era muy crítico porque creía que había una oportunidad ganada de romperlo todo y de coger una posición de ventaja. Ahora me parece que más bien ganaremos a través de la resistencia. Si es que ganamos. Necesitaremos que pasen toda esta pandilla de motoristas y tener suficiente fuerza como para aguantar el peso de la tropa autoritaria de los Rajoy, las troikas… de estos poderes abstractos e impersonales que nos atacarán.
– ¿Y lo vamos a lograr?
– No lo sé. Pero tampoco podemos hacer mucho más. Es lo que intento explicar en el libro. La mayoría de mis amigos vive fuera de Cataluña. He visto marchar a mucha gente. Pero no he visto desconectar a nadie. No pondré ejemplos para no poner a nadie en problemas. Pero incluso los que parecen más desconectados, no lo están. Tampoco sabemos vivir fuera de Cataluña. Tenemos una capacidad de atracción muy fuerte. Lo decía Francesc Pujols: ‘Aunque desaparecieran todos los catalanes, Cataluña seguiría existiendo’. Hay una memoria que está en las piedras.
– Y una identificación de Cataluña con la idea de libertad.
– Porque hay una historia. Esta idea se ve en las piedras, en el tamaño de las calles, en las dimensiones y en todas partes. Barcelona es la ciudad que no se ha doblegado nunca al poder de los estados. Quien nos visita lo percibe.
– ‘Hemos de convertir Barcelona en el templo de unas élites que quieran hacer historia si queremos pasar de la supervivencia a la libertad’.
– Toda libertad viene del terreno que tú eres capaz de ganar. La libertad se paga cara. Este espacio de libertad que ganas se defiende de dos maneras: con el cuerpo y con el espíritu. Nosotros podemos defender pocas cosas con el cuerpo porque somos pocos. En cambio, tenemos el discurso. Y esta es la aportación que puede hacer occidente. Cataluña, como destilación máxima de occidente, debe hacer esta aportación. Necesitamos una ciudad que sea capaz de hacer un discurso atractivo y útil al mundo. Estas élites deben querer hacer historia.
– ¿Este papel deben hacer las ciudades?
– Las ciudades son el instrumento que utiliza occidente para combatir el estatismo de los países emergentes, de las excolonias que han copiado el modelo estado-nación clásico europeo. Es decir, burocracia, ejército y capitalismo salvaje. Como nosotros hemos superado esta etapa y occidente no puede competir en estos términos, hay que inventar algo nuevo. ¿Y qué nos inventamos? La ciudad. No es que nos la inventemos. Volvemos a la ciudad medieval, que quedó sometida por el Estado, y tratamos de reinventarla. Aquellos instrumentos que no sirvieron para la modernidad pueden servir ahora para la posmodernidad. Nosotros tenemos un instrumento para competir contra los países emergentes que es Barcelona. Cataluña es un país que se urbaniza mucho antes que Castilla y Francia.
– La frontera entre el campo y la ciudad desapareció más rápido que en los países de alrededor.
– En este sentido, Cataluña es una extensión de Italia. Por eso hay tantos catalanes a lo largo de la historia que se han sentido atraídos por Italia y se han identificado con ella.
– ‘La pulsión totalitaria de los estados ha terminado ahogando la tendencia liberalizadora de las ciudades’.
– También es una competición en el interior de Europa. Los últimos tres siglos son una lucha entre la ciudad y el Estado. El Estado siempre gana porque tiene más fuerza. Barcelona es de las pocas supervivientes que nunca se acaba de doblegar ante el Estado y no se deja utilizar. Esta lucha será mientras no ganemos nosotros. Es lo que dice Steiner sobre Europa: la salvación de Europa es recuperar sus lenguas y regiones. El poder regional es el poder de las ciudades. Esto lo leí después de haber hecho el libro. Me hizo mucha ilusión y pensé que tal vez yo no estaba tan loco.
– Leibniz decía que los dos grandes peligros de Europa eran los borbones y los turcos. Actualizando la idea, ¿la compartes?
– Sí. Es esta relación asiática que han tenido siempre con el poder y el lujo los franceses. Después de 1714, Francia toma el modelo del imperio otomano y lo multiplica para hegemonizar su poder europeo. La decadencia del imperio otomano coincide con el otomanització de Europa. A medida que los europeos perfeccionan la burocracia y el ejército como base del Estado -como era al imperio otomano-, Europa se convierte en la reina del mundo. El peligro es que ahora nos lo hagan a nosotros. Que los chinos nos hagan a nosotros lo que nosotros hicimos al imperio otomano. El ISIS no es más que el intento de recuperar el imperio otomano por la vía de la crueldad y la violencia.
– Acaba con una cuestión más personal: ‘Me acerco a los 40 años y comienzo a sentirme pobre. Pero tengo que vigilar porque me gusta mucho pensar y todavía me va la marcha’.
– [Carcajada] Es para reírme. No diré cómo acaba el libro, pero de esta tendencia que tenemos de estirar más el brazo que la manga. ¿Sabes? Por querer tener razón, por orgullo, por idealismo o sentimentalismo… Esta pulsión siempre está. Esta tentación de despegarse de la realidad. De perderla de vista. Es una pulsión sensual. Está, pero es muy peligrosa. Me siento pobre en todos los sentidos. Somos una generación que no tiene un camino fácil y que está estancada porque ha encontrado caravana. No podemos evolucionar de una manera natural. Somos una generación que ha sido educada para hacer cosas que no podemos hacer. Esto nos empobrece desde un punto de vista material. Y desde un punto de vista espiritual hay que vigilar que el resentimiento no se nos coma. Hay que ser creativos, pero tocar siempre con los pies en el suelo.
– Eso sirve para nuestra generación, pero también para el país.
– Sí, poer supuesto. Nosotros tenemos una misión. Nos han conseguido la libertad para que hiciéramos algo. Si la generación que se encuentra entre los 30 y los 45 lo tiene presente y resiste, el país saldrá adelante. Es la generación que tiene contacto con el mundo previo a la caída del Muro de Berlín y con el mundo actual. Depende de nosotros que no se repita otro desastre. No sé si estás de acuerdo, pero me parece que la cosa va por ahí.
– Totalmente.
– El libro es un intento de explicar esto sin dar gritos baratos.
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