En el tono dictatorial que le caracteriza, más cerca de la caricatura que de la intimidación, Aznar ha vuelto a hacer declaraciones apocalípticas relacionadas con Cataluña. Ha repetido que antes se romperá Cataluña que España y ha pedido a los partidos españoles “una política nacional clara” para combatir el proceso catalán. Para Aznar, el PP es demasiado blando con el independentismo, en el sentido de que no actúa con suficiente contundencia, lo que le supone una fuga de votos hacia formaciones más herméticas. Como es habitual en Aznar, por otra parte, la vida en España se divide entre personas normales y nacionalistas catalanes. Es nacionalista catalán quien no es nacionalista español, y es persona normal la que no defiende la libertad de Cataluña.
Vemos también cómo los afanes dictatoriales de Aznar, al referirse a la independencia de nuestro país, lo llevan a emplear un lenguaje militar y a hablar de “desafío”. La libertad de Cataluña, pues, sería para España un desafío en la misma medida en que el afán de libertad de un cautivo constituye un desafío para su secuestrador. Por eso él añade que “nadie tiene derecho a dividir o enfrentar una sociedad ni a echar un pulso a la democracia”. Y es que para Aznar y para todos los que controlan la vida política española, la democracia no se fundamenta en la libertad, sino en el sometimiento. Así, el cautivo que despierta la conciencia de los suyos y les hace insumisos se convierte en un enemigo de la convivencia entre secuestradores y secuestrados y debe ser neutralizado. Y la maniobra para intentar conseguirlo consiste precisamente en hacer creer a los secuestrados que los verdaderos secuestradores son los que fomentan la insumisión.
Se entiende, por tanto, que Aznar invoque al nacionalismo español para que “Cataluña no quede secuestrada por el independentismo”; y se entiende también que se vea obligado a recurrir a la mentira al afirmar que España “llena la caja [los catalanes] para que puedan cobrar a fin de mes”. Lo que no dice es que el dinero que “llena la caja a fin de mes” es el dinero catalán previamente expoliado. Es así de perverso: España expolia Cataluña y, por si fuera poco, hace negocio extra con su asfixia por medio de los intereses que generan los préstamos que le concede. No es extraño que Aznar, el pequeño dictador, esté tan nervioso con el proceso catalán y que tenga ganas de volver. Que lo haga. Será un buen momento para hacerle pagar las barbaridades que se cometieron en Irak y hacerlo sentarse delante de un Tribunal Penal Internacional por crímenes contra la humanidad.
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