Podemos: síntoma y opciones

El establishment  califica de populista a Podemos por sus propuestas irreales. Los representantes del partidismo oficial insisten en la frustración colectiva que le da impulso, ocultando la responsabilidad propia en la generación de tal frustración. Peor es, en todo caso, que el impulso obedezca a la situación de desesperación de quienes se ven a corto plazo, o se encuentran ya, en estado de grave necesidad; resultado de la contundencia con la que se han aplicado recortes y reformas laborales. En este degradado estado han caído los millones de parados, pero lo integran también quienes trabajan con sueldo escaso, al igual que los frustrados por la falta de horizonte, a pesar de su cualificación trabajosamente alcanzada.

Podemos parece surgido del medio universitario; en principio de profesionales que no tenían en su agenda la dedicación a la política. La reflexión sobre la evolución de los acontecimientos y la incapacidad prepotente de los dirigentes sociales y políticos en decidir medidas idóneas frente a los efectos de la crisis es el factor que les ha movido; más, al parecer, como consecuencia del diagnóstico elaborado desde su competente cualificación, que por afán de  seguir una carrera política o cursus honorum;  tras constatar las carencias de la izquierda histórica. Gentes de tradición izquierdista, desengañados de esa sedicente izquierda, son el primer sector sociológico que se adhiere a Podemos. Siguen inmediatamente sectores populares de sensibilidad social agudizada, por entender que los impulsores de la nueva formación ofrecen mejores garantías de llevar a efecto las medidas de índole socio-económico que puedan revertir la marcha hacia el desastre a la que nos ha empujado el sistema. Finalmente, Podemos parece atraer a toda gente asustada ante la perspectiva de su propia precariedad y, quizás, necesidad extrema a medio plazo; la masa que ha configurado la base y apoyo del sistema vigente, en definitiva.

Podemos sustituye lo que en otro tiempo histórico hubiera sido una revolución, amalgamando sectores sociales diversos que se perciben en una situación social y política límite. Una sociedad que no recuerda la escasez de generaciones antecedentes, que tiene reciente el fácil lujo y despilfarro del tiempo inmediato precedente y contempla el escenario actual de miseria creado en nuestro entorno. El riesgo de quedar sin lo necesario, -sensación generalizada  en el seno de muy amplios sectores sociales-, provoca un profundo temor por el futuro individual. Quienes, al parecer, tienen garantizado un pasable bienestar, se sienten frustrados, cuando ven esfumarse de su horizonte el nivel de consumo del grupo de los privilegiados, al que creían haberse unido definitivamente. El reto de Podemos es dar satisfacción a todo este diverso conjunto con los instrumentos del sistema jurídico vigente. De hecho sus propuestas se basan en principios que encajan -y aun ordenan- este sistema basado en la propiedad privada y librecambio en lo económico, apoyadas en planteamientos de reconocidos economistas alternativos que cuestionan la dirección y decisiones del poder político al que acusan de sometimiento a los grandes intereses financieros como factor primordial de la crisis. En el orden político defienden la participación universal en los asuntos públicos e igualdad  de todos ante la ley ¡El conjunto dentro de lo política y económicamente correcto!

La crítica de Podemos apunta a las medidas impuestas por la presión de los fuertes que han  frenado la consolidación del Estado de bienestar disfrutado hasta tiempos cercanos por los países desarrollados. El desmontaje de inversiones públicas en la mejora de las condiciones de vida colectivas; educación, sanidad y atención de colectivos desfavorecidos; la privatización de empresas y servicios gestionados por organismos públicos y el impulso a la fuerte inversión en infraestructura  que beneficia a los medios financieros más poderosos; unido todo ello a la dejación de cualquier mercado de alta rentabilidad en manos de la especulación y en régimen de cuasi-monopolio. Podemos, en definitiva deberá abordar el desmontaje de este complejo impuesto desde los altos organismos supra-estatales por el conjunto de organizaciones empresariales y financieras en los que se agrupa el capital e intereses de los económicamente poderosos. La Reforma a realizar en sí no es una revolución. De hecho su referente son los países nórdicos en los que los planteamientos neoliberales tienen menos predicamento ¿Cómo reaccionarán ante su simple propuesta los intereses aludidos? Lo hemos visto en todas las ocasiones en que se ha intentado el cambio y en el momento constatamos la alarma que genera la posibilidad de que un territorio secundario de Europa como es Grecia emprenda un camino similar.

Podemos se encuentra entre la necesidad de invertir la dirección impuesta en materia de economía por los seguidores del thatcherismo, a partir de 1980, -permitiendo que la mayoría social recupere la percepción  de que forma parte del sistema- y lo imperioso de obligar  a quienes vienen dirigiendo  la economía a renunciar al núcleo del programa neoliberal que ha barrido con la fuerza de un desastre natural el acuerdo social que permitió la prosperidad de decenios anteriores. Los integrantes del poder en todas sus manifestaciones han demostrado tener la capacidad de imponer a la colectividad las exacciones de mayor calado, gracias a los recursos de que disponen en el conjunto de la Tierra. Sin que sea preciso recordar a estos últimos que sus manejos pueden llevarles a perder tal capacidad  en favor de los poderosos que dirigen las potencias emergentes, deben ser conscientes que el fracaso de iniciativas como las de Podemos se traducirá en la intensificación de la frustración y consiguiente deterioro de la paz social. El triunfo de Podemos podría absorber la actual insatisfacción, particularmente en los grupos de clase media que  en su caso permitirían a esta iniciativa política alcanzar la masa crítica  para abordar la reforma. Esta se traduciría probablemente en la restauración social y política; el fracaso… ¡Una incógnita!

Se tendría que entender que el fondo de la cuestión es la creación de estructuras democráticas, ahogadas hasta hoy en la mecánica electoral con la que se legitiman los manejos de los poderosos e impide la gestión de los asuntos públicos por parte de la colectividad. Una nueva manera de administrar que deje en manos de modelos de gestión, basados en el control permanente de las bases sociales, constituye la reivindicación primordial de las movilizaciones que acompañan a estas iniciativas políticas. Se reclama arrebatar a burocracias administrativas y estructuras de partido la toma de decisiones en materia pública, ahora sometidas a la presión de los fuertes, cuando no se encuentran bajo su control directo. A este respecto, sorprende el solapamiento existente entre las grandes corporaciones económicas y los más representativos de los grandes Estados en que se organiza el Mundo occidental, representados en Europa por Alemania, Francia, Italia, Inglaterra y España. La mayor parte de los Estados más pequeños son su comparsa con excepción de los nórdicos y Suiza. En estos últimos se señala el modelo de mayor equilibrio social, acompañado por formas de gestión democráticas de mayor coherencia.

A la hora de pensar en una solución al momento crítico que vivimos no es superfluo entender que la problemática del sistema radica en la vigente organización territorial de los Estados europeos. La falta de cohesión y dificultad para llegar a la unidad de esta Europa, es resultado de los intereses hegemónicos que dominan los referidos Estados, en definitiva adaptación actual de planteamientos imperialistas anteriores. Es este un lastre que arrastran igualmente los sectores populares defraudados por la incidencia de la crisis en el status individual de las clases bajas y medias. El principal handicap al que se enfrentan Podemos y fuerzas similares, es lo coyuntural de la protesta que mueve a la gran mayoría de los sectores que le apoyan. Es posible reconocer al núcleo básico de esta iniciativa un sentido profundo de las contradicciones sociales del sistema y factores de la crisis. El apoyo de lo que suelen denominarse bases electorales no parece que rebase la frustración de una situación crítica. En todo caso, las referidas bases quedarían satisfechas con la restauración de los esquemas del fenecido estado de bienestar. Otra posibilidad es la deriva ultranacionalista  y fascistoide de tradición populista. Los expertos universitarios y profesionales que han dado forma a la iniciativa podrían perder el apoyo que encuentran en el presente. Más allá de la crítica al modelo dominante desde el inicio de la Revolución industrial, responsable de la actual degradación social que vivimos, los intelectuales del Estado-Nación no terminan por comprender que el orden territorial alumbrado por la Revolución burguesa constituye el instrumento idóneo de los fuertes para imponer su modelo social. También se resisten a entender que la remodelación democrática no será factible, sino con una organización que permita la auténtica autonomía individual y colectiva, que tiene que ver a Europa como Nación, tras disolución de los imperios actuales y el traspaso de la capacidad de decisión a una base territorial espontánea, basada en la realidad nacional europea. Este es el verdadero caballo de batalla de Podemos.