‘Podemos’, la última tabla de salvación del progresismo contra-independentista

El progresismo abstracto y refractario a la catalanidad ha sido -y es todavía- la ideología hegemónica en la Cataluña tardofranquista y autonómica, (como intenté explicar en el artículo “Las raíces totalitarias del progresismo catalán contemporáneo”). Los partidos políticos que han sido representativos (PSUC y PSC, fundamentalmente) han actuado como garantes del orden estatal español en Cataluña (siendo el papel de CIU el del gestor autóctono del poder real que ejercen las instituciones dirigidas desde la megalópolis madrileña).

El agravamiento hasta límites insoportables de las condiciones de dominación política y expoliación económica impuestas en Cataluña han dejado en evidencia la impostura de los planteamientos reformistas de los progresistas que han centrado en el Estado y no en el pueblo los proyectos de transformación social. La capacidad de movilización cívica del independentismo ha forzado la progresiva asunción de ese objetivo por parte de formaciones políticas que no lo tenían como prioridad, (como ERC y CDC), convirtiendo al PSC, e ICV en partidos abocados al declive por falta de proyecto adecuado a los intereses de la mayoría de la ciudadanía catalana.

La ausencia del republicanismo y sus valores radicalmente democráticos (relegados a la condición de reliquias ideológicas por parte de ERC) hace que el cambio de mentalidad de los catalanes que reclaman libertad, independencia y prosperidad no se consolide con la fuerza que haría falta para desplazar las actitudes mentales y las inercias políticas propias del progresismo banal.

Buena parte de los referentes intelectuales de ese progresismo en crisis ha asumido aparentemente la causa independentista de un modo instrumental y coyuntural: ahora que no manda el PSOE en Madrid, ahora que el PP ofrece su imagen más presuntuosa, y siempre condicionando su adhesión a que la hipotética Cataluña libre fuera anticapitalista, desmilitarizada, antisionista o cualquier otra coartada para dar marcha atrás hacia el españolismo renovado a la más mínima ocasión.

Los partidos que en la práctica integran el frente catalán de orden en defensa de la perpetuación del sistema autonómico y la unidad española (PSC, UDC) no tienen capacidad de atracción por falta de propuestas innovadoras y creíbles. ‘Podemos’, en cambio, ofrece un españolismo sin complejos que no se siente vinculado a la corrupción, ni al sistema caudillista de partidos y recupera lo que ha sido el discurso esencial del progresismo: la prioridad de las reivindicaciones sociales a las nacionales, contraponiendo las primeras a las segundas.

Ese sustrato ideológico permite explicar que un partido novato, sin líderes conocidos en Cataluña, tenga unas expectativas electorales extraordinarias, no solo en España, sino también en los Países Catalanes. ‘Podemos’ puede atraer hacia la falsa ruta del anticapitalismo sectores izquierdistas emergentes como el Proceso Constituyente o Guanyem (Ganemos) desvinculándolos del movimiento independentista ideológica y sociológicamente transversal que se está construyendo en Cataluña. El primer síntoma en ese sentido lo ha dado Joan Herrera de ICV rehuyendo una eventual declaración unilateral de independencia y festejando a ‘Podemos’.

Podemos, la darrera taula de salvació del progressisme contra-independentista