El presidente de la comunidad canaria, Paulino Rivero, ha convocado un referéndum para el día 23 de noviembre relacionado con la posibilidad de realizar prospecciones petrolíferas a gran escala. La pregunta dice: “¿Cree que las Canarias deben cambiar su modelo medioambiental y turístico por las prospecciones de gas o petróleo?” La disyuntiva parece un poco forzada, pero esa no es ahora la cuestión. Lo que me gustaría es releer dicha pregunta a la luz de lo que dice el artículo 1.2 de la Constitución española, es decir, que “la soberanía nacional reside en el pueblo español”. Atención al matiz: hablamos de “soberanía nacional”, no simplemente de “soberanía territorial”. El primer concepto es mucho más amplio que el segundo, y lo engloba. Es justamente este artículo 1.2 lo que, en apariencia, hace imposible la consulta catalana. ¿Y la canaria? Según el gobierno español, el obstáculo radica “en una cuestión de competencias”, por lo que no permitirá la consulta. ¿Seguro que ésta es la razón? Diría que no.
Supongamos que las aguas territoriales de las Islas Canarias estén justo encima de una gigantesca bolsa de petróleo, que la explotación de estos yacimientos sea rentable, etc. Supongamos igualmente que la mayoría de los canarios se muestran contrarios a tocar los hidrocarburos del lugar donde están depositados desde hace millones de años, porque consideran que esta actividad perjudicará la industria turística o el medio ambiente. De hecho, en la isla de El Hierro ya se llevó a cabo hace años una consulta que restringía enormemente las potencialidades turísticas de la zona y preservaba así la economía agraria y ganadera tradicional (dicho sea de paso, a mí eso me parece muy bien). La cuestión es: ¿la decisión de los canarios afectaría a la soberanía española, entendida más allá de la mera territorialidad? Es evidente que sí, y todo ello no tiene nada que ver con las célebres competencias. Imaginemos una España autosuficiente en petróleo y gas, con una transformación radical del PIB, la balanza comercial, etc. Este cambio tendría mil veces más importancia en la soberanía (real) de España que la cesión a Marruecos del islote de Perejil.
En el siglo XXI se habla con toda normalidad, sin que se trate de ninguna metáfora o hipérbole, de “soberanía alimentaria” o “soberanía energética”. Una parte sustancial de los problemas que afectan a las antiguas Repúblicas que formaban parte de la URSS, Ucrania incluida, es que la soberanía territorial no fue acompañada por la soberanía energética. El grifo del gas de Moscú gravita permanentemente sobre estos países, al igual que las importaciones del petróleo condicionan absolutamente la economía española o la de cualquier otro país que depende de este recurso. Este hecho, pues, es cualquier cosa menos anecdótico. Afecta a los canarios, sin duda, pero también me afecta a mí o a usted. De hecho, ya que vivimos en un rincón del mundo tan industrializado, es probable que nos afecte más directamente a nosotros que a los canarios que no se verían perjudicados por las prospecciones y posibles extracciones posteriores. ¿Quiere decir esto que todos, incluidos los catalanes, deberíamos participar en el referéndum convocado por el señor Paulino Rivero? Desde la interpretación del artículo 1.2 que hace el gobierno de Rajoy, sí: la soberanía, en este caso energética, nos afecta a todos, y por tanto la única solución democrática es votar en el ámbito estatal. El problema es que casi todo nos afecta a todos -y este “todos” significa también el resto de ciudadanos de la Unión Europea-, lo que implicaría tener que hacer megareferèndums a escala europea cada quince días.
La soberanía decimonónica, la que era puramente territorial, tiene poco que ver con la del siglo XXI, que choca con cosas tan etéreas y a la vez tan importantes como el ciberespacio. La estandarización del dominio .cat, por ejemplo, permite reforzar la soberanía catalana en detrimento de la española. Las soberanías del siglo XXI son más complicaditas que las antiguas, y la caspa petrificada que representa el PP las debería ir asumiendo. Aunque nos afecte directamente, ni usted ni yo somos nadie para decir a los canarios lo que tienen que hacer o dejar de hacer. Y lo mismo se puede decir de Cataluña respecto de España, o de cualquier sujeto político que reclame algo tan sencillo como respeto y libertad. Una Cataluña independiente afectaría a España, sí, del mismo modo que la reunificación de Alemania afectó a toda Europa o la división de Bélgica tendría efectos en otros lugares. Lo que nadie puede pretender es que todo el Sistema Solar gire en torno al artículo 1.2 de la Constitución española. Lo encuentro excesivo.
ARA







