El expresidente y gran amigo de siempre, Jordi Pujol, en su autoinculpación ha declarado que no hizo la correspondiente declaración al fisco español de un dinero que administraba como herencia de su padre. Veamos en qué puede consistir este error o la mala actuación. En Cataluña somos muchos los catalanes conscientes del expolio fiscal que España ejerce sobre los contribuyentes catalanes. Por lo tanto, es muy normal que los españoles y los catalanes españolistas consideren que es una obligación declarar al fisco español sus actividades económicas. Pero, para los catalanes que tenemos conciencia del expolio que practica España, probablemente es un derecho, sino una obligación, eludir el fisco español. No debemos contribuir con nuestros impuestos a que el Estado español nos estrangule. Y si, además, podemos conseguir que tarde o temprano el dinero evadido produzcan un bien para Cataluña, mucho mejor. Se hace difícil de entender, sobre todo ahora que hay tantos catalanes que se autodenominan de izquierdas y que dicen que no debemos tener presente la legalidad española para hacer nuestra consulta por la independencia, que se tenga presente esta legalidad que nos expolia a fin de acusar Jordi Pujol de haber cometido un delito. Sí, el presidente cometió un gran error, aún más grave siendo presidente de Cataluña, porque hizo daño al país. No supo prever que lo que hacía (o que no hacía) tarde o temprano se sabría, aunque fuera por su propia confesión. Tampoco supo sopesar la poca mayoría de edad política de gran parte de los catalanes que se han escandalizado con su acción. Un escándalo de los cándidos que le idolatraban y un escándalo de los fariseos resentidos o que le odian.
La decepción, la desilusión, el desengaño que hoy tienen los antiguos veneradores del presidente Pujol conllevan un desánimo que en estos momentos perjudica mucho nuestra causa. Todo lo que se ha dicho por parte de los que se frotan las manos por haber encontrado Pujol en falso es insultante o ridículo y revuelve la madeja demasiado a menudo. Se ha calificado a Pujol peyorativamente en muchos sentidos. Se han hecho hipótesis sobre la cantidad de dinero no declarado, si hay más, si están relacionados con las causas que el poder judicial investiga de sus familiares, si la corrupción era la misma que permitía a Pujol gobernar durante tantos años, si en ello había una confabulación con el Estado español… Sobre este follón que se ha montado, hay que pensar ¿cómo es, pues, que una persona así haya sido presidente durante 24 años sin haber sido destituido por una moción de censura?
¿Tan tontos éramos los catalanes que no sabíamos desentendernos de una persona así? Y no termina aquí el antipujolismo que ha sacado la cabeza aprovechando el gran error del presidente Pujol. Existe la convocatoria del presidente Pujol para explicarse en nuestro Parlamento e incluso la intención de crear una comisión de investigación. Esta convocatoria ya era mayoritaria y CiU se ha añadido para no quedar fuera de la máxima representación democrática de Cataluña. Me parece que habría hecho mejor no estando, no formar parte de una comisión que hará el ridículo y de unos políticos que perderán valor ante los españoles y los catalanes españolistas. El delito de Pujol es no haber observado la legalidad española. Deben ser las instancias españolas las que se harán cargo. ¿Qué puede aportar que tenga un valor no ya jurídico sino político? Todo lo que puede pasar es que se haga colada para la gran satisfacción de los españolistas y para todos los que le tienen rencor. El precio de todo ello: el desprestigio del Parlamento.
Es cierto que no conviene envolverse con la bandera catalana para esconder algo malo. Pero es peor que para satisfacer un rencor o una revancha se ridiculice una bandera. Pero los antipujol aún no tienen suficiente. Presentan querellas en los juzgados españoles contra una persona (y según cómo, más de una) porque no cumplió la legalidad española. Ni que decir cómo España se ha aprovechado. La reciente presencia del señor Montoro en las Cortes lo demuestra. Hay que remarcar que no había hecho algo parecido en todos los casos de defraudación similares o incluso más graves. Lo aprovechó para denostar al presidente Pujol y también para condenar nuestra vía hacia la independencia. Este caso, sin embargo, nos hace más bien que a mal. Pero no soy ningún leninista para esconder lo que puede perjudicar a nuestra causa. Hay que saber las cosas que son buenas y las que son malas, pero no cebarse en lo que nos puede perjudicar. Me he decidido a escribir estas líneas por la amistad que me une con Jordi Pujol, forjada especialmente cuando fue detenido, torturado y condenado a prisión por su actividad antifranquista. Y también para intentar aclarar que, si bien ha causado daño con su error, el mal mayor en Cataluña lo ha hecho la reacción de los escandalizados.
EL PUNT – AVUI









