No descubro nada nuevo, al considerar que el relieve de las obras y de las palabras depende inexorablemente de la calidad y prominencia de sus autores.
No es los mismo que un servidor declare que el actual sistema económico mata, que lo diga “urbi et orbi” la solemnidad y santidad de todo un Bergoglio. Nada que ver con que un pringao se trinque un jamón y un frescales con vitola de duque –y más tratándose de la jarca monárquica-, un buen puñado de pelotazos. Por cierto, estratosféricos, para el quebrado, cuando no cornudo, proletario.
No insistiré en ejemplarizar sobre lo que en nuestra cotidiana realidad resulta tan escandaloso como humillante. Claro que ya estamos embotados, porque no hay día que no nos despertamos asqueados de tanta desvergüenza y de tantos caraduras, por decirlo suavemente.
Es que como se dice, esto clama al infierno. ¡Que unos tartazos, -hombre yo le hubiera añadido acíbar al merengue- cuesten dos años de trena y una hecatombe irreparable como el Prestige, salga gratis! O que espiar el trabajo de un colectivo de enseñantes no tenga profundas consecuencias penales… Se imagina alguien, que se investigase las connotaciones franquistas, falangistas, antidemocráticas o fascistas del cuerpo –por algunos denominado- de picoletos. Pero en fin, que pretendía no ejemplarizar…
El diccionario de la RAE, define sanguinario como feroz, vengativo, iracundo, que goza en derramar sangre…
Me pregunto, al ver ese reiterativo afán de tertulianos y periodistas, que incluso van de progresistas, por esa insistencia en remarcar la cualidad de sanguinarios, a los expresos etarras. Que además ya han cumplido duramente sus penas, no como los Galindos, Barrionuevos y compañía
Me lo pregunto, lo confieso, por inconfesables sospechas.
Se, que con los ciudadanos vascos, que nos sentimos simplemente vascos, allende el Ebro –y a veces en nuestros confines- la vara de medir es singular.
Con toda naturalidad vociferan contra el sanguinario Argala, o el sanguinario Bolinaga o Kubati… ¿Acaso es menos feroz o vengativo, el sanguinario Galindo, o Melitón Manzanas, o Dominguez o el sanguinario Billy el niño…?
¿Y que decir del Sanguinario Utrera Molina, familiar de Gallardón, que firmó el crimen de Puig Antich? Y de tantísimos otros sanguinarios como Martin Villa, Fraga Iribarne, un tal del Burgo, y tantos otros sanguinarios franquistas…
Y es que esto de terrorista y sanguinario tiene una enjundia harto laberíntica…
Si que lo es laberíntica. Porque ¿quién no conoce al tan criminal como maquiavélico Shimón Peres? Captado por Ben Gurión, autor de numerosos actos terroristas, como el estallido del buque patria, donde perecieron 260 judíos…
¿Cómo lo definiremos, como sanguinario, terrorista, como premio Nobel de la Paz, o como uno de los políticos más siniestros del siglo XX?
¿Qué destacaremos de Kissinger, su premio Nobel de la Paz o su sanguinario deambular por américa latina? Me imagino que pocos ignorarán que entre sus muchas fechorías criminales esta el “sanguinario” golpe militar de Chile. Y por supuesto la muerte de Allende.
¡Vaya hombre de Paz el tal Kissinger!
Se atreverían, mis queridos periodistas y politicastros de la corte, a acusarle de sanguinario.
Y diría a todos esos sociatas, que van de adoctrinadores y hasta de revolucionarios – agitadores de negociado- , ¿llamarían ustedes con los mismos argumentos sanguinario, a ese señor X, como poco tan feroz, vengativo e iracundo como los activistas de lo que el Ansar definía como movimiento de liberación vasco?
¿Osarían nuestros apreciados y considerados voceros y plumillas, llamar sanguinaria, a la institución monárquica, que al parecer calló y calla ante crímenes y torturas denunciadas hasta por la ONU? Porque para un ciudadano del montón, como servidor, si la jefatura del estado hubiera prohibido con decisión todas estas prácticas criminales, no se hubieran ejecutado…
En definitiva, que está claro, no se tributa por lo que se dice o se hace sino dependiendo de quien lo hace o lo dice.
Es una falta de equidad, la de los españoles, su forma de entender y enjuiciar nuestro proceso histórico y nuestros hábitos sociales. Una razón más, por la que Euskalherria y el resto del estado, difícilmente podremos simpatizar.








