El 12 de octubre no es fiesta en Cataluña

La decisión tomada por trabajadores de la Biblioteca de Cataluña, de abrir laboralmente sus puertas el 12 de octubre, ‘Fiesta de la Hispanidad’, es de una dignidad y de una coherencia extraordinarias y debería ser seguida por todo tipo de entidades, empresas y comercios comprometidos con nuestros derechos nacionales. Esta es su sencilla, diáfana y asertiva argumentación:

• “Porque una jornada que pretende celebrar un hermanamiento entre territorios, lo que en realidad conmemora es la expansión de un imperio que no respetó las diversas culturas invadidas, y que mantiene esta tradición”.

• “Por coherencia con el punto anterior, ya que el Estado español nos niega reiteradamente el derecho de decidir la forma de convivencia que queremos ejercer con el resto de los pueblos, y no protege, sino que dificulta el uso y el desarrollo de nuestra lengua y nuestra cultura”.

• “Porque Cataluña ya tiene su propia Fiesta Nacional, nacida como reivindicación de estos derechos que reclamamos”.

Pues sí. Los catalanes no tenemos nada que celebrar el 12 de octubre, de la misma manera que tampoco celebramos el 4 o el 14 de julio, días nacionales de Estados Unidos y de Francia, respectivamente. Cada país tiene su día nacional y Cataluña tiene el Once de Septiembre. La diferencia es que el Once de Septiembre Cataluña no celebra nada. Sólo conmemora. Conmemora para mantener viva la memoria de las víctimas del asedio de 1714, así como sus consecuencias: sometimiento por derecho de conquista, promulgación del nunca derogado Decreto de Nueva Planta, persecución sistemática de la lengua y de la identidad catalanas y también una opresión que hace trescientos años que persiste con virulencia por medio de leyes franquistas con barniz democrático.

Por otra parte, el 12 de octubre, como nos recuerdan desde la Biblioteca de Cataluña, es una jornada que constituye un escarnio para las excolonias españolas de ultramar, una burla impropia del siglo XXI, ya que el imperio español no sólo no respetó los pueblos invadidos sino que los masacró física, cultural y lingüísticamente. No me extraña que los españoles demócratas no sientan esa fecha como propia. El aniquilamiento de pueblos sólo puede provocar escalofríos. Por eso los catalanes, en solidaridad con estos españoles demócratas y con todos aquellos pueblos que fueron sometidos y expoliados por Castilla, debemos rechazar la celebración del 12-O. Es una cuestión de principios: ningún demócrata puede compartir la celebración encubierta de un genocidio.

Finalmente, la encrucijada histórica en que nos encontramos, en el umbral del Estado independiente, nos pide la máxima coherencia en nuestras acciones. Hay que decir al gobierno español que no aceptamos imposiciones de nadie y que, diga lo que diga su Biblia Absolutista, también conocida como Constitución, no nos subordinaremos a las leyes, a las costumbres ni a las celebraciones de Castilla. Un Estado que niega a una colectividad nacional el derecho de decidir, que quiere aniquilar su lengua, que pretende atemorizarla con plagas apocalípticas y que la amenaza con el uso de la fuerza para despojarla de sus derechos, es un Estado que muestra al mundo su totalitarismo, su temperamento violento y sus gravísimas limitaciones intelectuales.

EL SINGULAR DIGITAL