La Vía Catalana será un modelo de referencia en el mundo
Víctor Alexandre
EL SINGULAR DIGITAL
Confieso que el término “cadena humana”, aplicado a la Vía Catalana, no me ha hecho nunca ilusión. Y no porque no se ajuste a la verdad -¡vaya que se ajusta!-, sino porque las cadenas, semánticamente, tienen una connotación negativa que facilita la demagogia del nacionalismo español, como se ha demostrado en los irónicos y manipuladores juegos de palabras de Rosa Díez -“No tenemos miedo de las cadenas; contra las cadenas, libertad”- o del diario El Mundo -“Cataluña encadenada”-. Bastante sobrados van de bilis, de tergiversaciones y de falsedades los catalanofóbico, para que, encima, nosotros les facilitamos las cosas. El término Vía Catalana, en cambio, es brillante y hay que felicitar a la ANC por haberlo acuñado, ya que es diáfano, preciso, persuasivo y eminentemente periodístico. Y lo mejor de todo es que está lleno de contenido. Quiero decir que no es un mero eslogan, una afortunada frase publicitaria. En absoluto. La Vía Catalana hacia la Independencia es la definición de una forma de ser y de una genuina e inequívoca manera de hacer.
Digo esto, porque la verdadera gran victoria de la Vía Catalana no reside en el millón seiscientas mil personas que participaron en la Diada. Esto es importantísimo, claro que sí. Pero todavía hay algo infinitamente más valioso, y es la forma en que se desarrolló toda la jornada. Si el mundo entero se admiró el año pasado, al ver cómo Cataluña era capaz de sacar a la calle un millón y medio de personas sin que se produjera el más mínimo incidente, este año el mundo ha vuelto a admirarse del civismo de un país que es capaz de reivindicar el derecho más preciado de toda colectividad, su libertad, sin insultos ni agresiones contra quienes le niegan ese derecho. Es esto, más allá de la apoteósica participación, lo que de verdad debe enorgullecernos.
Ahora, atareados como estamos en la consecución del objetivo que nos hemos fijado, no somos conscientes de la auténtica dimensión de lo que estamos haciendo. El proceso nos consume demasiado tiempo y energía para detenernos a pensar en según qué. Pero en cuanto Cataluña sea un Estado independiente nos daremos cuenta de la meta que hemos alcanzado, del mensaje que hemos transmitido y de la huella que hemos dejado. Estoy seguro de que la Vía Catalana será un modelo histórico de referencia internacional que será imitado o invocado en futuros procesos de secesión. La Vía Catalana será la aportación de Cataluña a las Naciones Unidas como sinónimo de civilidad, de concordia, de firmeza, de perseverancia y de pacífica voluntad de ser. Cataluña, cuna de la democracia europea, no resuelve sus conflictos por medio de coacciones, amenazas y leyes antidemocráticas y absolutistas. La Vía Catalana hacia la Independencia pasará a la historia porque no es la vía de las armas y del desprecio, la Vía Catalana hacia la Independencia es la vía de las urnas y de la palabra.
Después de la Diada
Víctor Alexandre
http://www.victoralexandre.cat/
La Fiesta Nacional de Cataluña que acabamos de celebrar, conmemorando la pérdida de nuestras libertades del Once de Septiembre de 1714, debería ser la última de la Cataluña cautiva y el preámbulo de un nuevo estatus político al que aspira la mayoría de catalanes. Es decir, que Cataluña se convierta en un Estado independiente con capacidad para autogobernarse y decidir por sí misma.
Pensamos que estamos al borde de un aniversario que supone trescientos años de sometimiento, trescientos años de subordinación, trescientos años de persecución de nuestra identidad, de nuestra lengua y de nuestros derechos nacionales; tres siglos, en definitiva, que nos han convertido en un pueblo esposado y despojado hasta de su condición de nación. Este último extremo no es pequeño. Al contrario, es la clave de todo. Nos niegan la condición de nación en la misma medida que en otros ámbitos se desnuda a los prisioneros para humillarlos, quitarles la identidad y anular su voluntad. España piensa, con acierto, que si no sabemos quienes somos difícilmente reivindicaremos el derecho de ser, y menos el derecho de decidir, ya que el requisito básico en esta vida para saber qué quieres es saber quién eres.
Desde ahora mismo, por tanto, comienza una cuenta atrás que sólo puede tener un desenlace por medio de dos vías alternativas: o la anunciada consulta al pueblo de Cataluña o la Declaración Unilateral de Independencia. La primera será hecha por el procedimiento lógico o mediante unas elecciones plebiscitarias, y la segunda, de acuerdo con el Derecho internacional, será la vía consecuente en caso de que España, desde el absolutismo, impida el ejercicio democrático del derecho a decidir. Por lo tanto, ya sea de una manera o de otra, 2014 debe ser el año en que Cataluña decida volver a ser la nación que era antes de ser invadida y sometida. Es decir, una nación del mundo.








