Nacido en Inglaterra en 1941, Colin Tipping creció durante la guerra y la posguerra en el seno de una modesta familia obrera. En 1984 se estableció en Estados Unidos y al poco tiempo se diplomó como hipnoterapeuta clínico. Le gustó la hipnosis. En 1992 Colin organizó retiros de sanación para enfermos de cáncer en las montañas al norte de Georgia. Comprobó que la carencia de perdón es una de las principales causas del problema y empezó a diseñar con su mujer una nueva forma de perdón, que más adelante se convertiría en lo que ahora se llama Perdón Radical. A diferencia del perdón tradicional, que precisa muchos años y se considera muy difícil de lograr, tenía que ser rápido, fácil de llevar a cabo, sencillo y sin terapia.
En 1997 Colin escribió la primera edición del libro “Yo perdono: el adiós radical a sentirse víctima” y comenzó a realizar talleres en enero de 1998.
Hoy en día cuenta con un Instituto para el Perdón Radical en Estados Unidos y también en Australia, Polonia y Alemania, y es un columnista alemán, Harald Martenstein, quien en su artículo semanal en “Die Welt magazin” nos presenta su perdón radical. Harald Martenstein ha reconocido que pertenece a los malos de la sociedad. Y es objeto de odio. Está de suerte al haber descubierto la terapia adecuada para todas las “víctimas”. (Mikel Arizaleta)
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Si se sumara a todos los hombres perjudicados, a todas las gentes con pasado migratorio, a todas las mujeres, a todos los viejos y los niños, a todos los alemanes del Este, a toda la gente cuyos antepasados fueron perseguidos por los nazis, a todos los parados y todos aquellos que ganan poco… se constataría que yo, y quizá Günther Jauch, somos los únicos alemanes a los que no se ajusta el concepto de “víctima”.
Sí, yo soy el culpable. Pertenezco al pueblo de los culpables, a la generación de los culpables, tengo el color de piel de los culpables, soy de los que gano bien, sin tipos como yo no habría nazis, ni sexismo, ni injusticia social, ni guerras ni racismo ni….
Estáis cabreados, ¿no es verdad? Me doy cuenta. Pero para encontrar vuestra paz tenéis que aprender a perdonarme, no por mí sino por vosotros.
En primer lugar tenéis que contar vuestra historia a alguien. Buscad alguien que os quiera, alguien que tenga la suficiente empatía. Contadle lo que os han hecho. En el caso que yo sea el problema: relatad aquellas columnas mías en el periódico, que más os hayan herido. Intentad revivir de nuevo todos los sentimientos negativos causados por mí.
En Segundo lugar aceptad de corazón y asumid estos sentimientos. Tenéis que odiarme de verdad, ¿de acuerdo? El siguiente paso es decisivo. Tenéis que separar vuestros sentimientos de la persona, es decir de mí. Son dos cosas distintas. Los sentimientos están ahí, pegados a vosotros, pero a la persona, al culpable, lo apartáis lejos, muy lejos. Os distanciáis de mí.
Incluso ahora hasta sentís compasión de él; pensáis: en el fondo él es también un pobre guisajo. ¿Funciona?
Como cuarto paso tenéis que reconocer que estas cosas negativas, es decir el porqué os sentís víctimas, son parte de vosotros mismos. Y una parte valiosa. Estas cosas negativas han contribuido grandemente a ser lo que ahora sois. Y sois buenos, ¿o no? Sois increíbles, no a pesar de… sino porque sois una víctima. También lo negativo, estas discriminaciones, esta injusticia y también yo…, todo esto ha contribuido a vuestra maduración personal.
Lo que ha ocurrido tenía que ocurrir. ¿Quizá porque formaba parte del plan divino? ¿Quizá era sencillamente el destino?
En mi calle hay una terapeuta, en el programa se lee el “perdón radical según Tipping”. Colin Tipping, que se parece al actor Michael Caine, promete a la gente que no tienen que sentirse más víctimas. El 85% piensa de sí mismo que es víctima. Su libro bestseller se titula: “Yo perdono: el adiós radical a sentirse víctima” Tipping tiene mucho éxito. En América les denominan “The Radical Forgiveness Guys”, la gente del perdón radical.
En el perdón tradicional el perdonador piensa que le ha ocurrido una desgracia. En cambio el perdón radical enseña que todas las cosas, también las aparentemente negativas, encierran en sí su bondad. Ellas os han hecho crecer, madurar. Han hecho surgir en vosotros esa persona maravillosa, llena de energía y resistente, que hoy sois. ¿Qué hubiera sido de Alice Schwarzer (feminista) en un mundo sin hombres? ¿Qué de Henryk Broder (judío) en un mundo sin crítica a Israel? ¿Qué de los colegas de Stern (revista crítica) si no hubiera políticos que se comportaran mal?
No quito importancia a las cosas, pero es que ha surgido gente maravillosa sólo porque existen todas estas cosas malas. Y esto no lo digo yo, es una enseñanza del perdón radical según Colin Tipping.
Harald Martenstein
Traducido por MIkel Arizaleta
Publicado por Nabarralde-k argitaratua








