La obra ensayística de Joan Fuster (Sueca .1922-1992) tiene, en mi opinión, un punto no debatido. Se trata del apoyo que daba a la energía nuclear y el menosprecio que manifestó hacia el movimiento ecologista. Los fusterianos consideran el autor de ‘Nosotros los valencianos’ (1962) un escritor conectado con la intelectualidad progresista europea de los años sesenta y setenta. Pero, con todos mis respetos, en aquellas décadas pensadores europeístas como Heinrich Böll, Ivan Illich, Lanza del Vasto, Bertrand Russell, Denis de Rougemont, entre otros, eran críticos con la energía atómica tanto civil como militar. Y lo eran por el modelo de sociedad militarista, centralizada y tecnocrática que favorecía, por los antecedentes genocidas de su uso en Hiroshima y Nagasaki y por el enorme peligro biológico que comportaban las centrales termonucleares.
El malogrado sociólogo y escritor Josep Vicent Marqués (Valencia, 1943 a 2008), con quien redacté el primer manifiesto ecologista de España, me había comentado las opiniones de Fuster favorables a la energía nuclear probablemente influenciado por los intelectuales comunistas que apoyaban la escalada atómica de la URSS y callaban ante la nuclearización impuesta por el franquismo. “Intenta hablar con él y explícale bien la base política de nuestra causa”, le pedí a Marqués. Los mismos años en que Fuster era crítico con los activistas valencianos contrarios a la central de Cofrentes, ubicada en el fértil valle de Ayora, en el margen derecho del Júcar, cogía empuje el movimiento ecopacifista europeo contra la instalación de los “euromisiles” y las centrales nucleares.
Ahora me ha llegado un trabajo del lingüista Guillermo Calaforra publicado por las ediciones de la Universidad de Valencia sobre Dialéctica de la ironía: La crisis de la modernidad en el ensayo de Joan Fuster (PUV, 2006), una obra que desconocía y que me ha dejado perplejo. Calaforra demuestra que Fuster insinuaba una cierta conexión entre ecologismo y irracionalismo. El escritor, por ejemplo, no confió nunca en las soluciones “alternativas”, como la bicicleta urbana o las energías renovables.
Respecto a la energía nuclear Fuster consideraba que era un riesgo inevitable, “porque sin nucleares no hay electricidad. Y sin electricidad no hay ninguna de las comodidades imprescindibles del mundo actual”. Y llegados a este punto no dudaba de tratar con implacable ironía a los “catastrofistas” que se oponían activamente a la construcción de la central de Cofrentes. “Yo no soy de los que esperan el Apocalipsis ahora. Quizás pasado mañana. O al siguiente de pasado mañana. Cuando estalle la nuclear de Cofrentes, por ejemplo”. Y escribe también Calaforra: “Porque la oposición del ecologismo a estos artefactos -se mire como se mire, uno de los símbolos de los progreso científico- representaba para Fuster un ejemplo más de la tentación irracional de volver a las cavernas. Es decir: un peligro, en el fondo. Los ecologistas, estos pequeñoburgueses aspirantes a ascetas, entrarían dentro de aquella categoría fusteriana los ‘bromistas’ dedicados a difamar la civilización ya ensalzar las bondades de la naturaleza”.
Después de leer el ensayo de Calaforra, ¿cómo contestar al maestro Fuster? Podría referirme hoy a la potencia eléctrica producida por la “broma” de las energías del sol en España es ya equivalente a la creada por el parque nuclear. Pero lo haré con la esencia del discurso pronunciado ante el presidente de la Generalitat por el escritor Haruki Murakami, Premio Internacional Cataluña 2011. Las razones de la miopía de los intelectuales japoneses hacia la energía nuclear fue su incapacidad de comprender los valores de la ecología para crear una economía alternativa a la crisis del capitalismo de crecimiento. Fukushima ha significado el hundimiento del mito del poder tecnológico, la facilidad de corrupción de los científicos y la connivencia de destacados expertos con la palabra con gobiernos autoritarios.
El hombre libre y comprometido que era Fuster quizás no supo ver en la central de Cofrentes el símbolo fáctico del franquismo y en el ecologismo emergente un pensamiento holístico y humanista para una sociedad más justa.








