El reino del oscurantismo

“Quienes colaboren o permitan la fractura de España, deberán responder ante los tribunales, en el ámbito de la justicia castrense, por la grave acusación de alta traición.” AME. (Asociación de militares españoles)

Ya ven, sin terminar de digerir la horrible herencia franquista, y sin aún habernos podido sacudir su pestilencia, se nos amanecen estos “brigadieres”, con alma de chusqueros. Y vuelven a amenazarnos con  aquel infierno de torturas y juicios sumarísimos con penas capitales. “Hazañas” de las que nunca se arrepintieron y por las que nunca pidieron perdón.

¡Pueril amenaza la de estos nostálgicos fascistas (seseras lunnáticas), si no tuvieran en sus manos, juguetes tan peligrosos!

¿Pero qué hemos hecho, los que no nos sentimos españoles para encontrarnos en el camino a estos cafres de mente y de corazón?

¿Para que han servido cuarenta años de transición, si no han sido capaces de entender que las decisiones políticas dependen (es lo que debiera ser) exclusivamente de la libre voluntad de los ciudadanos?

¿Alguien tiene todavía redaños para alucinar con aquella “modélica transición”? ¿Dónde están, si es que alguno queda,  los prohombres que la engendraron? Entre malvas y silencios. Ni hablaron, ni en su caso hablarán. Ignoro si por complicidad o de pura vergüenza.

Porque claro, de aquellos polvos… De Aquel resbaladizo y aún mortífero art. 8… ¿qué otra cosa cabía esperar? ¿Qué podía ofrecernos, la cultura democrática de esta España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, tan arraigada en sus endémicos demonios?

¿Alguien dudaba de que en el momento en que los pueblos peninsulares, tan secularmente oprimidos y postergados reclamaran su soberanía, mil veces usurpada, la carcundia pusiera una vez más sus gónadas, ya que no el cerebro, sobre la mesa del respeto y de los derechos humanos?

Lo cierto es que no por menos esperado  deja de ser alarmante. Pensemos en  el sufrimiento que a lo largo de la historia,  ha generado en estas tierras la violenta obcecación  de esa unidad lograda a base de crueles carnicerías.

El caso es, que no hay por donde entrarles. Que en pleno s.XXI, alguien tenga que decidir por uno, que y quien eres o que quieres ser… ni moral, ni humana, ni democráticamente, es asumible.

¿No resulta tan irracional como mantener ciertas categorías tan anacrónicas como la de monarcas y vasallos…?

Estando así las cosas del reino, entran los sociatas, siempre tan avispadillos como vividores… Y –sin duda con ánimo de desactivar la bomba- nos proponen lo del federalismo…

Ahora, después de más de treinta años cortejando con los franquistas, vuelven a enturbiarnos con ciertas propuestas, cuyo alcance, visto otros entuertos históricos similares, se me antoja más corto que la nariz de un  virus…

Recordemos sin más, los envites federalistas propuestos en el último tercio del s.XIX y tan entusiastamente defendidos por el gran político catalán, Pi y Margal.

Entonces, la negociación acostumbraba a marchar a trancas y barrancas, hasta que tal federalismo se postulaba como un pacto entre iguales. Como vulgarmente se dice, de tú a tú y dejando de lado, la tan cacareada unidad española…

Pues señores, ahí se acababa todo. Arduas jornadas de trabajo, incluso años, quedaban en purita agua de borrajas.

Y entonces despertaban (cual jinetes del apocalipsis) los padres de la patria: Monarquía, iglesia, oligarquía y milicos, y bajo la solemnidad de sus  solios y palios, pontificaban que la unidad de la patria era una figura irrenunciable. Algo que prevalecía sobre cualquier otra propuesta política, viniera de donde viniera…

Y el federalismo, una vez apagada ya la calentura identitaria, al baúl del olvido.

Que sin duda será lo que pretende ahora ese prestidigitador frustado que ostenta la vara sociata—

Porque no nos engañemos, el federalismo que puede plantear el Sr. Rubalcaba, mientras no nos demuestre lo contrario, nunca pasará de la cesión de tres o cuatro competencias de chichinabo… ¿O es que a estas alturas, este botarate y gran Tartufo de la política, nos va a sorprender con sus marrullerías de rebotica…

¿Tan contundentes son las razones que puede presentar España, en pro de la unidad y viabilidad de su status tan arcaico como caduco?  Si así fuera,  que se emplace a la palabra, jamás a las armas ni a los juicios sumarísimos. Por empuñar la espada no se tienen más razones, ni más derechos.

Los soberanistas pensamos que cualquier pueblo que se precie como tal, ha de velar por su integridad y por asegurarse un destino , una posteridad… ¿Es o no es correcta nuestra filosofía?

Y España –sobre todo en las actuales circunstancias-, no tiene ninguna capacidad para garantizar nuestro futuro como pueblo.

En el campo económico, con ella nos despeñamos hacia una desertificación, tanto en la producción como en la investigación…

Nuestra lengua (sobre todo el euskera), cultura y patrimonio, tras siglos de abandono y exterminio, cada día resultan más irreconocibles…

Y es que se trata de un estado, que siempre ambicionó y se enfrascó en grandes megaestructuras, ostentosos disparates monumentales (escoriales, cuelgamueros, la brutal eurovegas que proyectan, ¡terror me produce tal proyecto!…), mientras muchos de sus ciudadanos ignoraban e ignoran, si comerán a la mañana siguiente…

¿Por qué no se preguntan de una vez por todas, con honestidad, resignación y pleno sentido democrático, por la razón de nuestra insistencia en construir nuestro camino, es decir, nuestro estado propio?

¿Porqué les cuesta tanto entender, lo que canadienses, ingleses, incluso rusos (Quebec, Escocia, Lituania), entendieron o entienden sin tantos problemas?

Evidentemente, porque “Spain is different” y sobre todo, una devoradora de pueblos y culturas… ¡Que esperan pues…!

 

Publicado por Nabarralde-k argitaratua