Las previsiones negativas de la evolución de la crisis se van cumpliendo. Más allá de los hitos concretos que evidencian el camino al desastre, España se ve afectada en el mismo centro de su organización por los contundentes golpes que provocan las convulsiones de la economía mundial. Las tormentosas condiciones que genera una crisis profunda de carácter económico, terminan por afectar a las estructuras de cualquier organización política –Estado- basada en formas más ostensibles de violencia. Frente a ellas los Estados que pretenden estructurarse en la solidaridad, gracias a una organización económica cohesionada -estructuras que permiten reconocerse a la colectividad que lo conforma en una identidad cultural nacional- son capaces de resistir los vaivenes de todo tipo y pueden presentarse como líderes en medio de la tormenta en el cualquier espacio territorial en que se encuentren. España es ejemplo del primer modelo y Francia y Alemania del segundo.
Me da la impresión de que los españoles –me refiero a quienquiera acepte esta identidad, individualmente o en las colectividades y organizaciones de que forme parte- se resisten a comprender que su crisis va más allá del desorden de las estructuras económicas españolas. Pienso que se han dejado arrastrar por la sensación de grandeza en que han vivido los tres últimos decenios. En la vorágine de la riqueza y del éxito han querido olvidar la realidad de los viejos defectos de la idiosincrasia nacional ¡Han rechazado reconocerse en la España autoritaria y pobre de los tiempos todavía cercanos de principios del siglo XX y de la centuria precedente! Actitud de poco recorrido. Especialmente porque se ha intentado cubrir los viejos valores con el oropel de la riqueza fácil que ha inundado la Europa rica de Occidente. Pero en el acervo colectivo se han mantenido los tradicionales instrumentos del carácter histórico español. El fuerte seguía siendo autoritario y prepotente…”usted no sabe con quién está hablando”…. Quien ha detentado poder o influencia, ha buscado el beneficio en el manejo de fondos públicos, o aprovechado los ofrecidos por quienes persiguen trato de favor. Ha sido ésta una práctica generalizada, pero de descubrirse el chanchullo siempre se ha podido permitir el recurso de…”la presunción de inocencia”…
Frente a éstos el individuo normal ha contemplado apesadumbrado la prepotencia del avispado, o ha seguido los pasos de éste último, valorando que cualquier duda representaba una ocasión perdida.
La sociedad española se sentía satisfecha finalmente ¡Nunca hubieran pensado quienes vivieron la guerra y los primeros tiempos del Franquismo que se podía alcanzar aquellos niveles de satisfacción material! No se puede negar que pueda recuperarse un nivel similar, pero el presente se ha complicado y se ignora qué grado de deterioro se puede alcanzar… Hemos asistido en los últimos meses al deterioro de la situación general. Se puede afirmar que los contratiempos económicos no son simples problemas de inmensa gravedad. Más bien parece que las averías que se muestran en la maquinaria económica revelan el completo desgaste de piezas vitales del motor. En el momento presente las drásticas medidas tomadas por el Gobierno de Rajoy han abierto los ojos a los más confiados. Se puede afirmar que la situación se le ha ido de las manos al gobierno español. Demasiado tiempo añorando el poder para darse cuenta finalmente de que se carece de capacidad para hacer frente a unos problemas inmensos.
No voy a afirmar que Rubalcaba y su P.S.O.E. se encuentren eufóricos –a fin de cuentas lo que está en juego es el mismo Estado español, materia ésta en la que coinciden peperos y socialistas-. En cualquier caso respirarán aliviados por no ser responsables de unas medidas socio-económicas que ellos mismos se hubieran sentido obligados a tomar. La actual situación no hace apetecible el poder, especialmente cuando se constata que determinados sectores político-sociales intentan marcar distancias. El rechazo a España aumenta en el mundo soberanista navarro y catalán y se aprecia que ciertos sectores próximos a los soberanistas -normalmente proclives al acuerdo, P.N.V. y C.I.U.- en el momento presente son renuentes. La cuestión de supervivencia del Estado español se juega sin embargo en la propia España. Agredir a los funcionarios que constituyen el real soporte del Estado constituye una medida extrema y a veces se tiene la impresión de que la administración –gobernantes y funcionarios- son incapaces de controlar la máquina administrativa.
Las medidas tomadas no producen los resultados positivos con que se pretenden justificar y los auténticos indicadores de la marcha de la economía muestran el agravamiento de la misma. La desconfianza se generaliza a consecuencia de la inoperancia de los remedios impuestos. Los referenciales como pueden ser la prima de riesgo o el interés a que se vende la deuda agravan todas las previsiones. Aunque se intenta ocultar la preocupación, ganan peso los temores de una debacle, porque –a ciencia cierta- los poderes públicos carecen de plan que seguir y esperan que Europa no deje caer a España finalmente. En un momento como el presente, en que los más fuertes no están seguros frente a los riesgos de la crisis, los europeos se muestran cautelosos, ante el temor de que la solidaridad con España termine por arrastrarles. Somos conscientes de que la crisis tiene raíces mundiales. No estamos culpando a los españoles como responsables de la misma. No obstante se les puede achacar su ineficacia y prepotencia, factores que les han llevado a creerse grandes; por encima de una realidad más modesta que se ha hecho evidente en la crisis.
Como en otras situaciones históricas los auténticos rasgos del carácter español han salido a superficie. Es el viejo espíritu conquistador dispuesto a arrastrar a quien se resista; las naciones navarra y catalana. En el momento los españoles conscientes miran de reojo a estas naciones y aprestan el aparato del Estado ante lo que puede ser la última oportunidad de supervivencia de España. Navarros y catalanes han concluido que, de seguir atados a España, sus respectivas naciones pueden ser arrastradas por la debacle de ésta. Por el momento la preocupación del Gobierno español se centra en los vaivenes de la deuda, déficit y pago de la maquinaria estatal. El movimiento de los indicadores de deuda, bolsa y demás, carece de relevancia ante las convulsiones que experimentan los mismos. Nos encontramos en un remolino que sacude los cimientos de este constructo que los intelectuales llaman España y que para los navarros es ante todo la Guardia Civil, luego la caterva de funcionarios españoles y la de políticos profesionales que viven de las arcas públicos y gratificaciones de los poderosos, dedicados estos a las ganancias que proporcionan el ventajismo de las influencias y chanchullos.
Pero el castillo se derrumba. No puede esperarse que se recupere un Estado en el que se ha colocado a varios millones en el límite de la subsistencia, en tanto la mayoría social se ve precisada a contemplar los recursos de los allegados con el fin de planificar la resistencia, ante unas previsiones obscuras ¿A qué obedece el movimiento jornalero andaluz? ¿Qué alcance puede tener la convocatoria del 15M de sitiar el Congreso de diputados para reclamar un proceso constituyente totalmente nuevo? ¿Nos encontramos en el umbral de un estallido social?
Como siempre resulta difícil predecir si el Estado español tendrá la suerte de alcanzar alguna rama o llegar a la orilla en alguna de las vueltas del remolino, o si, por el contrario, esa misma agua lo precipita en el fondo del remolino.
Publicado por Nabarralde-k argitaratua









