LAS campas de Urbia, corazón del Parque Natural Aizkorri-Aratz, se van despoblando. Los pastores, a estas alturas, han abandonado ya sus majadas y las ovejas se encuentran en los pastos de invierno. Urbia es sinónimo de tranquilidad, de paz espiritual que transmite la hermosura del paisaje, donde el montañero se encuentra consigo mismo. Lugar idílico en el que la denominada Ley de Murphy, que enfatiza lo negativo, encuentra su caldo de cultivo: “Día espléndido, alguien vendrá y nos aguará la fiesta”. Día 24 de octubre, domingo. Luce el sol en todo su esplendor otoñal. Los domingos aumenta el número de visitantes al paraje mientras los pastores, en esa fecha, son apenas media docena y los vehículos a motor, incluidos los de la fonda, pueden llegar a siete u ocho. Murphy se hace presente, implacable, con sus resultados: control de la Guardia Civil, en plena mañana, con toda su parafernalia, junto a la majada pastoril de Tontor. Lo dicho, algunos todoterrenos de los pocos pastores que quedan y algún otro vehículo con su permiso correspondiente. Pastores y montañeros flipan y miran atónitos la escena. La Guardia Civil, inflexible, rigurosa, exige documentación de los vehículos que se mueven a ritmo de pastoreo. Jexus, Mikel, Shanti, Txantxangorri, Mila y Andrés, desde su burro, miran atónitos, pasmados y todos ellos se frotan sus incrédulos ojos. Clic de mi cámara. La Guardia Civil, evidentemente, puede instalar sus controles donde quiera: en Urbia, Zamudio o Pernambuco. Bueno, Pernambuco no entra en su jurisdicción, pero la Guardia Civil, con su prestigio, podría contribuir, junto a los guardas forestales, todos a una, a animar a la Diputación Foral de Araba y los Ayuntamientos implicados a reparar la vergonzosa e insultante carretera Zalduondo-Zumarraundi, que parece que ha sido bombardeada desde el aire. Don Xabier Agirre, diputado general de Araba: si se le ocurriera darse una vuelta por allá, solicite una tanqueta a la Ertzaintza o, mejor, a la Guardia Civil, que ya se sabe la ruta.









