MUCHAS veces me pregunto qué es, qué significa Navarra para los navarristas. Dado que echan mano de tal palabra para definirse, uno podría pensar que para ellos se trata de algo muy importante. Lo más importante, incluso. Lo que pasa es que no basta con decir “siento Navarra”, “quiero a Navarra” o “lucho por Navarra”. Además, hay que demostrarlo. Algo que, en el caso de UPN, yo no percibo. Mi percepción es que para los navarristas Navarra es un simple ente administrativo. Ente administrativo que quieren administrar a su manera, o a su conveniencia. Por eso en su discurso no suelen, o apenas, escucharse términos como “pueblo”, “idioma propio”, “cultura”, “conciencia”. Sí que se escuchan, en cambio, otros como “Fuero”, “competencias”, “autonomía”. Da la impresión de que Navarra es Navarra únicamente porque su nombre aparece escrito, desde hace siglos, en los papeles. De que sin tales papeles, o fuera de ellos, Navarra no sería nada. Por ello ese empeño en que su nombre aparezca en sus papeles, pero no en los del vecino.
De hecho, y esto no es una percepción personal sino una realidad conocida, Unión del Pueblo Navarro nació para impedir que Navarra se integrara en una misma comunidad política que el resto de los territorios vascos. UPN nació como reacción a tal posibilidad. De no haber mediado ese riesgo, los navarristas habrían continuado plácidamente integrados en UCD. Y luego se habrían integrado con toda naturalidad en el PP, con quien tan buenas migas han hecho hasta hace cuatro días. No habrían sentido, probablemente, la necesidad de crear una formación propia, una formación que llevara en su nombre el de Navarra.
El que para ellos Navarra no es un pueblo, ni un idioma, ni una cultura, ni una conciencia, lo demuestra precisamente ese miedo infundado a que, integrada en Euskadi, Navarra se diluya, desaparezca. En realidad sucedería lo contrario. De hecho, la voz que hoy más y mejor defiende a Navarra en Madrid es una voz nacionalista. En todo caso, si Navarra no desapareció ni siquiera en 1512 con la conquista militar del reino (que UPN celebra como si de un hecho glorioso se tratara), ni con la pérdida de su condición de reino y de su independencia legislativa y judicial en 1841, ¿por qué lo habría de hacer con su hipotética incorporación legal, libre y democrática a Euskadi?
Este año la bandera de Navarra cumple cien años. Aunque el Gobierno y los navarristas, en sus celebraciones, lo callan, dicha bandera fue diseñada por tres vasquistas. Por tres personas que creían perfectamente compatibles el ser navarros y el ser vascos. Julio Altadill, Arturo Campión y Hermilio de Oloriz. Tres personas que nunca habrían renegado de algo tan esencialmente navarro como el euskara. Tres personas que, de seguir vivas, ayer se habrían sentido perplejas al contemplar cómo UPN votaba, en el Senado, en contra de la lingua navarrorum. “¿Y éstos tienen la osadía de presentarse como defensores de Navarra?”, se habrían preguntado. “¿De qué Navarra?”. De una Navarra huera, vacía de contenido, les habría respondido yo. No les mueven amores o ideales. Son simples administradores de fincas.









