Getze, el ara del holocausto

Nere semea, Getzen, heriotzak irentsiko zaitu.
Ama, obe nafarroan hil, Gastelan morroi bisi baino…

El condestable castellano irguió endiosado sus estadartes,
hacia las moradas del dios sangriento y mezquino del Imperio.
¡Ah Castilla, la de los pueblos amasados con sangre!
¡Ah Castilla, la de los pueblos silenciados con fuego!

Los álamos del Elorz gemían su brisa,
y velaban el temblor escarlata del agua adormecida…
Venas rotas por los trigales, ezpondas y veredas,
voces erráticas, responsos negros, imprecaciones y hogueras…
Cinco mil almas, en el ara voraz del Baal del Imperio.
Tanta muerte en las laderas,
tanto llanto en las miradas,
tanta sangre en las veredas,
tanto odio en las entrañas.

Vizcaínos y guipuzcoanos,
en la noche de Erreniega,
rematan entre las breñas,
a sus hermanos navarros.

Agramondar edo beaumondar nafar baino…
Herria, nafar hutsa da.
Jauntxoek jauntasuna biltzen…
Herriak, subiranotasuna…

Jauntxoek, beti erreopari eta gerrara herriak eramaten dituzte.
Y el pastor, desde la loma,
maldijo al beamontés,
a su mesnada traidora,
y al despótico gantés.

Entre crímenes y púrpuras, falsarios y bulas,
nos arrancaron Navarra.
Entre jueces, inquisidores, militares y curas,
nos cercaron la palabra.

Nos izaron su bandera,
nos cargaron de censuras,
condenaron nuestra lengua,
vetaron nuestra cultura.

El condestable navarro extendió el brazo,
y marcó su ambición a los cuatro vientos.

Os amansaré los confines navarros.
-Tenga ya mi señor Carlos,
muchos siervos que le sirvan.
-Garantíceme D. Luis.
-dijo el jefe castellano-,
fieles siervos a Castilla.

Jaso Jaunak zioen:
Ez gaitu Gastelak menperatu,
gure tirabirak baizik.

La tarde vaciaba tras los cerros de Sarría,
los arreboles transidos de campanas mortecinas.
El conde D. Luis negociaba con los señores de la guerra,
el rescate de Asparrot, la toma de las haciendas.
Las madres buscaban hijos y esposos,
en calvarios de luna estremecida,
los clérigos izaban los hisopos,
los patriotas heridos fenecían.

En Getze, ya siempre muere y renace,
el eco agónico de un lamento,
la voz trémula de vasconia,
por los que nos ignoran o desprecian,
por los que nos humillan,
por los que nos olvidan…

Mas ya no soñamos para soñar,
Ni gritamos para ahuyentar nuestros miedos…

Izan ginelako, gara,
eta garenez, izaten jarraituko gara.