Me llegan noticias de mis amigos argentinos, poniendo en solfa la calidad del romance de la pareja Nestor y Cristina Kirchner. No parece que los medios porteños traten por el momento de aventar la comidilla. Supongo que de ser algo más que un infundio, les habrán puesto las pilas. Y es de imaginar que hagan lo propio con los buitres del corazón.
El caso es, que “mi amigo”, el del chivatazo, parecía bastante de fiar.
El episodio reciente, acaecido en la residencia presidencial de “Los olivos”, de ser verídico -algo realmente difícil de creer-, alcanzaría tintes bien dramáticos. Y he de confesar que al trascribirlo, todas las reticencias me parecen pocas.
Lo referiré tal como me ha llegado: Nestor Kirchner, en una votación que no convenía al gobierno, le gritó a su mujer (sic) “Te lo dije, puta de mierda, que si mandabas esto al congreso nos rompían el culo. Ahí tienes el resultado de la democracia y la puta que la parió” Y ya fuera de control, que le pegó una cachetada que casi la tira al suelo. La presidenta temblaba no sabiendo como contener a su marido. Un ministro (posiblemente Fernández de Vido), se interpuso entre ambos.
Si estas desavenencias acontecieran en la pareja presidencial, podemos suponer la cohesión de su gobierno y la del pueblo…
Al margen de la veracidad del suceso, los Kirchner, y esto es algo más que un rumor, son conscientes de que su permanencia en el poder o el abandono del gobierno es cuestión de escasas fechas. Su política, por las razones que expondré, han conducido de nuevo al pueblo argentino a la desilusión y al caos.
Lo peor, en palabras de mi comunicante (insisto en mis reticencias) es que el gobierno tiene entre sus planes de maldad un propósito incendiario. Se trataría de, antes de abandonar el poder, liberar una gran cantidad de delincuentes de alta peligrosidad para envenenar la sociedad. Sería una forma de dar a entender al mundo que Argentina sin los Kirchner sería una anarquía.
Hace unas pocas décadas, Argentina era uno de los países más ricos del mundo. Pero el tren argentino se coló en dos carriles: el golpismo y el justicialismo. Son los que le han conducido a un camino sin perspectivas, sin estación de término.
Podía haber sido un intento de abandonar estos parámetros reiterativos de la política argentina, el programa de Raúl Alfonsín para una política de reforma y consenso social.
Pero al parecer a Alfonsín, como sucedió a Hernán Siles Suazo en Bolivia, les boicoteó la hiperinflación promovida por los mercados para destituir gobiernos. Evidentemente, un hecho dirigido por los EEUU, con el apoyo de las corruptas oligarquías de cada casa, para destituir a los considerados “poco fiables…”
Porque la realidad es la que es, y la que siempre ha sido. Las oligarquías sudamericanas, tienen muy claros sus intereses. Se pesca más y mejor en aguas revueltas, que ante esas presidencias que tratan de imponer fórmulas democráticas encaminadas a las tan urgentes reformas sociales.
Esto explica, que hoy, por razones de estética o de falsa apariencia democrática, EEUU esté optando por los “golpes de mercados” – sin despreciar a los de estado que mantiene en la recámara-, y otras prácticas formuladas por las élites globales.
Robert M. Gates, secretario de defensa de EEUU, y director de la CIA en siete administraciones, hace estas indicaciones: “Nuestro país puede mantener la hegemonía mundial a condición de fortalecer nuestras capacidades de usar el poder blando y establecer una mejor integración con el poder duro. El logro del éxito militar no es suficiente para vencer, sin el desarrollo económico, la construcción institucional y el imperio de la ley. Se trata de atraer a civiles con experiencia en el agro, en la gobernabilidad y en otros aspectos del desarrollo claves para atajar cualquier ensayo de insurgencia.
Sería lo que los analistas sudamericanos califican como la guerra de cuarta generación. No requiere control territorial (primera generación). Tampoco el control directo de los recursos territoriales (segunda). Ni el conocimiento de la lengua y religión del país ocupado (tercera generación). Se trataría del control y manipulación de las masas a través de los medios de comunicación, intoxicando y en su caso provocando conflictos (cuarta generación). Los vascos podríamos explayarnos largo y tendido sobre este cuarto punto.
Sirva como ejemplo, la denuncia del premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel:” el embajador de Estados Unidos en La Paz, Philip S. Goldberg, es el gran articulador de la oposición, inspirada en su odio a los indios. En 2007, la agencia de cooperación USAID desembolsó 124 millones de dólares en ayudas a la “sociedad civil” boliviana, canalizados por los prefectos de los departamentos de la Media Luna autonomista, embanderada detrás del departamento de Santa Cruz. Una estrategia muy similar a la utilizada en Venezuela.”
Este es pues a gruesos trazos el, contexto, por otra parte nada original, en que ha de manejarse la pertinaz crisis argentina. Contexto, es bien sabido, sometido al guión que los yanquis han diseñado para lo que ellos siempre consideraron, su patio trasero.
Ya nadie discute que el Kirchnerismo tiene los pies en la arena.
Inicialmente N. Kirchner pareció dar oxígeno a una situación francamente irrespirable. Con él, los índices de pobreza y desempleo disminuyeron notablemente. Los críticos sostienen que tal recuperación fue un espejismo, algo coyuntural fruto de una tendencia mundial. Apuntan también, la incidencia en tal coyuntura de la depresión de los salarios y del elevado precio de los granos que exporta Argentina.
Mostró una activa política -se le apuntó cierto perfil socialdemócrata- para promover los valores humanos, más aparente que real, si tenemos en cuenta por ej. La represión ocurrida en Las Heras.
Fortaleció MERCOSUR, lo que sin duda encendió la alarma en la administración Bush.
Pero hoy día, la casa se les desmorona. Por doquier les crecen los enanos, tanto como la deuda, hoy por hoy imparable.
Mis amigos argentinos dicen que al gobierno le sale la plata por las orejas, resultado de los “tarifazos” e impuestos.
Hablan de las grandes sumas depositadas en bancos suizos y en otros paraísos fiscales por los Kirchner y su camada, más que cámara gubernamental – la ministra, poco espabilada, Felisa Miceli fue dimisionada al ser sorprendida con las manos en la masa -. Los presidentes del ejecutivo, son considerados los señores feudales del Calafate y etc…etc…
Escándalo efectivamente lo es… ¿Pero no es éste acaso, el “modus operandi” de gran parte de la mayoría de la clase política, golpista, justicialista, “democrática o vicedemocrática?
Estos hechos por si solos, cabe pensar que no son suficientes para echar a los Kirchner a los pies de las bestias.
Se les acusa a los mandatarios de legislar a través de decretos, soslayando los trámites parlamentarios.
Los tímidos avances sociales, se quedaron en amagos. Hoy, el paro no decrece. Alimentos básicos como la carne, el pan, se disparan mientras el poder adquisitivo de las clases sociales, – la chismosa clase media se desespera- se desploma.
La pobreza se mantiene en un 35%, dando pie a una delincuencia de baja y alta intensidad. La inflación ha aumentado este año un 25%.
Estos hechos parecen irrefutables, aunque -matizo y en su caso refuto a mis amigos- interpretables.
Interpretables porque, en mi modesta opinión, hay tantas argentinas como argentinos. Quiero a esa tierra porque afortunadamente he podido enterrar en ellas unas pocas raíces. Pero he de confesar que entre todas mis “conocencias”, me ha sido casi imposible recabar un criterio compartido sobre cualquier tema de candente actualidad. En consecuencia, aunque evidentemente les escucho, ante tamaña disparidad de visiones, uno ha de avanzar con enorme cautela a la hora de aventurar juicios.
Es muy probable que la política, desacreditada cuando no ridiculizada de Cristina Fernández, sea debida más que a su falta de honestidad, al manejo de los grandes medios y a la acción de las multinacionales gringas – entre otras el gigante Monsanto-. Quizá no sabía donde se metía la presidenta. Tal vez sus objetivos sociales y en principio progresistas, no fueron aceptados por elementos de su propio gobierno y probablemente ni por su mismísimo marido.
El hecho de que la tributación de la industria alcanzara el 35% y las grandes empresas del agro solo un 4%, siendo el agro uno de los componente mas importantes del PIB y la gran fuente exportadora resultaba alarmante. Alarmante considerando las serias deficiencias del tesoro argentino para mantener con dignidad las empresas y servicios públicos.
Pero las grandes multinacionales y los grandes empresarios del agro, – la canción de siempre-, no entienden de niveles de pobreza, de precarización, desempleo a consecuencia de los inmensos monocultivos, desplazamientos de la población campesina a las grandes urbes etc…
El hecho es que las multinacionales -sobre todo las de la soja-, están cambiando el perfil económico del país. “Estamos entregando – decía Cristina Fernández-, nuestros recursos naturales al capital trasnacional.
Más o menos lo que durante varias décadas vienen haciendo los mandatarios y oligarcas -son los mismos- argentinos
La presidenta, empujada por grupos progresistas trataba de aumentar las retenciones aplicándoles tarifas móviles que según los vaivenes del mercado, podían alcanzar hasta el 47%. La idea era defender la renta futura del capital agrícola nacional de las multinacionales americanas.
Rentas para combatir la pobreza y articular normas positivas para la jubilación. Y previsiblemente empleo, teniendo en cuenta la desbandada de los pequeños agricultores, ante la presión inhumana de los grandes emporios del campo que se han hecho con el 80% de los cultivos.
La asonada de los grandes terratenientes y la marcha atrás de la presidenta son bien conocidas. Evidentemente fue un pulso al gobierno y a las fuerzas “progresistas” que lo apoyaban. La derecha y las multinacionales fueron (guerra de cuarta generación), absolutamente asistidas por las grandes rotativas como el diario Clarín y La Nación. Curiosamente dos periódicos con grandes intereses en el negocio de la soya.
La situación, una vez más, o por mejor decir suma y sigue, no se aleja de la angustia. Inflación, alza de precios, desempleo y precariedad y sobre todo, y esto es lo más grave, falta de expectativas.
Pero aún hay más. Son muchas las voces ecologistas, humanistas, biólogos… que denuncian la gravedad del momento. Están las técnicas del monocultivo de la soja transgénica, esa ponzoña causante de esa estampa desoladora de Argentina, que está hipotecando, cuando no destruyendo, gran parte del suelo cultivable. Y pensemos que el agro y sus industrias suponen el 55% de las exportaciones.
Un amigo cordobés me comentaba que en realidad los argentinos no pasaban de ser unos emigrantes desencariñados de su nuevo país. “Vinimos aquí a hacernos ricos, a pillar todo lo que se podía, sin más y a regresar ufanos a nuestras casas. ¿Quién pensaba en hacer patria?”
-Eso será – le dije con abierto sentido crítico- lo que harán vuestros grandes “soyeros”. Os dejarán arrasada la Pampa, agarrarán su plata y adiós Buenos Aires querido…
Y esa es la sensación -quizás equivocada o exagerada- que nos dejan muchos argentinos. No parecen formar un pueblo más que cuando juega la selección Argentina o alguno de sus ídolos deportivos…poco más…
Es como si faltara un sustrato humano bien enraizado. Algo por cierto, harto explicable, si tenemos en cuenta que prácticamente exterminaron a los aborígenes. Todavía en los albores del siglo XX, el “ilustre” general Mitre andaba masacrando indios por la Patagonia…
No faltan problemas en las otras regiones sudamericanas y sin embargo, a mi parecer ofrecen mejores perspectivas de futuro. Una apreciación personal, me hace creer que ofrecen sustratos humanos de mayor cohesión. Me refiero a las grandes masas indigenistas, movimientos campesinos con fuerte carácter reivindicativo, etc…
En Argentina, no surgen estos elementos.
La base social Argentina siempre me ha parecido bastante inconexa. Es preocupante que las grandes luchas sociales no salgan de los parámetros del justicialismo. ¿Qué podemos pensar del carácter reivindicativo de un movimiento tan heterogéneo? No parece que un movimiento donde pueden convivir patrones y asalariados, banqueros y menesterosos, “policías y ladrones”..etc…ofrezca ningún aspecto resolutivo.
Mientras Argentina no entierre ese vicio nacional del justicialismo, ese magma pegajoso que les impide caminar, no veo que pueda construir otros caminos más esperanzadores.
Por eso la aventura del Kirchnerismo, que en un principio pudo llegar a sorprendernos e incluso esperanzarnos, se disuelve en su propio caldo de cultivo.
Fue un intento quizás más aparente que real, porque no existen movimientos, capaces de quebrar los límites en los que insistentemente y con el permiso del “gran hermano” se mueve el juego político argentino.
Ni soy politólogo, ni sociólogo, por eso mis manifestaciones no pasan de ser la visión de un espectador, mas o menos informado (¿quizás mal informado?). Alguien que siente un especial apego y curiosidad por todo lo que acaece en esa esperanzadora Sudamérica.








