En verdad que en esta vida hay pocas verdades absolutas, algunas más son relativas y muchas relativizables. También es cierto que hay verdades como templos, verdades verdaderas y medias verdades. Y redundando, es verdad la existencia de verdades verosímiles tanto como utópicas, así como santas verdades. Algunas verdades son por imperativo incuestionables, obligatorias, tanto por lo civil como por lo militar, aunque por regla general sean cuestionadas y por lo tanto cuestionables. También hay verdades que pican, que fastidian con j, porque son verdades como puños.
Sinceramente todo depende de la actitud ante la verdad. Se puede creer o se puede pensar. Fe o racionalidad. Para unos es singular y mayúscula, es La Verdad y para otros plural: hay verdades. Metafísica o razón. Comodidad o comida de coco. Comodidad o esfuerzo. Miedo o valor Televisión o lectura.
La verdad es que las verdades se pueden imponer tanto como retorcer e incluso rescribir. Rizando el rizo algunas verdades incómodas se pueden transformar, prostituir, devaluar. Y dan pié para un roto y un descosido. Se puede quemar a la gente, torturarla o castigarla en pos de la verdad, y muchas veces, gracias a ello también se aprende de verdad a discernir sobre La Verdad, la verdad y las verdades.
Verdaderamente, las verdades no son ni dejan de ser, lo que es y deja de ser reside en cómo las afrontamos, qué uso hacemos de ellas, de sus enunciados, sus contenidos, sus verdades. Ya sea desde el dogma o desde la heterodoxia, lo cierto es que cada ser humano, cada colectivo humano, entronca su devenir terrenal desde la gestión de las verdades y así cada uno hila su existencia, la define y desarrolla por, para y en función de su respectiva verdad vital.
Dicen que es verdad eso de que evolucionamos, y lo cierto es que quizá sea verdad, ya que en pleno siglo XXI es anticuado, rancio hablar de La Verdad. Por eso ahora a La Verdad la denominamos Pensamiento Correcto, aunque a algunos es verdad que nos gusta más definirlo como Pensamiento Obligatorio. No es nada nuevo un mero cambio de look. La Verdad siempre ha existido y existirá, todo es cuestión, como decía, de discernir, de interpretar, tanto para liberarse como para vivir abducido por el Verdadero Pensamiento Obligatorio vigente.
Al margen de qué tipo de Verdad, verdades o verdad afrontemos, lo cierto que poco te estoy aportando sufrida lectora, no hay problema alguno con este tema.
Podríamos pensar que entonces el problema sea la mentira. En toda lógica sabemos que a la verdad se le antepone la mentira. El yin-yan perfecto que mueve el mundo. De todos es sabido que mentir es más cómodo que decir la verdad. Rinde a corto plazo y si se es un poco artista, a veces, incluso a largo. Y si combinamos la mentira con algo de la verdad, creando medias verdades o medias mentiras, el cóctel puede ser espectacular.
Meras certeza. Hasta aquí no te planteo nada nuevo heroica lectora, sufrido lector. Efectivamente hay tantos mentirosos como humanos en el planeta, y no es malo, porque hasta cierto punto es una de las actitudes naturales del ser humano, todo es cuestión de saber gestionarlas en función de la finalidad. Mentiría quien niegue haber alguna vez mentido. Y se puede mentir patológicamente, de forma vulgar, sibilina, interesada, cobarde. Hay mentiras infantiles y dse puede mentir infantilmente. Por haber, hay hasta piadosas mentiras.
Las bolas, las patrañas, los cuentos, las trolas así como la falacia o la falsedad son intrínsecamente humanas.El problema no son los mentirosos, ya que como dice el refranero antes se coge al susodicho que al renco. El problema reside en la abundante proliferación de verdicidas, certeros criminales asesinos de las verdades.
Los verdicidas han existido siempre, como los mentirosos, desde el origen de la organización humana. Pero no son naturales como los mentirosos, son consecuencia. Surgen desde la premeditación. Tienen tácticas y estrategias para lograr fines. Generalmente han estado siempre a sueldo de La Verdad, del Pensamiento Vigente Obligatorio respectivo. Buen curro. Combinando mentiras con embustes y sazonando con alguna media patraña crear una verdad, La Verdad es un arte, una perfecta maldad. Ya lo decía uno de los verdicidas más reputados de la Historia, todo un virtual Nóbel del verdicidio, el renco Goebbels: una mentira mil veces contada es una verdad incuestionable.
Pero hay dos clases de verdicidios los “de Crianza” y los de “Gran Reserva”. Los primeros son asesinatos de la verdad de corto plazo, sin grandes visos de permanencia. Son peligrosos por la inmediatez de las consecuencias, casi siempre apocalípticas, los segundos tienen el tiempo como mejor aliado y el objetivo de la permanencia del crimen es fundamental.
A pesar de que muchas personas sabíamos la verdad y hoy todas la sepan, si quieren, un flagrante caso de verdicidio “de Crianza” fue este: “Creanme, les doy mi palabra de que Sadam Hussein tiene armas de destrucción masiva” decía un aventajado alumno español de Goebbels, acompañado de sus atlánticos amigos, calcando el ejemplar verdicidio del maestro con aquel: “los ataques polacos a un puesto fronterizo alemán nos obligan a ir a una guerra defensiva”. Los nazis invadieron Polonia el 1 de septiembre de 1939.
Los verdicidios “Gran Reserva” tienen el mérito de que concatenan generaciones enteras de funcionariales verdicidas con el mismo objetivo: “Euskal Herria no existe, es un mito. Los vascos nunca han tenido un estado. Los vascos no tienen nada que ver con los navarros, siempre han estado separados. Bizkaia siempre ha pertenecido a Castilla y nunca ha tenido nada que ver con Navarra. Los navarros son españoles voluntariamente, los vascos siempre lo han sido. Las tropas españolas derrotaron a los franceses en Irun y Hondarrabi. Los rojos quemaron Gernika. Esta sociedad vasca se divide al 50% entre nacionalistas y no nacionalistas”.
Los verdicidas españoles y franceses llevan siglos asesinando la verdad mediante la imposición de La Verdad. Evitar mediante el verdicidio que los vascos, que todos los navarros, seamos conscientes de serlo, sabedores de nuestra historia, conocedores de las verdades estructurales y de las verdades cotidianas de nuestro devenir colectivo.
Para ello se valen de una larga serie de verduleros. Salseros que asientan el verdicidio mediante la proliferación de patrañas y falsedades coyunturales. Carne de cañón de los verdicidas. Efímeros, circunstanciales los verduleros son unos pringados necesarios: Mil verduleros hacen el trabajo de un verdicida. “Se pueden defender todas las ideas y proyectos en este marco constitucional. El “problema vasco” es un problema de convivencia entre vascos. En el siglo XXI no existirán los estados en Europa, seremos todos europeos. Hay que respetar la voluntad de los navarros. La tortura, de existir, es algo marginal. La solución es que se respeten las diferentes formas de ser español. Los vascos son una minoría racista. Los vascos se autodeterminan elección tras elección. No hay conflicto político, es mero problema de orden público. La justicia es independiente”
Verdulerías sin peso real específico a largo plazo, pero que en conjunto son parte fundamental del verdicidio estructural a largo plazo, porque son el recordatorio cotidiano de este.
Pero cuando ni las verdulerías ni los verdicidios más flagrantes son eficaces se tiende directamente al negacionismo ramplón cuartelero. No existes, no eres, no puedes, no debes…no. No.
La Historia dicen que la escriben los vencedores. Ese es el descanso del verdicida y la gloria de algún verdulero, el colofón al trabajo bien hecho. Pero ¿y si no vencen?
Los verdicidas y verduleros topan a veces con huesos duros de roer. Es la excepción que confirma la regla. Los vascos, las vascas, todos políticamente navarros, tenemos el privilegio de ser unos supervivientes. El pueblo, la cultura más antigua de Europa sobrevive, resiste a la asimilación.
Siglos de invasiones, colonizaciones, “integraciones”; centenares de años de naciocidio mediante la violencia, la negación y el verdicidio no han logrado la asimilación, la sumisión, la uniformización. No hay sometimiento. Y eso es lo que no pueden perdonar, lo que les supera: la capacidad de supervivencia de nuestro pueblo y la capacidad increíble de ser tan notables en todos los ámbitos. Ser tan pocos y tan excepcionalmente solidarios, frescos, libres, emprendedores, combativos, sociales…
El verdicidio para con Euskal Herria, con la Navarra plena, está inconcluso y en franca regresión gracias al esfuerzo callado, heroico de miles de incrédulos, de no asimilados, de insumisos, de autodidactas que siempre han buscado vivir de las verdades, escépticos ante La Verdad. La vacuna ante La Verdad, se está distribuyendo mediante la difusión de miles de verdades libres, inapelables.
Vivir de verdad, vivir de verdades, es vivir libre, coherente con el propio ser.








