9-N: la república catalana vendrá primero

A lo largo de estos días tan intensamente monárquicos ha habido un buen número de personas y organizaciones que se han acordado de la República. La mayoría lo han hecho para mostrar una vez más que la monarquía no es un sistema político verdaderamente democrático. Es un interés muy justo. Algunos otros han querido ver en el debate entre monarquía y república una manera de apuntalar la desacreditada tercera vía. Se equivocan, como comentaremos.

Los detentores del régimen político español, representado por sus dos “partidos insignia” (PP + PSOE) en su proceso de naufragio anunciado, han defendido con los dientes el régimen monárquico como tabla de salvación de sus privilegios. Es muy probable que logren hacer flotar de momento las viejas naves a la deriva, pero será a costa de acentuar la bajada electoral que se hará más sensible aún en el PSOE, que con su abrazo pasional a la monarquía española ya ha perdido toda credibilidad como estructura diferenciada del PP.

Partidos del régimen. Joyas mohosas de una corona oxidada. Patetismo institucional. Ante este panorama de posiciones inamovibles por parte del “bloque inmovilista”… ¿quién podría confiar en la monarquía como agente político en el momento presente? Los sueños febriles que quieren ver un joven monarca apuntalando la tercera vía olvidan la incapacidad de un sistema de poder que no ha entendido la democracia. Un poder que se basa sólo en la defensa de los privilegios de unas entidades financieras que no financian y que perviven por medio de la extorsión de los fondos públicos. Y en el despotismo de unas empresas monstruosas (de la energía, de la comunicación, etc.) que viven de la extracción de flujo pecuniario de las venas de millones de consumidores cautivos.

Este régimen instalado en el abuso se hunde. Y será sustituido por uno nuevo. Pero esto no será automático. El republicanismo español es todavía muy débil, y basar nuestras esperanzas en los resultados de este movimiento ideológico de ámbito estatal sería un error grave. La República que vendrá primero será la República Catalana Independiente. Y los republicanos de buena fe harían bien hecho en ponerse al lado del pueblo catalán en su anhelo de independencia y de renovación democrática -política, económica y social-. Y dentro de los Países Catalanes bajo España deberían favorecer el proceso de toma de conciencia en torno al derecho de autodeterminación que, de esta manera, aceleran la posibilidad de una ruptura. La crisis territorial-nacional de España puede representar, de rebote, la posibilidad a medio plazo de una alternativa política más allá de la nación catalana.

Inmovilismo o renovación. La renovación no es la sustitución de un cromo por otro: pongo rey joven donde había rey viejo. Lo que es viejo es el sistema político. Y la República Catalana Independiente es la esperanza de todos los demócratas. Pero el referéndum debe hacerse sin trampas: si se exige más del 50% de votantes favorables no se puede calcular sobre tres respuestas posibles. O se hace una sola pregunta “normal” (es decir, donde se pueda responder simplemente ‘sí’ o ‘no’) o se debe prever una segunda vuelta con las dos respuestas más votadas.

El 9 de noviembre, haciendo posible un referéndum claro, daremos un paso de gigante hacia la República Catalana Independiente. La República que debe venir primero.

EL PUNT – AVUI