Un fantasma recorre Europa: la secesión

Escocia y Gales recuerdan, y nos recuerdan, que la independencia no sólo no es una aspiración pasada y antigua sino que, por decirlo en las palabras de los independentistas de Hong Kong, es el movimiento de nuestro tiempo, el fantasma que vuela ahora mismo por toda Europa

Es quizás la frase más conocida de la historia de las ideas políticas: “Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo.” La frase encabeza el Manifiesto del Partido Comunista, redactado por Marx y Engels entre diciembre de 1847 y enero de 1848, y publicado en Londres en alemán unas semanas antes de que estallaran las revoluciones de 1848. En el original, “Ein Gespenst geht umb in Europa –das Gespenst des Kommunismus”, en donde aparece un verbo, ‘umgehen’, que no es neutro, pues es el verbo que la lengua alemana reserva para fantasmas que rondan y pululan, y que en nuestro país traduciríamos seguramente de una manera más adecuada como ‘sobrevolar’ o ‘rondar’.

Marx y Engels escribieron el venerable manifiesto por encargo de la Liga de los Comunistas, una pequeña organización de obreros radicales exiliados, sobre todo artesanos alemanes, con sede en Londres. El texto quería ser, a la vez, programa político y declaración de existencia -y esto último es muy importante. Querían decirle al mundo qué eran y qué querían, porque hasta ese momento el comunismo era una etiqueta vaga, poco conocida y peor entendida, que sus enemigos utilizaban para asustar, sin un contenido definido. La continuación de la frase lo deja bien claro: «Todas las potencias de la vieja Europa se han aliado en una santa cruzada contra este fantasma: el papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los policías alemanes». Es el retrato exacto de la Europa de la Restauración, la del Congreso de Viena, todavía dominada por la Santa Alianza y a punto de desmoronarse aquel mismo febrero en París, en Viena, en Berlín, en Milán.

La jugada retórica –y buena parte del éxito de la frase viene de ahí– era genial. Quienes la han estudiado explican que la metáfora del fantasma no se la inventó Marx: ya circulaba entre los conservadores, que describían al comunismo como una amenaza espectral, indefinida, que rondaba por los palacios europeos. El libro de Lorenz von Stein ‘El socialismo y el comunismo en la Francia contemporánea’ (1842) –muy leído por Marx– presentaba el movimiento como una presencia fantasmal e inquietante. Marx, pues, cogió el arma de sus enemigos y la volvió contra ellos: sí, hay un fantasma, y ​​somos nosotros. Y ahora le explicaremos exactamente qué somos y qué haremos. Todo el manifiesto, en cierto modo, es una operación de exorcismo invertido: convertir el espectro vago en un programa político concreto, dar cuerpo a lo que los reaccionarios únicamente podían imaginar como una sombra.

Han pasado cerca de dos siglos de ese momento y el viejo fantasma de Marx y Engels es poco visible y operativo –con el permiso del señor Derrida y su hauntología (1). En cambio, tal y como se ha vuelto a demostrar en las elecciones en Reino Unido, el papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los policías alemanes -sus equivalentes actuales, ya se entiende- tienen otro fantasma merodeando por el continente, vivo y coleando: el secesionismo, el ansia de libertad de las naciones, la independencia.

Ayer, Escocia renovó su apuesta por la independencia y, en un momento decisivo de la historia de aquella nación, el Plaid Cymru logró ganar las elecciones en el País de Gales, y los independentistas formarán gobierno por primera vez. Son dos noticias magníficas, sensacionales, que sirven para recordar a los anquilosados ​​estados europeos que, por mucho que intenten impedirlo de cualquier modo y con todas las armas en sus manos, la independencia no sólo no es una aspiración pasada y antigua sino que, por así decirlo en las palabras de los independentistas de Hong Kong, es el movimiento de nuestro tiempo.

Porque hoy es Gales y Escocia, sí. Pero es también Irlanda, que ha elegido a una presidenta absolutamente decidida a hacer la reunificación. Y son las islas Feroe un poco al norte y Groenlandia que ha saltado a la primera fila de la política internacional. Y Flandes, observando cara a cara a Londres separada por pocos metros de mar. Y es Cataluña y el resto de los Països Catalans. Y son el País Vasco con mayorías independentistas absolutísimas. Y la Galicia emergente. Y son los corsos desafiando a Francia por todos los caminos imaginables. Y los bretones formando organizaciones que se reivindican por primera vez como nación. Y los alsacianos que han votado por abandonar la región donde les querían encorsetar y diluir. Y son los tiroleses de Italia aceptando los pasaportes que los austríacos les ofrecen. Y…

Desde Bruselas, mires en la dirección que mires, el fantasma que efectivamente ronda por Europa hoy es el independentismo, la aspiración que tenemos millones de europeos de ser nacionalmente iguales y con los mismos derechos que los demás, no ciudadanos de segunda de un país que soñamos y anhelamos, sino gente con pasaporte propio y poder para ejercerlo y compartirlo en pie de igualdad con todos los demás.

Y ya pueden hacer todo lo que quieran para frenar esto. Y, evidentemente, habrá momentos en los que unos países serán más fuertes y otros seremos más débiles –hay valles y picos en cualquier movimiento nacional y en todas las etapas de la historia. Pero la consistencia, año tras año y país tras país, de las reivindicaciones independentistas es de tal volumen que nadie puede engañarse: hay un fantasma que ronda por Europa y se llama secesión, se llama independencia. Los escoceses y galeses, hace unas horas, lo han vuelto a demostrar.

(1) https://es.wikipedia.org/wiki/Hauntolog%C3%ADa