Aunque podamos parecer reiterativos, con tanta insistencia en reflejar el descrédito de la justicia hispana, el asunto que ellos –la peña carpetovetónica y picoleta- han denominado “bateragune”, creo que merece una reflexión.
No es la pretensión de intentar descubrir el Mediterráneo… Simplemente se trata de incidir o dar la tabarra, a ver si como mínimo, a la jarca y al pesebrerismo tardofranquistas – ¡vaya berenjenal el que medra en la corte!-, les produce una larga urticaria o algún herpes tan pelma y tiñoso como los susodichos “cortesanos”.
Aunque no somos hombres de leyes, uno se informa… Y eso, -por supuesto, cada quien confía en sus conspicuos- que la sentencia en el fondo y en la forma es un despropósito y una aberración…
Tampoco se puede esperar alguna cordura, sensatez o un mínimo sentido de la justicia, de la catadura de ciertos magistrados/as de la AN.
Hasta vergüenza ajena te produce la cultura que manejan cuando les oyes farfullar como protagonistas de patio de barrio…
Pero vayamos a los hechos encausados…
Bueno, ¿Qué hechos?. Más bien digamos, puros indicios extraídos del milagroso tricornio, y posteriormente hisopados y relatados por los taumaturgos de la AN. Que de ahí se pueda extraer la quinta esencia del terrorismo, es un prodigio específico del Santo Oficio o de aquel antro del franquismo, conocido como TOP.
¿Alguien duda que en la AN, se refugiaron todo el rencor y las sombras de la parafernalia franquista? Es decir, toguillas de camisa azul, picapleitos ansiosos de lustre al precio que sea, leguleyos adictos al poder al uso y amén…etc…
Parecía que con Francisco de Vitoria la jurisprudencia hispana aprendería y modificaría su perniciosa aplicación de la justicia… Pues no.
En el imperio del nacionacatolicismo y esto hasta la transición, se impuso el inquisidor. El que, como tantas veces hoy día, sube al estrado con la sentencia ya escrita.
Y al juez natural que le parta un rayo…
Porque desde que los reyes católicos engendraron este malhadado imperio, la justicia española en obscena coyunda, fue la voz y los intereses de la gobernanza de turno.
Nunca lamentaros suficientemente, la desgracia que supuso para nosotros los vascos, la demolición de nuestras instituciónes jurídicas. ¡Eh ahí!, “compaisanos navarristas”, uno de los regalos que aportó, vuestra “bendita anexión”.
¿Qué sucede cuando la mayoría de un pueblo ve como a sus líderes y activistas se les empapela por la noble tarea de abrir caminos para la paz?
Evidentemente el dictamen de nuestro pueblo no puede ser más que el desprecio tantas veces expresado, por ese contubernio franquista de “uppnesoes”. Contubernio de “demócratas de toda la vida” que se empeña contra todo derecho humano, en negarnos a todos los vascos, la posibilidad de ser, lo que nosotros mismos y sin interferencia alguna queramos ser.
Bateragune no ha sido un juicio, sino un ejercicio de cinismo, malevolencia y venganza. Es la opinión de miles de ciudadanos vascos, aunque sean tan profanos como un servidor.








