Telemadrid o la teleescòria

Hay que pedir al gobierno de Cataluña que denuncie a las instancias pertinentes -especialmente las europeas- el reportaje repugnante titulado «La imposiciones y perversiones del lenguaje» elaborado por la cadena pública ultranacionalista española Telemadrid por su contenido catalanofóbico. Hay límites éticos que un medio de comunicación no puede traspasar sin rebajar la profesión periodística al nivel de las heces, y el mencionado reportaje traspasa estos límites con creces. Yo mismo me sumaré a la denuncia, si el gobierno me lo pide, como parte afectada por la utilización de dos libros míos -«Señor Presidente» y «Eric y el Ejército del Fénix, la obra teatral»-, como elementos asociados al estalinismo y al nazismo. También aparece el cartel de esta obra, que fue estrenada en el Teatro Borrás de Barcelona bajo la dirección de Pere Planella, y los dos libros que Eric Bertran escribió sobre su caso personal después de que la Audiencia Nacional española (refrito del Tribunal de Orden Público franquista) le acusara de terrorismo por pedir el etiquetado en catalán.

 

El reportaje, por otra parte, debería ser incorporado en las facultades de periodismo como modelo de lo que tenemos que llamar ‘teleescòria’, que es un escalón más bajo que la telebasura. Mientras esta última suele hacer caldo de las miserias humanas para hacer negocio, la ‘teleescòria’ va más lejos y no tiene escrúpulos en mentir, manipular, en injuriar, en satanizar y en servirse de regímenes sanguinarios, como el estalinismo y el nazismo, para criminalizar a los derechos democráticos de una colectividad nacional. El reportaje, por tanto -y éste es el elemento que las facultades de periodismo pueden abordar a fondo hasta desnudarlo-, se convierte por sí mismo, imagen a imagen, palabra a palabra, entrevistado a entrevistado, en el ejemplo más ilustrativo de lo que, supuestamente, denuncia. Es decir, que, quien quiera saber a qué extremos de perversión del lenguaje puede llegar una cadena televisiva en la praxis de la catalanofobia, sólo tiene que mirar esta fétida producción de Telemadrid. Con la nariz bien tapada, eso sí.

 

Durante el reportaje, Telemadrid utiliza cortes de voz de políticos catalanes en el instante en que pronuncian las palabras «consulta», «consultarnos», «derecho a decidir» y «autodeterminación» para asociarlas al nazismo, ya que los considera eufemismos de independencia, y, claro, quien no dice abiertamente ‘independencia’ es un nazi. Esto, sin embargo, no quiere decir que Telemadrid sea enemiga de los eufemismos y amante de la independencia. En absoluto. La intención es otra. Lo que quiere Telemadrid es que los políticos catalanes dejen de emplear conceptos que son la esencia de la democracia, y ante los que España queda en falso internacionalmente, y que hablen de independencia -muchísimos catalanes también lo queremos, pero por otras razones-, para poder entrar en el cuerpo a cuerpo. Y esto no es porque la independencia no sea un concepto tan esencialmente democrático como los demás -¡es el más elemental de todos!-, sino porque España ha criminalizado esta palabra siempre que vaya asociada a Cataluña. Así, según España, la independencia de Cataluña es antidemocrática, reaccionaria, totalitaria y un montón de barbaridades más, de manera que quien la defienda, además de blasfemar, también comete herejía contra los dogmas de la España sagrada y eterna. ¿Y qué dicen estos dogmas? Pues dicen que Cataluña no es un sujeto político, dicen que los catalanes no somos nadie y que, por consiguiente, la sola pretensión de ser alguien nos convierte en nazis.

 

Finalmente, en otra muestra de perversión del lenguaje, Telemadrid habla de «imposición «de la lengua catalana, lo que es grotesco, ya que se trata de la lengua propia y nacional del país. La imposición de una lengua sólo es posible en un territorio donde no es lengua propia. Sería una imposición, por ejemplo, que el catalán pretendiera ser lengua propia en Castilla, eso sí, de la misma manera que es imposición que el castellano pretenda ser lengua propia en Cataluña. Pero un pueblo nunca puede autoimponerse su propia lengua por la sencilla razón de que sin esta lengua no existiría como pueblo.

 

Comparto las palabras del consejero de Presidencia, Francesc Homs, cuando dice que la praxis de Telemadrid «constata la baja calidad democrática del Estado español». Pero habría que saber si, además de estas palabras, el gobierno de Cataluña piensa hacer alguna otra cosa o prefiere resignarse y transmitir el mensaje de que «contra Cataluña todo vale». Estamos hablando de un hecho gravísimo que no se puede descuidar, ya que Telemadrid -que no sólo no se ha retractado, sino que se ha reafirmado- lanza en su reportaje dos mensajes complementarios repugnantes: por un lado asocia los derechos nacionales de Cataluña a unos regímenes que cometieron millones de crímenes contra la humanidad y, por otro, banaliza de manera subliminal aquel terror, dado que, sabiéndose, como se sabe, el indiscutible talante pacífico y democrático del pueblo catalán, se puede llegar a concluir que el nazismo fue un episodio bastante más insignificante de lo que dicen los libros de historia. En otras palabras, alimenta las tesis del negacionismo mediante la perversión del lenguaje.

 

 

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