Desde la disolución de la URSS y el final de la concepción bipolar de las Relaciones Internacionales, desde ciertos ámbitos de la izquierda más presuntamente ortodoxa se ha desarrollado una sistemática crítica a la reivindicación del Derecho de Autodeterminación por parte de Naciones sin estado efectivo como la nuestra. Tras la emergencia de los estados exsoviéticos y exyugoslavos han sido un sinfín los argumentos variopintos que estos minoritarios sectores ideológicos han desarrollado para negar la mayor: todos los pueblos oprimidos del mundo, ya hayan sido invadidos, ocupados, colonizados, pseudoasimilados, «integrados» o «creados», tienen derecho a decidir su futuro colectivo en libertad. Así de simple y así de radicalmente democrático.
Hace pocos días Michael Collon en una breve nota denunciaba, con razón, el doble rasero del Imperio, del Neoliberalismo globalitario, del Orden Vigente a la hora de enfrentar los legítimos procesos de libre determinación de muchas naciones sin estado, estados invadidos y ocupados o simplemente comunidades con conciencia de la propia identidad. Recordaba mediante contraposiciones básicas la doble faz del discurso neoliberal y socialdemócrata en función del conflicto en sí. Buenos y malos, demócratas versus terroristas; pueblos merecedores de toda homologación y bendición por masacrables u olvidables pueblos o comunidades, innobles e inmerecedoras de la libertad radical.
Así es, el listado es largo y se puede combinar de muchas maneras. A su lista hay muchos otros procesos que añadir o comparar. Repugna ver la avalancha de denuncias por la situación del Tibet, mientras nadie menciona el drama de los uigures del Turkestán chino o Xinquian. Anodada contemplar el beneplácito general al proceso kosovar y el manto de silencio sobre Chechenia. Indigna escuchar las loas al proceso democrático escocés versus la negación extrema a la mera existencia de Euskal Herria como Nación. Enciende asistir al nítido espectáculo que vislumbra a la más falaz de las faces de «Comunidad Internacional» repartiéndose y asimilando vilmente el Sahara del ejemplar y radicalmente democrático Polisario, de la mano de la servil «democracia» marroquí.
No es nuevo el doble rasero interpretativo y pragmático del Orden Internacional Unipolar a la hora de evaluar o actuar, no es nuevo y es realmente el eje básico sobre el que se vertebra el injusto, opresivo y criminal Orden Mundial vigente. Es radicalmente cierto que la primacía de los intereses económicos y geoestratétegicos de Corporaciones multinacionales y gobiernos a su servicio rigen y explican el 100% de las contradicciones evidenciables, y que mediante un manto hipócrita de presunta paz, justicia, Derechos Humanos, democracia y libertad, se articula un impresentable, pero vendible discurso moralizante que adoctrina a, los cada vez menos, inquietos, débil punta de lanza, de las hace tiempo narcotizadas, por el consumo vacuo y el American way of life, masas occidentales.
Pero para Collon, como anteriormente fueron Petras, Dieterich u otros ideólogos y opinadores de la presuntamente ortodoxa izquierda eurocéntrica del siglo XXI, el doble rasero es también el criterio práctico, el método, para homologar como aceptable, revolucionario y por lo tanto «defendible» un proceso de libre determinación y no otro, al igual que para los descritos «homologadores de democracia» del Imperio Internacional vigente. Son los «homologadores de izquierda».
Al margen de que El Imperio Neoliberal planetario, sus tentáculos locales o regionales en forma de multinacional, ONGD, gobierno títere, partido, guerrilla paramilitar o Institución de la «Comunidad Internacional» tenga intereses en que un pueblo o comunidad nacional se independice, como en el caso de Kosova, Timor Leste, Tibet o «los coroneles del Este del Congo» según las simples simplificaciones de Michael Collon o incluso ¡¿Israel?!; y no lo entienda del mismo modo con Palestina, Sahara o Euskal Herria , tampoco es de recibo que solo entendamos, y no siempre, aceptables o legitimables desde posiciones anticapitalistas, solo «los procesos de liberación con componente revolucionario de vanguardia».
Paradigma balcánico
Hagamos un poco de Historia. Durante los conflictos balcánicos de finales del siglo XX y la disolución de la URSS, regía un discurso permanente en ciertos círculos intelectuales: el del mantenimiento a toda costa de que el derecho de autodeterminación era un recurso solo aplicable a procesos de descolonización. Las experiencias del este europeo (además del paradigmático proceso saharaui) dejaban en evidencia dicha doctrina, ya que los procesos en los Balcanes y la URSS se legitimaban jurídicamente gracias al componente progresista de las Constituciones federales que reconocían, aunque solo fuera retóricamente, el derecho de las Repúblicas federadas a la libre determinación.
Pero al margen de recursos explicativos juridicistas, las claves causales y legitimantes se nutren claramente de un recurso superior radicalmente democrático: la voluntad popular libremente expresada en un contexto territorial histórico estable homologado.
Las variables explicativas de los conflictos a posteriori son claramente multicausales, pero aún así, las actitudes de ciertos actores exógenos siempre han sido la disculpa de los «homologadores de izquierda» para negar la mayor: el respeto a la voluntad popular al margen de intereses de terceros . Evitando los parámetros que se nutren de variables explicativas «a posteriori», ya sean los intereses exógenos de los actores del Orden Internacional, sean los intereses endógenos de las estructuras federales, sean las razones geoestratégicas o las tácticas partidarias, lo cierto es que el desarrollo de los procesos de libre determinación de finales del siglo XX han permitido la superación del discurso clásico «colonialista» y hoy, desde una perspectiva estructural, el recurso validado sigue siendo de actualidad en contextos claramente diferentes al los casos de Europa del Este como los procesos emergentes actuales de Europa Occidental.
No obstante, los conflictos yugoslavos y algunos procesos en el marco del antiguo Pacto de Varsovia han contribuido a que el Derecho de Autodeterminación en esencia se vea transgredido o manipulado desde los fines unionistas respectivos. Hoy es común, y Collon también lo hace en «su lista», incluir a los serbios de Bosnia tras el desenlace kosovar en la lista de agraviados, como los unionistas españoles incluyen a Araba como autodeterminable en el seno de un posible proceso de autodeterminación nacional de Euskal Herria, o incluso algunos extremistas del unionismo español, Ezkerraldea.
Esta es la trampa que indistintamente utilizan los unos y los otros, todos los homologadores oficiales «de algo», para confundir, neutralizar o amenazar en el seno del debate genérico de la aplicación del derecho de autodeterminación como recurso para la superación de situaciones de injusticia e imposición que sufren muchos colectivos nacionales o de identidad diferenciada.
El sujeto ejerciente del derecho de la autodeterminación puede definirse de modo estático o dinámico. La primera categoría define el sujeto de modo estático porque lo encuadra en una interpretación histórica de la territorialidad coherente con las transformaciones, pero definida por la lógica nacional vigente. Al margen de realidades administrativas o políticas impuestas, la categoría identificable como estática, se nutre de las referencias históricas y culturales teniendo en cuenta los criterios transformadores en el seno definido de esta realidad. Se basa en el reconocimiento nacional de un territorio, por cohesión cultural y son por tanto sus habitantes, todos, al margen de sus características, los que definen al sujeto activo.
Sin embargo desde una perspectiva dinámica, basada exclusivamente en las influencias sociológicas, demográficas, sin atenerse a definiciones históricas, culturales, ni territoriales, los grupos humanos pueden optar al margen de los territorios y la historia, por pertenecer al ámbito político-jurídico terceros, a pesar de la lógica territorial imperante. El sujeto activo por tanto está disperso en pequeños núcleos al margen de la coherencia territorial.
Cuando Croacia proclama su independencia sobre criterios estáticos o sea con un marco territorial y cultural definido, las minorías serbias de las Krahinas, es decir las dos Eslavonias, Banija y Krahina (Krahina significa frontera y siempre han sido zonas peligrosas por ser el eje geográfico sobre el que durante siglos se definieron las cambiantes fronteras imperiales de los diferentes Imperios que se establecieron sobre estas tierras, en las que los eslavos ortodoxos más audaces llegaron a vivir en el siglo XVI, ya que nadie quería vivir en ellas por su peligrosidad a pesar de ser muy fértiles y ricas) se autoproclaman Repúblicas serbias de las Krahinas al margen de Zagreb. Belgrado apoya a estos colectivos que sabotean el proceso croata (realmente impresentable en las formas por su componente ideológica claramente racista y ustachi) pese a su legitimidad: ¿el argumento? Las fronteras de Serbia las define la tumba del último serbio allá donde esté, según el Memorando de la Academia de Ciencias de Belgrado de 1984. Por tanto al margen de fronteras los serbios entienden que gran parte de los territorios de Croacia y Bosnia son parte de Serbia ya que existen grandes núcleos de serbios en dichas naciones, aplicando la perspectiva dinámica sobre la estática. Poco después, y visto el éxito de la jugada hacen lo mismo en Bosnia, solo que en este caso, los croatas se apuntan, y hacen la inversa y juegan desde los mismo criterios dinámicos que habían usado los serbios en las Krahinas croatas, con los croatas de Herzegovina, para sabotear el naciente estado bosnio y de paso repartirse el pastel bosnio con los panserbios de Milosevic y compañía. Pero incluso hasta aquí, aunque discutible, correcto.
El problema viene cuando por la regla de tres estática, claramente historicista y cultural, los serbios niegan la lógica dinámica o sociológica en Kosova. Es decir en Kosova el criterio es historicista (malamente manipulado) al margen de la voluntad popular, pero en las Krahinas o las república de Spska de Bosnia el criterio es claramente demográfico o sociológico. Allí valía una cosa y aquí otra. En las Krahinas y Bosnia es la voluntad popular de los que llegaron en un tiempo a aquellas tierras y en Kosova el territorio sagrado sobre el que surgió la Nación serbia y su Iglesia autocéfala es innegociable aunque solo haya un 10% de población serbia.
De ahí que siempre se utilice un criterio u otro en función de los intereses de cada discurso. En Moldavia por ejemplo, la minoría cosaca rusófona de Tradsniestria (la zona industrial de la pobre república de Moldavia) se declara independiente en 1991, y el 14 cuerpo de Ejercito ruso acude en su ayuda como «tropa de interposición»-legitimación. Allí siguen. Al margen de que entre esta zona y Rusia este ni más ni menos que la inmensa república de Ucrania, por lo que poca frontera común existe, Rusia tiene claro y lleva desde entonces enrocada en la defensa de la «independencia de Trandsniestria» una isla rusófona en un ámbito nacional latino. Pura lógica dinámica de explicación. Pero no entiende como legítimo del mismo modo el deseo checheno de independencia, «porque jurídicamente una república autonóma exsoviética no tenía el rango de una república federal, para acogerse al artículo constitucional que proclama el derecho de libre determinación de las repúblicas de la URSS», al margen de los acuerdos de paz posteriores de 1996, en los que Yeltsin reconocía el derecho checheno a autodeterminarse en 2001. Los rusos de Transdniestria sí, los chechenos no, ¿y los osetios de Georgia o los abjazos tan de moda tras la proclamación kosovar?¿No son acaso repúblicas autónomas de la República de Georgia? Pero estos si tienen derecho, no como los chechenos, porque…todo lo que sea debilitar a Georgia es de recibo.
Así es, a pesar de que ambos casos, el osetio y el abjazo, son diferentes, Rusia siempre ha jugado a intentar sabotear el desarrollo de la Transcaucásia postsoviética jugando a la carta de la mezcla de criterios para legitimar a unos u a otros en función de sus intereses geoestratégicos. Apoya a los abjazos contra Georgia cuando sabe que los chechenos por la misma regla de tres están en situación similar. Añade a la ensalada a los osetios del sur, cuyas reivindicaciones poco tienen que ver con las abjazas, ya que legaron a esas tierra hace relativamente poco tiempo y de paso enreda en Azerbaiyán, otro estado «amenaza» con los armenios del Karabaj, para tratar de evitar, como en Georgia, un desarrollo pleno de Transcaucásia. Doble rasero para el patio trasero de la «democrática» Rusia. Más o menos lo mismo que hacen los gringos y sus aliados occidentales a nivel planetario con Tibet, Palestina, Irak; en el Africa subsahariana, en Bolivia o con «la cíclica denuncia humanitaria» que toque, ya sea birmana, iraní, norcoreana y en su defecto cubano-venezolana.
Pero los chovinistas y logreros paneslavos, ya sean balcánicos o rusos, ya fueron definidos por el propio Lenin hace mucho tiempo aunque los «homologadores de izquierda» parece que no se han enterado.
¿pequeño burgueses? ¡Y qué!
La crisis interpretativa que se derivó de la falta de referencias bipolares tras el final de la Guerra Fría arrastró a muchos bienpensantes que huérfanos de una lógica sencilla basada en el bipolarismo se enredaron en la interpretación de los cambios contemporáneos. Bien es cierto que las lógicas explicativas del imperialismo siguen vigentes y son más nítidas que nunca, pero también es cierto que para muchos «unionistas de izquierda» las luchas de liberación nacional sin etiqueta u homologación siguen siendo «pequeño burguesas».
Así los pueblos heroicos que luchan por su vida colectiva en libertad, como los chechenos, por ejemplo, nunca se han ganado ni han gozado la solidaridad de nadie. Por un lado, tema muy delicado y molesto para los «homologadores de democracia» occidentales a pesar de sus intereses, que no quieren molestar demasiado a la Gran Rusia , y «pequeño burgueses islámicos» prescindibles para los «homologadores de izquierda», a pesar de que en las elecciones más democráticas habidas en el este de Europa (Chechenia es el extremo oriental europeo mal que les pese a muchos) en febrero de 1997 según la OSCE, ganó el único candidato laico con una holgada mayoría, Masjadov con el 63% de los votos. En resumen, lo que ha ocurrido: ¡qué se jodan!
Ese es el doble rasero de unos y otros. Croacia tiene derecho a la autodeterminación porque me interesa el potencial negocio adriático fraccionado, dicen unos, y no tiene derecho, por ser un partido parafascista el que «rige» el proceso, y porque además es una estrategia para destruir ¿¿»la roja»?? Yugoslavia y solo beneficia al Imperialismo. Al pueblo que le zurzan. Hoy utilizo al Tibet para pegar un suave toque a China, a Kosova, que no es Chechenia, para vacilar a Putin y mañana si te he visto no me acuerdo. ¿Qué le pasó al PNV en los 50 con los yanquis, la CIA y sus promesas? ¿Y dónde está la solidaridad internacional de los «homologadores de izquierda» hacia Euskal Herria en estos momentos tan duros? ¿Ha habido reciprocidad?
¿Los vascos? El pueblo más antiguo de Europa, que sorprendentemente sobrevive en pleno siglo XXI a su enésimo proceso de uniformización y asimilación cultural; que constituyo uno de los primeros Estados europeos y que tras siglos de resistencia mantiene viva la reivindicación de que sea tácito su reconocimiento político y respetado el deseo de sus habitantes por definir su futuro en libertad, siempre han sido una minucia «con palabra de» para unos y una «pequeñoburguesada» luchita de liberación para los que si no había un «PC de vanguardia» nada significas.
¿Qué balance hacemos de la solidaridad recíproca? ¿Qué han aportado los «libertadores» yanquis desde el 45? ¿Y la solidaridad internacionalista «de liberación»?
De entrada, miles de luchadores vascos han dado mucho en Euskal Herria y fuera de ella, ¡incluso la vida!, por los demás pueblos del mundo. Nicaragua, El Salvador, Sahara, Irak, Argentina, Palestina, Bosnia, Irlanda… Africa, Asia, América del Sur…miles de vascos y vascas han sido y son ejemplo de solidaridad internacionalista, de afecto internacional, de trabajo desinteresado, de militancia total. ¡Un pueblo tan pequeño con un corazón tan grande!
Pero, ¿y para con nuestro drama? Al margen de las muestras inestimable de unas pocas excepciones, nadie, ningún gobierno, ningún estado, ningún partido, ningún estadista ha hipotecado un mal gesto o un altercado con nuestras metrópolis como muestra de reciprocidad. Se han extraditado como moneda de cambio a vascos tanto desde la derecha como desde la izquierda. Se ha silenciado, creído las versiones oficiales, las mentiras sobre nuestro pueblo, su historia o su lucha. Sobre nuestra españolidad o identidad franca. En Estados Unidos, en Alemania o Rusia. Pero también en Nicaragua, Cuba o Venezuela. Solo juegan a caballo ganador y parece que para ellos aun tenemos carrera por delante.
Es simple. Simplemente simple: universal. Desde la izquierda radical, desde la democracia radical todos los pueblos del mundo tienen derecho al reconocimiento nacional y a la autodeterminación, y las condiciones que se impongan basadas en el doble rasero, definen claramente a quienes las utiliza, ya sea «homologador» de derechas o de izquierdas.
Aunque solos ante el peligro, como los chechenos, los uigures o los saharauis… este pueblo ha superado muchas tempestades y seguirá siempre luchando por su libertad, por la de todos, sean más o menos egoístas, más o menos rojos, más o menos guapos o feos.
PD. La única excepción que confirma la regla fue la visita que hizo Gerry Adams a Euskal Herria tras haber sido recibido por Clinton en la Casa Blanca en 1994. El resto de estadistas «ganadores» que tanto se beneficiaron de nuestra solidaridad, nunca tuvieron un gesto desde la cumbre del poder para con nuestra lucha.









