Déjenme poner algún palo en las ruedas, que hace días que no lo hago. El Estado español ha mordido fuerte en estos últimos meses. Es cierto. Hay cuatro personas en prisión, seis en el exilio, cientos de encausados… España, fiel a su historia, ha extendido el miedo entre una población que había osado abrir la puerta de la jaula. Tenemos a las entidades que habían hecho de motor del movimiento pendientes de no hacer mucho ruido y no volver a despertar a la bestia. Tenemos a los partidos -ERC y PDECat, más que Juntos por Cataluña, también hay que decirlo- calculando dónde ponen los pies para no hacer saltar ninguna alarma. Tenemos un panorama institucional que no ha cambiado en absoluto después de un otoño para recordar. Para algunos, parece que recuperar la migaja autonómica ya sería un éxito después de haber proclamado una república. Tan sólo algunas formaciones, organizaciones y dirigentes parecen dispuestos a hacer frente al Estado autoritario y cumplir el mandato democrático del 1-O.
Como ya decíamos hace unas semanas, hay dos o tres opciones a las que se puede recurrir. A) La adaptación absoluta y, por tanto, la claudicación. B) El choque abierto y el bloqueo democrático. C) El camino del medio: una adaptación con elementos de creatividad política con la idea de desbordar al Estado. Cada uno ha defendido su opción. Todas son legítimas siempre que se expliquen sin esconder nada y mirando a los ojos de aquellos que defendieron los colegios del 1-O. Mi opción es clara desde hace días. Con dudas, como todo el mundo, pero me parece que el autoritarismo se combate alzando un muro democrático y no dejando pasar ninguna de sus expresiones y abusos. Si cuando te muerden escondes la mano, la mordedura se convierte en la regla para hacerte creer.
Por las informaciones que podemos leer, parece que las formaciones mayoritarias acabarán optando por el camino del medio. Para este tipo de ‘sí, pero no’ que es hacer correr paralelamente instituciones autonómicas de régimen común y una institucionalidad privada sin estructura ni base legal pública que debe mantener el símbolo republicano desde Bélgica. Lo llaman el Consejo de la República o el Espacio Libre de Bruselas. No pongo en duda la honestidad de la reflexión que puede haber llevado a pensar que había que seguir este camino. Pero me parece que se vuelve a menospreciar la fuerza y la capacidad de resistencia del movimiento independentista. Puede que se piense que el choque democrático -lo de ‘no pasar por el aro’, que decía Elisenda Paluzie- no es el camino porque es una vía hacia la derrota. Supongo que alguien lo habrá calculado y debe haber llegado a esta conclusión. Esta no es la mía.
Temo que la salida que tomen tenga más que ver con la idea de no romper más platos, de no asumir más riesgos, que con una convicción estratégica. Y sobre todo, me da miedo que volvamos a aplicar esa vieja fórmula tan regionalista de crear ficciones políticas para esquivar una realidad complicada. Pujol sabía mucho de eso. Pero eso habíamos quedado que lo dejábamos atrás. Todo ello me recuerda la reflexión que hacía Joan Fuster sobre la víspera de la transición en el País Valenciano y que recogió bajo el título ‘Un país sin política’. Cierto, son situaciones diferentes. Y aquí se hace política. Pero tengo la impresión de que esquivamos algo que va más allá de la política, que es el ejercicio del poder. Espero que no sea que tratemos de nadar y guardar la ropa.
Vendrá un día -deseo que sea pronto- en que podamos dejar de hacer inventos y que toda esta creatividad desbordante, que ciertamente tenemos, la pongamos al servicio de una república de verdad. Entiendo y comprendo las propuestas de modernidad virtual. Es cierto que se pueden explorar nuevas formas de soberanía, de ciudadanía y de institucionalidad, sin territorios, sin nada de los vínculos antiguos. Pero ya lo dije: a ver si con tanta creatividad nos acabamos olvidando de la independencia de efectos prácticos. La independencia de los impuestos, de las pensiones, de las infraestructuras, de la lucha contra la exclusión, de la legalidad que piensa en las personas y de los servicios eficientes. Todo ello, con la solución que se propone, continuará pasando por el tamiz imposible y remojado de la autonomía española.
Insisto: habrá que hacer camino con el carro y los bueyes que tengamos (ya me perdonarán los animalistas). Quizás no tenemos más remedio que hacer esta adaptación a una realidad impuesta buscando una cuadratura del círculo que exige convertir las debilidades en virtudes y las amenazas en oportunidades. Ya he dicho que no discutía la honestidad de la propuesta. Pero me preocupa que la historia de nuestro pueblo acabe siendo la del pueblo más creativo y sonriente del mundo pero que no salió nunca de la jaula. No es necesario marcar fechas en el calendario, pero sí conviene definir objetivos claros. Y no los acabo de ver por este camino del medio. Y ahora ya saco el palo de la rueda y que todo siga girando.
VILAWEB








