La masacre navarra del 36 en el arte contemporáneo
Esta comunicación intenta interpretar la representación de la muerte como práctica estética con características específicas dentro de la iconografía del horror. En particular en la escultura de Néstor Basterretxea titulada “Como una hoz atávica y mortal” que se encuentra en el Parque de la Memoria de Sartaguda.
Inaugurado el día 10 de mayo del año 2008, el Parque de la Memoria fue creado con el propósito de dar visibilidad a la masacre de tres mil quinientos navarros durante la sublevación militar que derivó en la dictadura genocida de Franco. La obra central es un muro de 7 metros de largo y 2,5 de alto donde se recogen, en ambas caras, los nombres de las víctimas.
Además de la escultura de Néstor Basterretxea se encuentran en el Parque, la obra de José Ramón Anda “Atariaren besarkada” (puerta del abrazo) y la escultura de grandes dimensiones de Joxe Ulibarrena “Los acribillados de la santa cruzada”.
La obra de Basterretxea “Como una hoz atávica y mortal” está realizada en hierro de grandes dimensiones y consiste en un rectángulo central cuyos laterales y extremo superior evolucionan en terminaciones geométricas típicas del artista. El rectángulo central simboliza un paredón acribillado, en el centro del mismo se percibe la figura recortada de una persona de cuerpo entero con los brazos atados (símbolo de las condiciones de inermidad de las víctimas cuando van a ser fusiladas). Es precisamente esta silueta humana la representación de la masacre que intentaremos contextualizar.
Durante la edad moderna las fórmulas de representación de la masacre en Europa fueron simbolizadas en la Cacería, el Martirio y el Infierno. Luego de la Gran Guerra (1914-18) estas fórmulas entran en crisis y comienza a utilizarse la silueta humana como alternativa de representación en función de sus capacidades simbólicas de identificar a las víctimas en los genocidios. En otras palabras la silueta aparece como un recurso visual desde donde referirse al genocidio. El uso del cuerpo humano como escenario donde acontecen la tortura y la muerte es utilizado en el arte occidental luego de las experiencias traumáticas que suponen los genocidios del siglo XX.
El título seleccionado por Basterretxea define a los asesinatos por fusilamiento como un antiguo instrumento de muerte. En la obra la silueta representa el destino trágico de las víctimas, la ausencia física de los desaparecidos y la memoria de los procesos sistemáticos del terror y asesinatos masivos. De esta manera la obra de arte es una herramienta de experimentación estética pero también un efectivo vehículo de denuncia. Cabe agregar otro nivel de análisis de la representación, en su dimensión relativa a la capacidad de transmitir los efectos sociales de los campos de concentración, en particular el que funcionaba en la Fortaleza de San Cristóbal en el monte Ezkaba (donde se computan 567 víctimas). Entendiendo a los campos de concentración como un dispositivo de absorción, desaparición y olvido, podemos pensar a la obra de Basterretxea como una indagación a la sociedad, un cuestionamiento a la amnesia que el franquismo intentó instalar en Navarra, y que se nos revela –como un antiguo instrumento de muerte– a través de la continuidad de prácticas inhumanas de Tortura y Dispersión.








